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Burkini: el verdadero problema detrás de la polémica del vestido de baño

La decisión del viernes  de la justicia francesa de frenar la prohibición al uso del burkini en las playas, lejos de calmar los ánimos, dio vuelo al debate que sacude Francia tras la orden de un alcalde de vetar esta prenda de baño, imitada por otras localidades.

El Consejo de Estado, la más alta instancia administrativa francesa, determinó frenar la prohibición del uso del burkini en Villeneuve-Loubet, estimando que “en ausencia de riesgo, la emoción y los temores provocados por los atentados terroristas (...) no bastan para justificar legalmente la prohibición”. 

En la medida que este pronunciamiento abre la vía a recursos similares en otros 30 municipios que implementaron ordenanzas similares, varios alcaldes anunciaron que mantendrán sus órdenes de prohibición contra el burkini.

La alcaldía de Niza “va a seguir multando” a las mujeres que usen burkini, mientras la ordenanza local de su municipio no sea invalidada. En tanto el alcalde de extrema derecha de Fréjus, David Rachline, perteneciente al Frente Nacional, consideró que su disposición “sigue siendo válida” en su localidad, así como el edil socialista de la ciudad corsa de Sisco.

Para el Consejo de Estado, “la ordenanza en litigio constituye un atentado grave y manifiestamente ilegal contra las libertades fundamentales que son la libertad de movimiento, la libertad de conciencia y la libertad personal”. La decisión de último recurso fue celebrada por los representantes del culto musulmán y organizaciones proderechos.

Sin embargo, no ha servido para cerrar la polémica: la derecha y la extrema derecha han anunciado su intención de votar una ley que prohíba el burkini y el Primer Ministro mantuvo su postura de apoyar el veto a la prenda en cuestión.

El Consejo de Estado recordó a todos los alcaldes que han invocado el principio de laicismo que para prohibir el acceso a las playas no pueden fundarse en “otras consideraciones” distintas al orden público, “la accesibilidad a la zona de baño, la seguridad del baño, la higiene y la decencia”.

Esta decisión “de sentido común permitirá calmar la situación, que estaba marcada por una tensión muy fuerte entre nuestros compatriotas musulmanes, especialmente las mujeres”, reaccionó el secretario general del Consejo Francés de Culto Musulmán (CFCM), Abdallah Zekri.

La suspensión “creará jurisprudencia”, celebró Patrice Spinosi, abogado de la Liga de Derechos Humanos, organización que pidió al Consejo que se pronunciara sobre la cuestión. El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, expresó también su satisfacción por la decisión del Consejo de Estado.

Unas fotografías publicadas el martes por el New York Times en las que se veía a cuatro policías increpando a una mujer con velo en una playa de Niza causaron conmoción. La prensa alemana mencionó una “guerra de religión” y el alcalde de Londres, Sadiq Khan, consideró que “nadie debería dictar a las mujeres lo que deben llevar”.

Las órdenes sobre el burkini son una “prohibición discriminatoria que se funda y que nutre los prejuicios y la intolerancia”, dijo el director del programa Europa de Amnistía Internacional, John Dalhuisen.

En Francia, país que cuenta con la comunidad musulmana más importante de Europa, son regulares las controversias sobre el lugar que debe ocupar el islam en la sociedad.

A diez meses de la elección presidencial, la clase política francesa ha entrado de lleno en el enésimo debate sobre el tema. La cuestión ha sido fuente de discrepancias dentro del gobierno socialista.

Mientras que el primer ministro, Manuel Valls, apoyó las prohibiciones, la ministra de Educación, Najat Vallaud-Belkacem, declaró que “la proliferación” de esas medidas contra el burkini no era “bienvenida” y dijo que esto “libera el discurso racista”.

 

El Tiempo