¿De dónde viene la tensión entre México y Venezuela?

Entienda por qué la amistad entre estos dos países latinoamericanos ha quedado atrás

¿De dónde viene la tensión entre México y Venezuela?

El 24 de noviembre, The Economist publicó un artículo sobre la próxima relación entre México y Estados Unidos, con respecto a la llegada de Trump a la presidencia en el que decía: “Pobre México tan cerca de Trump y tan lejos de un buen gobierno”. Dicha frase fue un símil a la frase que dijo Porfirio Díaz, dictador mexicano: “México tan cerca de Estados Unidos y tan lejos de Dios”. Sin duda, la primera frase tiene un impacto fundamental para poder comprender por qué México ataca sistemáticamente a Venezuela.

Desde la transición democrática en México del 2 de julio del 2000 y con la irrupción de la izquierda en años subsecuentes en los gobiernos de países del sur del continente americano como Venezuela, Brasil, Argentina, Paraguay, El Salvador, entre otros, los gobiernos mexicanos de Vicente Fox y de Felipe Calderón se olvidaron de entablar relaciones de amistad y cooperación con estos gobiernos izquierdistas en aras de mantener su relación con Estados Unidos. 

A finales del 2005, después de diversos acercamientos entre el presidente de México Vicente Fox y el presidente de Venezuela Hugo Chávez, la relación entre los dos países se fracturó debido a que Venezuela, Brasil y Argentina se opusieron al Área Libre de Comercio de las Américas (ALCA) que era patrocinado por México, Estados Unidos y Canadá. El incidente fue tan grave que el mismo Chávez llamó a Fox “cachorro del Imperio”, mientras que Fox contestó que en México “entendemos bien qué es democracia”, insinuando que en Venezuela no ocurría esto. A más de 12 años de aquel desencuentro, la tensión entre ambos países ha aumentado y se ha profundizado con la llegada del nuevo Canciller mexicano Luis Videgaray, amigo del presidente Enrique Peña Nieto y de Jared Kushner, el yerno y asesor de Donald Trump.

A partir de la disolución de la Asamblea Nacional por parte del Tribunal Supremo de justicia de Venezuela, comenzó el activismo político de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México contra el gobierno de Nicolás Maduro encabezada por Luis Videgaray. Esto, sin duda, le ha venido bien al gobierno de Peña Nieto debido a que ha sido fuertemente criticado por graves violaciones a Derechos Humanos: múltiples asesinatos a periodistas, extendida corrupción, narcoviolencia y las elecciones fraudulentas que se vivieron en el Estado de México y Coahuila, la primera ganada por Alfredo del Mazo Maza, el primo de Peña Nieto. Todo eso ha quedado en segundo plano gracias a que la atención se ha centrado en Venezuela.

Así, el Canciller mexicano ha actuado más como un defensor de los intereses geopolíticos de Norteamérica que como un funcionario de Estado. Esto se puede ver reflejado en la nula defensa que se la dado a los migrantes mexicanos, los cuales han sufrido en meses recientes por las políticas migratorias de Estados Unidos. Sin embargo, el Secretario de Relaciones Exteriores ha preferido llevar a la OEA el tema de Venezuela en lugar de tratar el tema de los mexicanos.

Sin duda, criticar las violaciones democráticas en otros países es necesario para poder crear democracias fuertes y no regresar a las dictaduras de antes. Sin embargo, un gobierno que ha sido acusado de espiar y reprimir a la disidencia, como en el caso del gobierno mexicano, no puede hablar de libertades civiles ni políticas, cuando dentro del país que representa las está exterminando.

 

Latin American Post | Leonardo Daniel Solís

Copy edited by Susana Cicchetto

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