¿Cómo enfrentar la pobreza en Colombia?

Ha pasado casi un mes desde que el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) expuso un par de hechos reveladores sobre la pobreza en Colombia. El informe se enfocó en dos tipos de pobreza: la pobreza multidimensional y la monetaria. Mientras que la primera disminuyó, como ha ocurrido regularmente, la segunda, por primera vez en un par de años, aumentó. Los medios económicos Portafolio y Dinero mostraron preocupación por el aumento de la pobreza monetaria, pero también lo ven como una consecuencia normal de los cambios económicos latinoamericanos en 2016.

El informe mostró que, a pesar de los esfuerzos del gobierno, Colombia no es inmune a la desaceleración de la economía. 2016 fue un año de devaluación, mayor informalidad del empleo, dudosas decisiones políticas, inestabilidad geopolítica y un aumento de la inflación y de los impuestos difícil de digerir. Claramente, estas condiciones dificultaron que las personas tuvieran ingresos suficientes para vivir por encima de la línea de pobreza. Según el informe del DANE, el 28% de los colombianos está en un estado de pobreza monetaria, lo que representa un aumento del 0,2%, en comparación con el 2015. El aumento de la población en pobreza extrema es más preocupante: el 8,5% de los colombianos vive en pobreza monetaria extrema.

Los números son decepcionantes, pero, como reconocen los analistas, no son inesperados. Si bien todo lo ocurrido en 2016 no facilitó en ninguna medida el crecimiento económico, se espera –y se entiende– que el 2017 tiene una mayor probabilidad de mejorar. Eso, evidentemente, traería mayores ingresos.

Dejando de lado estas condiciones económicas –que pueden ser bastante volátiles–, el gobierno colombiano tiene la tarea de trabajar en dos frentes: la educación y la formalización del empleo. El DANE reconoce que la falta de educación básica tiene una alta incidencia en la pobreza, así como la baja afiliación a la seguridad social. Si los recursos públicos se invierten adecuadamente en estos dos aspectos, hay una buena probabilidad de que se reduzca la incertidumbre sobre los ingresos de las personas.

En cuanto a la pobreza multidimensional, la situación parece prometedora. Ya que este tipo de pobreza incluye un gran número de variables (acceso a servicios públicos, salud y condiciones de vida, cuidado de niños y jóvenes, entre otros), tener una disminución en su porcentaje significa que los programas gubernamentales funcionan bien o, al menos, adecuadamente.

Si mezclamos las tasas en pobreza monetaria y pobreza multidimensional, se puede interpretar que la economía colombiana necesita fortalecer su estructura interna. Un mercado menos dependiente, mezclado con niveles más altos de educación y formalidad laboral, protegería al país contra los altibajos de la economía.

LatinAmerican Post | Juan Sebastián Torres

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