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La irresponsabilidad de Haddad le puede salir caro a Brasil

Bolsonaro es un discursista tóxico, homófobo y machista, pero tiene claro cómo hacerles frente a los grandes problemas de la economía brasilera

Haddad descuida la importancia de reducir la deuda pública

Bolsonaro y Haddad se enfrentan en las urnas este 27 de octubre, las últimas encuestas muestran una amplia ventaja del candidato de derecha, que se llevaría el 60% de los votos, a pesar de su discurso divisivo e intolerante. Esto no debe ser una sorpresa, incluso portando un discurso incluyente, el PT ha fracasado al no reconocer que el desencanto del pueblo brasilero viene del mal desempeño de la economía de la que tienen que vivir, algo para lo que no han planteado ninguna solución.

Read in english: Haddad neglects the importance of reducing public debt

En primer lugar, hay que reconocer que la economía brasilera tuvo en este uno de sus peores años en la historia reciente, y que este mal desempeño no sólo afecta a los inversionistas, banqueros y empresarios, afecta también al brasilero promedio.

Cómo ejemplo se puede tomar el desmedido aumento de la deuda pública, un problema que Brasil carga desde el 2006, cuándo empezó su endeudamiento, que en 2017 alcanzó a representar hasta 72.5% del PIB, casi el doble del promedio que manejan los países emergentes.

El problema de la deuda pública atañe a todos los habitantes del país, normalmente no es un tema que movilice masas, ni que encienda las pasiones del electorado, pero en el caso de Brasil es causante del desespero del trabajador brasilero con la economía que le da para vivir.

Una deuda pública desmedida trae, en primera instancia, un aumento en la desconfianza por parte de los prestamistas internacionales. Esto trae consigo problemas a la hora de financiar obras públicas que impactarían positivamente a todos los brasileros. Pero, además, obliga a los bancos a elevar las tasas de interés a causa de la baja liquidez que surge de una reducción en la inversión.

Unas altas tasas de interés dificultarán el acceso a crédito de los brasileros, lo que afectara negativamente la creación de empresas y empleos o la subsistencia en el tiempo de las mismas. Más de 2.000 empresas tuvieron que cerrar entre 2015 y 2016 según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), lo que resultó en la pérdida de 400.836 empleos. Probablemente no todos los cierres vinieron a causa de la falta de acceso a crédito y de las altas tasas de interés, pero es imposible negar la importancia de una cosa sobre la otra.

Las soluciones de Haddad son insuficientes

Fernando Haddad en sus propuestas, contempla soluciones a este problema. Al contrario, una pieza central de su agenda sería revocar la congelación al gasto público que introdujo el actual presidente Michel Temer. Su única consideración al respecto contempla planes para reducir la evasión fiscal, que de ser exitosos pueden ayudar a solventar al Estado, pero se queda lejos de ser un plan comprensivo.

Bolsonaro, por su parte, cuenta con más estrategias para enfrentar el problema. Utilizar privatizaciones y concesiones, él argumenta, podría reducir rápidamente la deuda pública en un 20%. Además, en su gobierno habría una reducción considerable en el tamaño de los ministerios y de los órganos burocráticos en general, otro paso importante para mellar la deuda pública.

A esto hay que agregarle además una reforma al sistema pensional, que introduciría un nuevo sistema de jubilación por capitalización, es decir, basada en el ahorro personal, que reduciría la presión pensional sobre el presupuesto nacional.

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Entre otras propuestas de Bolsonaro también se encuentra un plan para privatizar las cárceles, algo que seguramente ayudaría a reducir el gasto público, pero cuyo impacto podría ser marginal e intrascendente, pues Brasil es el país de Latinoamérica en el que se destina el menor porcentaje del PIB a administración de prisiones, sólo un 0,06% según cifras del BID. Además, en países como Estados Unidos, la privatización de las cárceles ha sido controversial debido a las implicaciones que puede tener a la hora de promover la encarcelación masiva con el propósito de mantenerlas rentables.

Si bien Bolsonaro ha admitido que no sabe nada de economía, estas propuestas tienen todas las marcas del que sería su consejero en esos temas, el economista Pablo Guedes. Guedes es un doctrinario de la escuela de Chicago, un neoliberal empedernido. Al neoliberalismo se le pueden hacer muchas críticas, pero nadie puede negarle su éxito a la hora de reducir el gasto público, el tamaño del estado y reducir el déficit estatal.

Si bien Bolsonaro es una amenaza a las libertades de millones de brasileros, particularmente las minorías sexuales, las mujeres y los exconvictos, su éxito en este fin de semana puede surgir de su atención a una de las preocupaciones más serias del brasilero de a píe: ¿De qué voy a vivir?

 

LatinAmerican Post | Pedro Bernal

 

* La opinión del redactor no representa la del medio

 

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