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Trump despierta el nacionalismo en México

La visita de Donald Trump a México demostró que el candidato republicano es un improvisado que no pudo ni siquiera intentar dar una imagen de seriedad sin provocar un incidente diplomático. Pero lo más grave es que su inestabilidad mental y emocional está haciendo resucitar el nacionalismo revolucionario y el sentimiento antiestadounidense en México.

La visita de Trump a México fue errática desde el inicio.

Primero, Trump se reunió con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, y lo alabó repetidamente, mostrándose extremadamente cordial a pesar de que durante los últimos 12 meses había prometido que le hablaría durísimo al presidente mexicano. Pocas horas después, Trump regreso a Estados Unidos y hizo un discurso incendiario contra Mexico en Arizona.

Para empeorar las cosas, Trump afirmó que no había hablado con Peña Nieto sobre quién pagaría por su muro en la frontera con México. El presidente mexicano lo desmintió poco después en un mensaje de Twitter, señalando que él había dicho inequívocamente a Trump que México no pagaría por el muro, y tácitamente describiendo al candidato como un mentiroso.

Pero el resultado más visible de la visita fue que resultó en una avalancha de críticas contra Peña Nieto en México por haber invitado a Trump, y no haberle pedido una disculpa por sus insultos a México.

La mayoría de los mexicanos dicen que Peña Nieto también le dio a Trump una oportunidad de oro para salir en la foto junto con un presidente, dándole la imagen de “presidencial” que tanto busca el candidato estadounidense.

Trump es probablemente la figura más odiada en México. Sólo el 2 por ciento de los me-xicanos tienen una opinión favorable de él, según una encuesta del diario El Financiero.

Y Peña Nieto, cuya popularidad había caído ya al 25 por ciento antes de la visita de Trump, es ahora uno de los presidentes mexicanos más impopulares en la historia reciente. Hay una marcha contra el gobierno prevista para el 15 de septiembre, y varios columnistas están pidiendo la renuncia del presidente.

“No recuerdo un presidente tan débil y tan anticipadamente en su gobierno como Enrique Peña Nieto”, dijo el conocido escritor Héctor Aguilar Camín en el diario Milenio.

Una gran pregunta ahora es cuán generalizada, y cuán antiestadounidense será la creciente reacción nacionalista en México.

El candidato opositor populista para las elecciones del 2018, Andrés Manuel López Obrador, ya le está diciendo a su público que si gana, México ya no será una "colonia" de Estados Unidos, usando el mismo lenguaje de los regímenes de Venezuela y Cuba.

Eduardo R. Huchim, un co-lumnista del diario Reforma, sugirió que Peña Nieto debería decirle a Trump que, si gana, México "pondría fin a su cola-boración en materia de narcotráfico" e incluso podría revisar las inversiones y transacciones de Estados Unidos en el país.

Peña Nieto "ha desatado una ola de fervor nacionalista" en México, escribió el politólogo José Antonio Aguilar Rivera en la revista Nexos. Agregó que "las implicaciones simbólicas" de la visita de Trump incluyen "imágenes de entrega, de ceguera, enormes".

Mi opinión: La demagogia barata de Trump contra los me-xicanos, los musulmanes y otros grupos amenaza con desatar una ola mundial de antiamericanismo. Trump sería el presidente ideal para aquellos que aducen que Estados Unidos es un impe-rio racista, y que usan el "antiimperialismo" como excusa para agitar a las masas.

México tiene una larga historia de nacionalismo revolucionario, que sólo se atenuó tras el acuerdo de libre comercio de América del Norte de 1994. Generaciones de mexicanos han crecido con los libros de texto que se refieren a Texas y California como "territorios usurpados de México por Estados Unidos".

¿Puede Estados Unidos permitirse enfriar sus relaciones con México, y perder la cooperación de su vecino en materia de drogas y prevención antiterrorista? ¿O arriesgar su comercio e inversiones en México?

Con su visita a México, Trump demostró que no sólo es demagogo básico que no puede hacer una visita al exterior sin crear un incidente internacional, sino que probó también que sería una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos que podría desencadenar una reacción nacionalista antiestadounidense en la propia frontera de Estados Unidos.

El Nuevo Herald | Andres Oppenheimer