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Una bandera indígena en Madrid reabre el debate sobre el 12 de octubre

En reuniones sociales, bares o encuentros, es relativamente habitual para un español que viva en cualquier país de América Latina escuchar —con mayor o menor seriedad, contexto y gravedad— esta expresión: “Es que ustedes, los españoles…”.

Suele responder a un lugar común que tiene que ver con la historia de la colonización y conquista de América, cuya memoria y significado se celebran, debaten y confrontan desde hace siglos con suertes y enfoques diferentes.

Ahora, coincidiendo con el 12 de octubre, día de la fiesta nacional más importante de España, el Ayuntamiento de Madrid ha irrumpido en la uniformidad implícita a ese “ustedes, los españoles”, para ponerla en cuestión.

Ayer, en pleno centro de la capital española, el Ayuntamiento colgó del balcón de la Junta del Distrito Centro de la capital una wiphala (bandera, en lengua aimara), que lleva en mosaico los colores del arcoíris, conocida en su denominación original como Qulla Suyu. La bandera, utilizada en procesiones y actividades reales por los incas y por extensión en la región andina desde hace al menos 2000 años, ha llegado a ser uno de los pabellones oficiales reconocidos hoy en Bolivia.

El concejal del Distrito Centro de Madrid, Jorge García Castaño, quien colocó la bandera en respuesta a una petición de colectivos latinoamericanos de su distrito, explica que su intención es apoyar la inclusión de las personas que viven en Madrid. “Mientras más madrileños se sientan incluidos en los símbolos de la ciudad, será más democrática”.

Según datos del propio ayuntamiento, el Distrito Centro de Madrid, con unos 150.000 habitantes, registraba en 2011 un 35 por ciento de población de origen extranjero. Diez años antes eran el 10 por ciento.

Para García Castaño la medida es pura inclusión, “igual que el día del pueblo gitano colgamos una bandera del pueblo gitano, y que cuando colgamos una bandera del orgullo gay, celebramos el Año Nuevo de Bangladés o las noches del mes de Ramadán”. Con esta medida, explica el concejal, no se retiran las banderas que la ley establece que deben ondear en los edificios públicos, ni tampoco “hay intención de juzgar ni revisar la historiografía de España”.

De hecho, añade con sorna García Castaño, “en 1492 ni siquiera existía España”. Por eso mismo, en su opinión, cualquier polémica que vincule aquel pasado con este presente es “ridícula”.

Sin embargo, la bandera de los pueblos indígenas ha desatado una airada reacción por parte de la oposición al gobierno municipal de Madrid que dirige Manuela Carmena, al frente de la coalición Ahora Madrid creada a partir de Podemos, el partido político surgido del descontento popular ante la crisis económica y la política española en 2014.

Esperanza Aguirre, líder del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid (quien ha sido Presidenta de la Comunidad de Madrid durante una década, ministra de Educación y Cultura y presidenta del senado, entre otros cargos), ha reaccionado colgando una bandera de España a lo largo de toda la fachada de la sede de su partido, y ha calificado la medida de “cosas raras”. En un tono entre jocoso y despectivo, en un vídeo difundido en redes sociales, Aguirre se ha referido a la wiphala como “esa banderita que por lo visto es la bandera indígena”.

También ha pedido a los españoles, sin demasiado éxito, que cuelguen en sus casas banderas españolas.

Begoña Villacís, portavoz en el Ayuntamiento de Madrid de Ciudadanos, un pequeño partido de centro derecha, ha pedido a las autoridades del gobierno municipal que “dejen sus complejos a un lado y respeten la fiesta de la Hispanidad”. Villacís argumentó que “no se puede cambiar ni reescribir la historia” y solicitó al gobierno municipal que “deje de dividir y de mirar al pasado”. Con ironía se preguntó: “Si lo próximo va a ser el acueducto romano, por aquello del Imperio romano, o la Mezquita de Córdoba”, en referencia a la prolongada presencia en la península ibérica de pueblos como el griego, el romano o el árabe.

Al académico y escritor peruano Julio Hevia lo sucedido en torno a la medida le sorprende.

Le sorprende el tremendo poder de reacción que ha generado algo simbólico “discursivo”; algo que cree propio de una época, de una política de apertura a los derechos y el reconocimiento de las diferencias. A Hevia le llama la atención “la capacidad de marcar territorio, de sentirse invadido y ofendido, de delimitar quién es quién” que detecta en quienes se oponen a la medida. Dice que lee “regionalismo y particularismo” en la reacción, y que esta lleva “intolerancia implícita”.

Hevia es crítico, también, con ciertos ejercicios de la memoria. Cree que en su Perú natal, sin ir más lejos, ya no es pertinente el ejercicio de la memoria histórica sobre lo que sucedió o dejó de suceder durante la colonización de América. La memoria “se diluye cada vez con mayor rapidez y referirnos a hechos tan lejanos en el tiempo no sé qué valor pueda tener para muchos jóvenes”, dice.

A fin de cuentas, dice, en América Latina, “la problemática del Viejo Continente es solo para ciertas élites, ya no tiene lugar en la agenda política”.

El 12 de octubre, día en que, en 1492, tras meses de navegación sin un destino conocido, Cristóbal Colón llegó a la isla de Guhanahaní en las Bahamas, se ha celebrado y se sigue celebrando en algunos países con la denominación de Día de la Raza.

En Venezuela o Nicaragua, los gobiernos cambiaron el nombre oficial del aniversario a Día de la Resistencia Indígena; en Argentina se cambió por Día del Respeto a la Diversidad Cultural. En Perú se celebra desde 2009 como el Día de los Pueblos Originarios y del Diálogo Intercultural. En Ecuador es Día de la Interculturalidad y la Plurinacionalidad desde 2011.

La guerra de banderas a pequeña escala que se vive hoy en Madrid tiene referentes simbólicos en América Latina. En 2004 en Venezuela llegó a retirarse de su pedestal una estatua de Cristobal Colón. En Buenos Aires, detrás de la Casa Rosada, en 2015 se retiró otra estatua del navegante y en su lugar se situó la de Juana Azurduy, una heroína boliviana-argentina.

En México, donde ya no es un día festivo, el historiador Edmundo O’Gorman dimitió como presidente de la Academia Mexicana de Historia en 1987 con el argumento de que la visión canónica que se sigue, entre otros lugares en España, del “descubrimiento de América”, el “encuentro entre dos mundos”, no es correcta. O’Gorman, ya fallecido, defendió que se trataba en realidad de “dominación” y “conquista”.

Para él se trataba, además, no solo de una invención del pensamiento occidental, sino de una casualidad histórica.

Colón nunca tuvo la intención de encontrar este continente ni supo que había llegado a América.