¿Por qué la democracia parece más una ilusión que una realidad en el continente suramericano?

La amnesia latinoamericana

Nuestra América se encuentra convulsa una vez más. Se encuentra en el vaivén político y social una vez más. Desde Brasil, pasando por Venezuela, Colombia, y México, entre otros, la democracia que todavía no alcanzamos pende de hilos. Los recientes sucesos en varios países latinos nos recuerdan esos años 60 y 70 donde la mano extranjera se notaba desde cualquier punto.

O ¿será que la resaca de esos años no ha terminado? En el 2017 de acuerdo con la clase política hemos transitado a la tan anhelada democracia. Las elecciones se convierten en el festín del liberalismo, al que todos hemos sido invitados. Llegamos a la casilla, marcamos la boleta, la depositamos en la urna, salimos de la casilla y llegamos a casa y nos sentamos a esperar que ese papel marcado haga un cambio o sea el diferencial sociopolítico en nuestro respectivo país, pero nada pasa. Cambiamos de derecha a izquierda, del centro a izquierda, de izquierda a derecha, de derecha al centro, pero no pasa nada. Nos seguimos poniendo las playeras que nuestros propios impuestos pagan, aplaudimos las magnas concentraciones que pagamos con nuestro tiempo de vida, servimos de relleno para eventos donde se prometen cascadas de beneficios, pero en estos días la democracia ya no interesa.

Nos hemos olvidado por completo de que cada periodo electoral se repite el circo mediático, nos llenan de promesas huecas y se reparten canastas con alimentos pagados con nuestros propios impuestos. Cada determinado tiempo asistimos a nuestra amnesia colectiva. Tal parece que nuestra amnesia se ha convertido en un recurso para defender nuestras conciencias o bien en una táctica política de los aspirantes a gobernarnos.

Nuestra amnesia ha sido la moneda con la que apuestan los candidatos y políticos para continuar perpetuando el status quo. Hoy la política se nos presenta como una máquina que busca y encuentra la amnesia en los ciudadanos. Ya no requieren de nuestra voz, sino de nuestro olvido. Apuestan por la precariedad de nuestra organización como sociedad, apuestan por el miedo y la violencia que permea todas y cada una de las conciencias de la población. Hoy los regímenes se valen del ansia, miedo, violencia, olvido, indiferencia y apatía para gobernar. Son activos político-sociales que buscan convertirse en activos fijos del juego democrático. Hoy nuestra amnesia ha sido la causante de que nuestros países sean meros repositorios de políticas globales diseñadas en una oficina, lejos de todo y de todos.

Hoy deberíamos ser nosotros los que nos olvidemos de la clase política y recuperemos el valor de la organización. Hoy deberíamos utilizar nuestra amnesia y dejar en lo profundo del olvido a toda la clase política de nuestros países. Así nuestra amnesia se convertiría en el arma que necesitamos para volver a fundar nuestras bases desde lo más hondo de nuestras culturas, esas culturas que nos enseñaron solidaridad, unión y, sobre todo, respeto.

Latin American Post | Jaime Contreras Vázquez  

Copy edited by Susana Cicchetto

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