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Acabará la desaceleración de América Latina

La desaceleración de América Latina, iniciada en 2012, acabará este año. Luego de un inicio de año complicado, las condiciones externas e internas parecen ir mejorando en la mayoría de países latinoamericanos. Las menores dudas sobre China han favorecido una mayor calma en los mercados financieros de la región. América Latina consiguió absorber bien el Brexit y el consecuente aumento de la aversión global al riesgo, sin duda gracias a la reacción de los bancos centrales de las economías desarrolladas, que dejaron claro que harían lo necesario para atajar esa volatilidad —en el caso de la Reserva Federal, haciendo aún más gradual la senda de subida de sus tipos de interés—.

En este contexto, y a pesar de que la actividad en la región aún se ve débil, se avizora una cierta recuperación del crecimiento, especialmente hacia la segunda parte de este año. El 2016 aún será un año de ajuste, con una caída de la actividad del -0.9%, que encadenará así 5 años de desaceleración y tres de crecimiento por debajo de los países de la OCDE, algo que no se veía desde el inicio de este siglo. Con todo, la segunda mitad de este año ya mostraría un mayor dinamismo, con lo que la desaceleración regional tocaría fondo este año. El crecimiento sería de 1,8% en 2017, aún menor que el de la OCDE y que el potencial de la región —más cercano al 3%—, pero marcará un punto de inflexión, apoyado en el sector externo y, en países como Argentina, Perú y Colombia, en la inversión pública y privada. Precisamente serán estos tres países los que más crezcan el próximo año en América Latina.

Por supuesto, tendremos mucha heterogeneidad, con los países de la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú y Chile) manteniendo un crecimiento promedio alrededor del 2,7%, frente a la recesión en Brasil y Argentina este año.

Por el lado de la inflación, las noticias han sido positivas en la mayoría de países. Aunque ésta aún se mantiene por encima de los objetivos de los bancos centrales (con la excepción de México y Perú) ha venido disminuyendo en los últimos meses, por una menor presión de los tipos de cambio. La excepción han sido Colombia, Argentina y Uruguay, si bien en los dos primeros empezaría a reducirse en los próximos meses. Esto permitirá a muchos bancos centrales un sesgo más laxo de la política monetaria hacia adelante, con la importante excepción de Colombia y México: la primera aún preocupada por la inflación y el segundo siguiendo de cerca las subidas que marque la Fed.

Los riesgos alrededor de esta previsión continúan sesgados a la baja, si bien tienen ahora una menor intensidad que hace tres meses, en parte por las menores preocupaciones (pero aún relevantes) sobre la marcha de la economía china y por un mayor gradualismo por parte de la Reserva Federal. Pero no hay que olvidar que la región también enfrenta riesgos internos, derivados del proceso político en muchos países, de la baja confianza o de posibles retrasos en la inversión en infraestructura. Y, por supuesto, continua el riesgo principal de no afrontar las reformas necesarias para relanzar el crecimiento en el medio y largo plazo.

El País