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El Principito traducido al huasteco

En el pueblo de San Francisco Chontla, del Estado mexicano de Veracruz, se habla una lengua prehispánica que prevalece hasta nuestros días, pero con cada vez menos fuerza: el huasteco. Desde hace casi cuatro décadas, los padres no lo enseñan a sus hijos porque temen que los discriminen, así que los más jóvenes hablan español. De continuar así, esta variante sureña del huasteco terminará por desaparecer, pues su única vía de transmisión ha sido tradicionalmente oral: nunca había sido escrita. Hasta que llegó El Principito.

La lingüista australiana Ana Kondic tiene una fervorosa atracción por las lenguas en peligro de extinción. Le preocupan los lenguajes incomprendidos, los que con la muerte de cada uno de sus hablantes se van agotando. Antes de que eso ocurra, Ana quiere codificarlos y escribirlos, para que no se pierdan del todo. Por que le gusta “la música de las lenguas diferentes”. Así fue como llegó a la huasteca veracruzana, recopiló un puñado de narraciones de sus habitantes en un libro y después, tradujo la obra maestra de Antoine de Saint- Exupéry al tének: huasteco del sureste.

“México me gustó mucho desde la primera vez que lo visité, en 2005. Decidí trabajar con esta variante del huasteco porque no es muy conocida, no había mucha gente que hubiera trabajado con esta lengua. Hablé con lingüistas mexicanos y pregunté cuál lengua necesita descripción, me aconsejaron huasteco, mixe, zoque, pero elegí la variante del sureste de huasteco, también conocido como huasteco de San Francisco, o huasteco de la sierra de Otontepec”, relata Ana Kondic a EL PAÍS.

Durante seis años (2007 a 2013) Kondic convivió con esa comunidad mexicana para conocer y estructurar su lengua. Como resultado, escribió el libro de relatos 'Narraciones del huasteco del sureste' de la editorial Trilingual. A saber de la lingüista, ese fue el primer libro escrito en esa lengua, y cuando se enteró que el Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos (CEMCA) había traducido El Principito al otomí, le pareció un buen ejemplar para imprimir otro libro en huasteco.

"Siempre me gustó ese libro, desde pequeña, y ahora que soy adulta me gusta más por su sensibilidad. Es un libro simple a primera vista, que utiliza un lenguaje sencillo para decir cosas muy profundas y filosóficas. Cada ser humano de este planeta puede entenderlo, y pensé ¿por qué no traducirlo al huasteco?", expresa Ana.

Para la traductora es un proyecto personal, nacido de su infinita curiosidad y su interés profesional por los hablantes de lenguas en peligro, por lo que su intención inicial era simplemente imprimir tres ejemplares y entregarlos a la comunidad. Pero las otras traducciones de la eterna obra del francés Antoine de Saint- Exupéry la impulsaron a hacer crecer el proyecto e imprimir 3.000 libros, con el apoyo del CEMCA [una agencia de promoción educativa del Gobierno francés] y el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas.

Ana aprendió a hablar huasteco del sureste con toda la comunidad de San Francisco Chontla, de unos 12.000 habitantes, y dos de ellos colaboraron en la traducción de El Principito: Cirila Santos y Telésforo del Ángel. Los tres trabajaron de manera voluntaria, sin percibir ningún ingreso por  el proyecto, simplemente por ayudar a preservar su lengua de alguna manera. Dedicaron tres meses a traducirlo, con sus propios conocimientos y con el consenso de la comunidad, pues en ese lugar todo se hace de esa forma.

Después de concretar este proyecto, Ana Kondic viajó a Chile en búsqueda de otra lengua en peligro de desaparecer: el tsesungún, una variante del mapugundún, hablado por los indígenas mapuches. El riesgo de 'muerte' que corre esta lengua es alarmante: sólo 25 personas en Chile la hablan, según la lingüista.

"Normalmente las lenguas se pierden porque no están escritas, si la comunidad no la escribe se pierde, o si ningún lingüista ha trabajado nunca con ellos, cuando los últimos hablantes se mueran la lengua va a desaparecer. Hay tantas lenguas en la historia de la humanidad de las que no se sabe nada… Otras ya no se practican pero hay recuerdos, hay algo escrito", argumenta Ana cuando explica su interés en las lenguas indígenas mexicanas, que ahora ya tienen dos nuevos registros escritos.

 

El País