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¿Porque 'macho' Latinoamérica ha elegido más líderes femeninos que los Estados Unidos?

En años recientes, Latinoamérica ha tenido más mujeres presidentes que cualquier otra parte del mundo. Pero durante sus triunfantes campañas electorales, ninguna de ellas tuvo que enfrentarse a una propaganda tan despectiva y sesgada, ni someterse a tanto escrutinio, como Hillary Clinton en su intento por ocupar la presidencia de los Estados Unidos.

Aunque, en efecto, la opinión pública ha cambiado y las últimas encuestas sugieren que Clinton tiene más probabilidades de ganar, hace una década tan sólo el 60% de los norteamericanos pensaban que el país estaba listo para una mujer presidente – el mismo año que Chile eligió a Michelle Bachelet como su primera mujer jefe de Estado.

En 1974, la argentina Isabel Perón fué la primera mujer en ocupar la presidencia en la región, y entre 1990 y 2014, un número récord de mujeres fueron elegidas como líderes políticos. Violeta Chamorro en 1990 en Nicaragua, Mireya Moscoso en 1999 en Panamá; Chile eligió a Bachelet en 2006 y 2014 y Argentina en 2007 y 2011 a Cristina Fernández de Kirchner, y en el 2010 Dilma Rouseff en Brasil y Laura Chinchilla en Costa Rica. Rousseff también fué reelegida en 2014.

Pero, ¿cómo es que las mujeres tengan acceso a un nivel de representación política mayor a todo el mundo, exceptuando a los países escandinavos, en una región que abarca a siete de los 10 países con mayor índice de feminicidio, notoria por su imperante machismo, en la que menos de la mitad de la población femenina cuenta con ingresos económicos?

Y ¿por qué, en una cultura como la de los Estados Unidos, las mujeres han tenido tantas dificultades en ascender en la jerarquía, mientras que en comparación, en países donde el machismo es la norma los hombres han mostrado una mentalidad más abierta?

Yo creo que detrás de cada macho hay un niño inseguro que necesita de cuidados maternos, de tal modo que en Latinoamérica, los hombres, en toda su viril gloria, no han disputado la aptitud de las mujeres para el alto cargo gubernamental.

El machismo divide a las mujeres en dos categorías: seres sexuales a ser conquistadas y poseídas, y mujeres como figuras de autoridad que personifican todo lo que es virtuoso, benévolo y digno de elogio en la naturaleza femenina. Y en la cultura latina, el arquetipo de la madre es muy poderoso. En el caso de Cristina Fernández, ella personificaba a la viuda, después de la muerte de su esposo, el otrora presidente Néstor Kirchner – una mujer que sufre, a quien los hombres deben defender y proteger. Mientras que Laura Chinchilla, quien sufrió la mayor parte de los ataques específicos a su sexo, por ser joven y atractiva, fue aceptada como la elegida gracias al apoyo del anterior presidente, Óscar Arias.

Mi teoría quizá sea discutible y no tengo modo de comprobarla: se basa en mis poderes de observación como escritora y en mi intuición femenina. No obstante lo anterior, existen otros dos factores objetivos: la extraordinaria participación de las mujeres en las luchas de las décadas de los ’70 y ’80, cuando los regímenes dictatoriales en la región fueron confrontados con levantamientos populares, conspiraciones y grupos guerrilleros.

En Nicaragua, por ejemplo, el primer grupo guerrillero en liberar una ciudad importante durante la insurrección de 1979, estuvo compuesto por completo de mujeres. Las mujeres nos unimos a las revueltas y obtuvimos experiencia en organizaciones barriales, activismo político, diplomacia y combate. Y cuando llegó la hora de construír sociedades democráticas, reclamamos nuestro lugar en los gobiernos y estructuras de poder.

Sin embargo, la tendencia aún era que las mujeres continuaran jugando los papeles tradicionales. Y es que, debido a que muchas se rehusaron a ser relegadas al estatus quo y volver a la cocina o a la práctica de la economía doméstica, ellas enfocaron su atención en organizar poderosos movimientos sociales, ONGs y organizaciones feministas. Esto da cuenta de las cuotas que han sido adoptadas por 16 países latinoamericanos, y les permitió tener una mujer por cada cuatro legisladores. Tan sólo los países nórdicos cuentan con índices más altos.

Es un gran paso tener mujeres como presidentes, pero en la estructura patriarcal del poder que todos hemos heredado, muchas veces las mujeres aún se ven obligadas a comprobar que son tan tenaces como el más tenaz de los hombres. Una presidente que desafíe el modelo masculino del poder y lo imbuya de la ética femenina de la solidaridad e igualdad verdadera, sigue en proceso de volverse una realidad. Aunque las mujeres latinoamericanas como líderes aún tienen muchos retos por delante, han logrado llegar al lugar adecuado, y ahora deben tener la audacia para apoderarse o declarar que es el momento justo.