Comer insectos: una solución contra el hambre y el cambio climático

Entienda por qué la FAO apoya esta idea poco convencional para proteger al medio ambiente y acabar el hambre

 

Comer insectos

 

Read in English: Eating insects: a solution for hunger and climate change

 

Tal vez nunca hemos considerado incluir dentro de nuestra dieta los insectos. Comer moscas, hormigas, orugas, grillos y arañas puede no sonar muy atractivo, pero la alimentación a base de insectos es una vieja tradición prehispánica en América y desde tiempos inmemoriales en algunos lugares de Asia y África.

 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, o la FAO por sus siglas en inglés, asegura que la ingesta de insectos como base de la dieta de algunas comunidades es más común de lo que se piensa en Asia, África y Latinoamérica. Se piensa que alrededor de dos mil millones de personas complementan su dieta con el consumo de proteína animal proveniente de los insectos.

 

Ousseynou Ndoye, Oficial de Programa de la FAO en Camerún, considera que “Domesticar insectos es buena idea, esto permitirá que las comunidades locales produzcan insectos y aumenten la oferta. Un incremento en la producción significaría para ellos un aumento de sus ingresos. La domesticación de insectos es un planteamiento en el que todos ganan. Los insectos se producirán de manera sostenible y al mismo tiempo, seguirán mejorando los medios de vida de las comunidades rurales”.

 

Y todos ganan porque al incrementar el número de insectos, unos se dedican a transformar la materia orgánica y los residuos en combustible o en fertilizantes orgánicos, otros como complemento dietario y algunos más como polinizadores y restauradores de suelos, mientras que las comunidades podrían incrementar sus ingresos y combatir el hambre.

 

A falta de reses, buenos son bichos

 

Natalie Devia, bióloga y entomóloga de la Universidad Nacional de Colombia asegura que “hay registros prehispánicos de algunas comunidades que basaban su dieta en el consumo de algunos insectos, pues en aquellos tiempos, los indígenas eran conscientes de que no en cualquier lugar se podían tener animales de cría”.

 

Los beneficios ambientales de reemplazar la carne roja por el consumo de insectos, podrían ser la salvación para muchas especies en el planeta, si se considera que el sector ganadero es el responsable del 51% de los cambios climáticos cuando se suman la respiración, las emisiones de metano y la destrucción de sumideros de carbono por deforestación, según datos del Banco Mundial y que la cría de animales es responsable del 30% del consumo de agua mundial y que también es responsable del 91% de la destrucción de la selva amazónica.

 

El consumo de carne roja y la cría de ganado es el actor principal del calentamiento global que origina el cambio climático y además es la causa principal del consumo de los recursos y de la degradación ambiental que azota el planeta.

 

Son claros los indicadores comparativos entre las necesidades ambientales para la cría de insectos y la de reses y cerdos. Los insectos pueden convertir dos kilogramos de alimento en un kilogramo de masa corporal, mientras que el ganado requiere ocho kilogramos para un solo kilogramo en aumento de su masa muscular. En cuanto a la producción de gases de efecto invernadero, un cerdo puede producir entre 10 y 100 veces más gas metano por cada kilogramo que la media de los insectos. Los insectos pueden alimentarse de desperdicios de comida y otros residuos orgánicos, transformarlos en fertilizantes orgánicos y al mismo tiempo convertirse en materia prima de alta calidad nutricional para la elaboración de concentrados para mascotas.

 

Nutricionalmente los insectos aventajan a la carne y al pescado, pues muchos de ellos contienen niveles elevados de ácidos grasos y son ricos en fibra y micronutrientes como cobre, hierro, magnesio, fósforo, manganeso, selenio y cinc y por supuesto, plantean un riesgo mucho menor de ser transmisores de enfermedades como la gripe aviar o la enfermedad de las vacas locas.

 

La tasa de crecimiento y reproducción es cientos de veces más alta y rápida que la de cualquier animal de granja y la actividad podría representar a nivel masivo, una solución viable a las necesidades sociales de comunidades vulnerables, pues la recolección del medio natural, la cría y el procesamiento en harinas con altos niveles de contenido proteínico representan un oportunidad a mujeres de áreas en el planeta con baja actividad económica.

 

La FAO, ha afirmado que para el 2030 “tendremos que alimentar a más de 9.000 millones de personas, además de a los miles de millones de animales que se crían anualmente con fines alimentarios”, lo cual sugiere un cambio en la estrategia de alimentación de la población mundial y buscar alternativas de reducción de los impactos generados al producir comida. De otra parte, “los factores externos como la contaminación del suelo y del agua debida a la ganadería intensiva y el sobrepastoreo están provocando la degradación de los bosques, lo que contribuye al cambio climático y a otros impactos ambientales destructivos”, agrega el informe de la FAO.

 

Latin American Post | Alberto Castaño

Copy edited by Laura Rocha Rueda

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