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¿Puede la crisis en Malí convertirse en la Afganistán de Francia?

La hostilidad de la Junta Militar hacia las tropas del gobierno de Francia en medio de la crisis en Malí ha creado un escenario similar al que se vivió entre Afganistán y Estados Unidos.

Habitantes de Malí cerca a un río

Foto: Wikimedia – H. Grobe

LatinAmerican Post | Yolanda González Madrid

Las relaciones entre Mali y Francia han llegado a un punto de degradación sin precedentes, tanto que todo pareciera apuntar a que la situación se convertirá en algo similar a lo sucedido entre Afganistán y Estados Unidos. Desde que la Junta Militar tomó posesión en Bamako, París ha visto cómo su poder ha ido decayendo y perdiendo influencia sobre la capital del país africano. ¿A qué se debe todo esto y en qué podría concluir?

Sumado al sentimiento antifrancés de los malienses, la expulsión del embajador francés Joël Meyer del territorio africano ha desencadenado una ola de escenarios nada favorables para Francia, todo por unas declaraciones donde cuestionaron la legitimidad de la Junta Militar que asumió el poder en Malí desde el golpe de Estado en agosto del 2020. «La situación no puede seguir así. La ruptura nos lleva a interrogarnos sobre nuestra posición en Malí», reconoció el ministro francés de Exteriores, Jean-Yves Le Drian, para el canal estatal France 2.

Por su parte, desde el punto de vista del gobierno maliense, alegan que los franceses no han mantenido buenas relaciones con ellos, principalmente por el anuncio del presidente Emmanuel Macron, varios meses atrás, de reducir sus tropas en respuesta a la decisión de los golpistas de mantenerse en el poder y no iniciar inmediatamente con la transición civil que prometieron. Ante esto, el coronel Asimi Goita también extendió su desafecto hacia otros países europeos como Dinamarca y Suecia, a quienes exigió la salida de sus respectivos contingentes de suelo africano.

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Asimismo, el ministro maliense de Exteriores, Abdoulaye Diop, respondió a las declaraciones de Le Drian donde los calificaba de “ilegítimos” e “irresponsables”. En una entrevista concedida a la televisión pública, Diop aseguró que la postura del gobierno francés creó «una situación muy difícil, porque (el embajador) no puede estar acreditado ante una autoridad que él mismo no reconoce». Sin embargo, esa guerra de declaraciones es mucho más profunda de lo que algunos piensan, y en gran parte se debe al fracaso de las tropas antiterroristas que desplegó Francia en el Sahel desde 2013.

Conflicto en Malí: el “síndrome Afganistán” latente

La victoria relámpago que tuvieron los talibanes en Afganistán el año pasado supuso un punto de inflexión en las intervenciones occidentales. La retirada de tropas estadounidenses tras varios años de conflicto generó una situación de urgencia humanitaria y de lucha contra el terrorismo que comenzó a desencadenar escenarios similares en otras latitudes. Justamente, en ese espejo se han fijado los yihadistas, principales beneficiarios de que Francia haya fracasado en su misión de estabilizar el Sahel.

A día de hoy, amplias zonas del centro y el norte de Malí se encuentran bajo el control de grupos yihadistas, por lo que el primer ministro maliense, Choguel Maïga, lamentó en declaraciones a la prensa que las tropas francesas no hayan erradicado el terrorismo en su país ni tampoco los hayan ayudado a extender su soberanía sobre todo el territorio. No obstante, todavía existe un rechazo por parte del gobierno golpista con las misiones de la Unión Europea, culpándolos de obstaculizar los esfuerzos de su ejército para acceder a ciertas zonas de su propio territorio.

De hecho, desde la Unión Europea temen que la situación en Malí se agrave al mismo nivel de lo sucedido en Afganistán. Abandonar al país africano no solo supondría el control del Sahel por parte de los terroristas yihadistas, sino también el abrirle las puertas a Rusia, quienes de una manera u otra están buscando extender su influencia sobre la zona. Incluso, la misma Junta Militar maliense ha encontrado en el gobierno de Vladimir Putin una posible alternativa a la problemática y a la falta de resultados por parte de Francia.

Si bien muchos se preocupan al pensar que el Sahel tendrá un destino similar al de Afganistán, lo cierto del caso es que resulta poco probable que el norte de Malí termine viviendo una intensidad de violencia similar o mayor. ¿Los motivos? Entre otros, Siria sigue siendo el principal territorio yihad, algo que deja al país africano en un segundo plano. Además, lo que puede aportar Malí en cuanto a demografía local como en infraestructura no es comparable con los principales territorios yihadistas.

Por lo pronto, queda esperar pacientemente por las próximas movidas en esta partida de ajedrez. Francia tiene la espalda contra la pared en Malí, y si de verdad quiere evitar un posible “síndrome Afganistán” deberá mantener sus operaciones antiterroristas en el Sahel, con la única diferencia de añadirle mayor protagonismo a las fuerzas locales.

 

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