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Festival Cubano de Jazz: el escenario perfecto

Los saltos más extraordinarios de la telepatía musical parecen ocurrir en lugares de reunión histórica.

El Jazz en Cuba se remonta más atrás de lo que la mayoría de la gente piensa. La esclavitud fue abolida en la isla en 1886 y muchos cubanos negros liberados emigraron a Nueva Orleans, mientras que la intervención norteamericana de 1898 en las guerras de independencia de Cuba anunciaron el inicio de una prolongada presencia de Estados Unidos en Cuba.

Las condiciones eran por lo tanto ideales para el intercambio musical mutua. Los músicos que se habían mudado a Nueva Orleans llevaron con ellos los ritmos y el estilo que ya se consideraban cubano y las incorporaron a la forma de jazz naciente, al igual que los músicos que regresan a los Estados de las vacaciones cubanas.

El punto de esta evolución musical de alta fue la chispa que encendió entre el batería cubano Luciano (Chano) Pozo - que fue finalmente disparó en un bar de Harlem - y el trompetista de jazz estadounidense Dizzy Gillespie.

La presencia de los estadounidenses no es nada nuevo en el festival anual, formalmente conocido como el Festival Internacional Jazz Plaza. De hecho, el festival sirve como el punto de cambio de músicos cubanos y norteamericanos durante las tres décadas más fértiles y consistentes. Durante años de distanciamiento política EE.UU.-Cuba, el festival fue la puerta a la Habana para artistas como Dizzy Gillespie y Max Roach, así como para los amantes del jazz de Estados Unidos.

Lo que es nuevo para el 2016 - marcando dos años desde que el presidente Obama y Raúl Castro anunciaron la reanudación de las relaciones diplomáticas entre los dos países - es un aumento de la presencia de Estados Unidos detrás de las escenas. En particular, Blue Note grupo de entretenimiento patrocinará el festival por primera vez. Red Internacional de Música de Scott Southard, quien ha sido uno de los pioneros en la presentación de los músicos cubanos en los Estados Unidos, firmó como booker internacional para el festival. Southard está trabajando en colaboración con Daniel Florestano de Montuno Producciones de Barcelona, los gerentes de Buena Vista Social Club y otros actos cubanos.

Como siempre, el festival es supervisado por el Ministerio de Cuba de Cultura y el Instituto Cubano de la Música, así como el Centro Nacional de Música Popular.

El pianista Chucho Valdés, de 75 años, ex líder de largo plazo del festival de La Habana, está de vuelta como director honorario este año en La Habana. Roberto Fonseca, un pianista de una generación más joven que ha dejado su huella en los escenarios internacionales, ha sido nombrado director honorario de la edición de Santiago.

Abel Marcel, Dayramir González y Arnaldo Lescay son algunos de los artistas cubanos emergentes programados para actuar en el festival de dos ciudad.