Updated 8 months, 1 week ago

Trump y sus ‘genes autoritarios’

Una de las cosas que más me llamaron la atención cuando entrevisté recientemente al ex presidente mexicano Vicente Fox fue que parecía más preocupado por el autoritarismo de Donald Trump que por los constantes insultos a México del posible candidato del Partido Republicano.

En gran parte del mundo, Trump es visto como un tirano en potencia, y es frecuentemente comparado –injustamente, por ahora– con Adolfo Hitler o Benito Mussolini. Muchos críticos dicen que también Hitler y Mussolini eran vistos al principio como políticos excéntricos cuyas declaraciones racistas no debían ser tomadas demasiado en serio, hasta que fue demasiado tarde.

La respetada revista británica The Economist describió recientemente una potencial presidencia de Trump como “uno de los 10 mayores peligros globales”. La revista más influyente de Alemania, Der Spiegel, publicó un artículo de portada titulado Donald Trump es el hombre más peligroso del mundo.

Fox destacó repetidas veces durante nuestra entrevista que Trump muestra un flagrante desprecio por la independencia del Congreso, el sistema judicial, los medios de prensa y el estado de derecho en general.

Fox mencionó el llamado de Trump a descalificar al juez Gonzalo Curiel, nacido en Estados Unidos, por su ascendencia mexicana, así como la prohibición de cubrir su campaña a los periodistas que no le gustan, como hizo esta semana con The Washington Post, y sus propuestas de deportar a 11 millones de indocumentados, confiscar remesas familiares de los mexicanos en Estados Unidos, y muchas otras medidas drásticas, que en muchos casos requerirían la aprobación del Congreso.

Estos son apenas algunos de muchos ejemplos que prueban que Trump tiene “genes autoritarios”, dijo Fox.

“En América Latina, hemos aprendido por la vía difícil lo que son estos líderes mesiánicos. Tenemos la capacidad de ver los genes de una persona que no va a poder cambiar, porque eso lo trae adentro”, continuó. “Si alguien camina como un pato, suena como un pato y parece un pato, lo más probable es que sea un pato”.

Agregó que él mismo –en gran medida igual que Trump– fue un hombre de negocios antes de hacerse político, y que los mundos de los negocios y de la política son muy distintos.

“Pasé de empresario a político, y me tomó un buen par de años ver que no es nada parecida una situación con la otra”, continuó. “Este hombre está acostumbrado a dar órdenes autoritarias, verticales. En política no existe eso: o negocias, o buscas la conciliación, o buscas la mayoría que te respalde”.

Cuando Trump anunció esta semana que prohibiría a los reporteros del Washington Post que cubrieran su campaña, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) sonó una alarma similar. Claudio Paolillo, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa de la SIP, dijo: “Por momentos, Trump se parece a Hugo Chávez, pero hablando en inglés”.

Muchas figuras importantes del propio Partido Republicano de Trump comparten sus mismos temores, como dijimos en esta columna la semana pasada. Y, tras las temerarias declaraciones de Trump a propósito de la masacre de Orlando en que murieron 50 personas, en las que reiteró su sugerencia de prohibir a todos los musulmanes la entrada a Estados Unidos, los temores sobre la política exterior de Trumo han aumentado.

La influyente revista Foreign Policy dijo en un titular en internet del 13 de junio que “La respuesta de Donald Trump a la masacre de Orlando le hace el juego a los terroristas”.

El artículo de David Rothkopf señaló que “es difícil imaginar un aliado más efectivo del extremismo que Trump”. Agregó: “Sus palabras parecen estar diseñadas para respaldar el argumento del Estado Islámico de que Estados Unidos es intolerante, racista, y está en guerra con los pueblos del Islam”.

Mi opinión: no es correcto comparar a Trump con Hitler o Mussolini. Esas comparaciones son extremadamente especulativas, y trivializan los horrores del Holocausto de la Alemania nazi.

Pero, habiendo entrevistado a Chávez y a muchos otros líderes mesiánicos latinoamericanos, así como a Trump, estoy de acuerdo en que el aspirante presidencial republicano es –para expresarlo en las palabras de Fox– genéticamente autoritario.

Trump no va a cambiar su manera de ser a los 70 años, después de pasarse la vida mandoneando a la gente y jactándose de ello. Si camina como un pato y parece un pato, lo más probable es que sea un pato.

 El Nuevo Herald