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El impuesto fronterizo de Trump podría golpear a la industria automotriz estadounidense

Hay muchas razones que explican el éxito que han tenido las tres compañías automotoras más importantes de Estados Unidos, pero ninguna tiene más peso que las ventas explosivas de camionetas pick-up de cuatro puertas. General Motors, Ford Motor Company y Fiat Chrysler Automobiles dominan el segmento en el mercado estadounidense y dependen de las pick-up para obtener una porción considerable de sus ganancias en toda América del Norte.

Sin embargo, el impuesto fronterizo que propuso el presidente Donald Trump a los vehículos importados podría afectar esas ganancias, en particular para GM y Fiat Chrysler que fabrican un gran porcentaje de sus pickup en México. Ford, en cambio, hace todas sus pick-up en Estados Unidos, por lo que es muy probable que se beneficie a expensas de sus rivales.

La administración de Trump se comprometió a imponer gravámenes de hasta un 35 por ciento a los vehículos importados desde México y tal vez de cualquier otro lado del mundo, principalmente para que las empresas aumenten la producción y generen empleos en Estados Unidos.

En respuesta, las tres empresas de Detroit han anunciado planes para realizar nuevas inversiones en sus operaciones estadounidenses. Ford fue un paso más allá al cancelar la construcción de una planta de 1,6 mil millones de dólares en México que Trump había criticado en repetidas ocasiones.

No obstante, la posibilidad de que haya impuestos a las camionetas eclipsa la controversia entre el nuevo presidente determinado a expandir la economía de Estados Unidos y las automotoras que cuentan con las pick-up como una gran fuente de ingresos.

“Hay muchísimo en riesgo con un impuesto fronterizo a las camionetas”, dijo Michelle Krebs, analista de Autotrader.com, un sitio web de compra de automóviles. “Son las gallinas de los huevos de oro para Detroit”.

La venta de camionetas pick-up ha sido un componente fundamental del consistente crecimiento del mercado automotriz estadounidense, el cual impuso el año pasado un récord de casi 17,5 millones de vehículos vendidos.

La combinación entre precios bajos de la gasolina y la necesidad que tienen los negocios de remplazar camionetas viejas ha estimulado la demanda, en especial para las pick-up de cuatro puertas, de las cuales las tres empresas de Detroit fabrican más del 90 por ciento.

En enero, los tres vehículos más vendidos en el país fueron camionetas pick-up: la Ford F-150, la Chevrolet Silverado de GM y el modelo Ram de Fiat Chrysler. Las empresas tienen una ganancia estimada entre 8000 y 10.000 dólares por cada unidad vendida —en comparación con los 3000 dólares que ganan por un auto de pasajeros—, por lo que las fortunas financieras de Detroit suben o bajan debido al éxito de sus camionetas.

Sin embargo, para GM y Fiat Chrysler, gran parte de ese éxito depende de la producción de camionetas en México, donde la mano de obra es significativamente más económica que en las fábricas sindicalizadas de Estados Unidos.

Los analistas de la industria estiman que un tercio de la producción anual de las camionetas pick-up de GM proviene de su gran planta de ensamblaje ubicada en Silao, México. Y aunque Fiat Chrysler esté expandiendo su producción de camionetas en Estados Unidos, aún depende de que su fábrica de Saltillo, México, produzca del 30 al 40 por ciento de sus pick-up, aseguran los analistas. Ford, en cambio, hace sus pick-up en tres plantas de Estados Unidos.

Las automotrices no revelan los márgenes de ganancias en vehículos particulares, pero las empresas pagan menos de 10 dólares la hora a los trabajadores en México, frente a un salario sindicalizado de 29 dólares en las plantas estadounidenses. Ese diferencial hace que las camionetas mexicanas sean más rentables para GM y Fiat Chrysler que las producidas en Estados Unidos.

Hay otros costos asociados con la producción mexicana, entre ellos el envío de los vehículos por medio de trenes o de camiones a las concesionarias estadounidenses. No obstante, los costos de la mano de obra aún hacen de México una opción atractiva para que las empresas produzcan automóviles.

Un impuesto fronterizo eliminaría la ventaja en el costo y podría hacer que los fabricantes aumentaran los precios de los vehículos hechos en México.

“Posiblemente, las automotrices podrían absorber el costo de un impuesto de entre cinco y diez por ciento, pero no de uno entre el 20 y 30 por ciento”, aseguró Ron Harbour, analista automotriz que trabaja para la firma Oliver Wyman. “Es probable que tengan que pasar parte de ese costo a los consumidores”.