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Trump y la ofensiva de China en Latinoamérica

Una de las cosas importantes que pasaron casi inadvertidas en el calor de las elecciones de Estados Unidos en el año que termina –y que podría ser una de las grandes noticias del 2017– es la nueva ofensiva de China para aumentar su presencia en América Latina.

Mientras el presidente electo Donald J. Trump está impulsando una agenda negativa para América Latina –promete construir un muro en la frontera sur de Estados Unidos, renegociar o terminar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá, y aniquilar el Acuerdo de Asociación Transpacífico con países asiáticos y latinoamericanos– China está buscando llenar el vacío que podría dejar Estados Unidos en la región.

A mediados de noviembre, poco después de las elecciones en Estados Unidos, el presidente chino Xi Jinping visitó Ecuador, Perú y Chile. Fue la tercera visita del líder chino a América Latina desde que asumió el cargo en 2013. Xi ha visitado en tres años 10 países latinoamericanos, casi tantos como los 11 a los que ha ido el presidente Obama durante sus ocho años en el cargo.

Durante su última gira por la region, Xi entre otras cosas inauguró la mayor presa hidroeléctrica de Ecuador, construida por una firma china con préstamos chinos, y exploró nuevas inversiones en infraestructura en Perú y Chile.

A juzgar por lo que escucho de presidentes y diplomáticos latinoamericanos, Xi ve una oportunidad para incrementar la presencia de China en América Latina a pesar de la reciente disminución del comercio e inversiones bilaterales entre China y Latinoamérica.

El comercio de China con la región, que se disparó en los últimos 10 años y alcanzó su pico en 2013, disminuyó un 11 por ciento en los últimos dos años en gran parte debido a la desaceleración económica de China, según cifras de las Naciones Unidas. Sin embargo, China sigue siendo el primer o segundo socio comercial de Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay.

La ofensiva de Xi en América Latina comenzó antes de las elecciones estadounidenses. El presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski, que visitó China en septiembre en su primer viaje presidencial, me dijo después del viaje que en China “me trataron como un rey”.

Kuczynski, un ex banquero de inversiones de Wall Street, me dijo que durante su viaje habló sobre inversiones chinas en puertos peruanos, ferrocarriles y quizás carreteras, y que “volví con la impresión de que tenían un tremendo entusiasmo por llevar a cabo estos proyectos”.

Según me dicen varios diplomáticos, las continuas críticas de Trump a México, su nombramiento del crítico del TLCAN Wilbur Ross como Secretario de Comercio y el anuncio del presidente electo de que anulará el Acuerdo de Asociación Transpacífico con países asiáticos y latinoamericanos será una oportunidad de oro para China en la región.

Diego Guelar, embajador de Argentina en China, dice que en medio del actual clima antilibre comercio en Estados Unidos y el voto de Gran Bretaña por salirse de la Unión Europea, China está emergiendo como el nuevo campeón del mundo del libre comercio.

China ya tiene acuerdos de libre comercio con Chile, Perú y Costa Rica, y puede firmar nuevos acuerdos con países latinoamericanos o expandir sus negociaciones de la zona de libre comercio asiático a países latinoamericanos en un futuro cercano.

“El anuncio de Trump de que eliminará el Acuerdo de Asociación Transpacífico fue un regalo para China”, me dijo Guelar desde Beijing. “Es un regalo que China no esperaba, envuelto en una caja de Tiffany y una cinta de seda”.

Mi opinión: La mayoría de los países latinoamericanos quisieran mucho más aumentar sus vínculos económicos con Estados Unidos que con China. Esto se debe a que mientras que China compra principalmente materias primas como petróleo, minerales y soja de América Latina, cuyos precios están deprimidos y que producen relativamente pocos empleos, Estados Unidos importa más productos manufacturados de la región, que son más lucrativos y generan más y mejores empleos.

Sin embargo, si toda la oferta de Trump para América Latina se reduce a una agenda negativa –anticomercio, antiinmigración y antiacuerdos contra el cambio climatico– China llenará el vacío y ganará aún más influencia en la región.