Arte en Brasil: la ola de censura

¿Las producciones artísticas en el país realmente tienen carácter democrático y libre?

Arte en Brasil: la ola de censura

Septiembre de 2017 significó el surgimiento de una violencia simbólica y material contra el arte de protesta en Brasil. Este odio se dirige hacia los artistas que con sus piezas invitan a pensar en temas como la diversidad sexual, la violencia sexista y la pedofilia. El ejemplo más claro fue la clausura el 9 de septiembre de 2017 de El Museo Queer: Cartografía de la Diferencia en América Latina, la primera exhibición de arte queer en Brasil. Esta exposición estuvo a cargo de Gaudêncio Fidélis y se puede describir como “diversidad observada bajo los aspectos de variedad, pluralidad y diferencia”. Incluía 263 trabajos de 85 artistas entre los que se encontraban autores consagrados como Lygia Clark, Cândido Portinari y José Leonilson. La exposición se abrió a principios de agosto en el Centro Santander Cultural de Porto Alegre, Brasil.

Pese a la importancia de la exposición, un grupo de conservadores, bajo el liderazgo del Movimiento Brasil Libre, famoso por sus manifestaciones contra el gobierno de Dilma Rousseff, la desacreditaron por considerar que promovía la pedofilia, la bestialidad y la blasfemia. La presión fue tal que los directivos del museo Santander Cultural decidieron cerrar la exhibición. La justificación fue que algunas de las obras de la exposición incumplían símbolos, creencias y personas, lo que no está en línea con la visión del mundo de Santander Cultural. Se propuso que: “Cuando el arte no es capaz de generar inclusión y reflexión positiva, pierde su propósito más grande, que es elevar la condición humana.” El debate es entender a qué se referían con una “inclusión y reflexión positiva”.

Si bien existieron protestas de grupos LGBT y de la sociedad civil organizada para que se reabriera la exposición, esta se mantiene cerrada. Además, esta acción dio lugar a críticas semejantes a otras muestras artísticas. Un ejemplo es la exposición titulada Cadafalso de Alessandra Cunha, la Ropre, que se presenta en el Museo de Arte Contemporáneo de Mato Grosso del Sur desde junio y termina el 24 de septiembre de 2017. La intención de Ropre en esta presentación es criticar y mostrar las violencias del machismo, entre ellas, la pedofilia. En este caso, los conservadores argumentaron que la exposición se podía leer como una apología a la pedofilia. Hasta el momento, lo que consiguieron es que la admisión a la muestra se restringiera a las personas mayores de 18 años y confiscaron la obra que tiene el título de Pedofilia.

En ambos casos existen dos elementos claros que causan conflicto a los grupos conservadores: la alusión a ejemplos de sexualidades disidentes y la incorporación de la sexualidad infantil. En particular, la pedofilia se perfila como un calificativo eficaz para generar oposición. Pese a que estas exposiciones generan nuevas discusiones sobre temas centrales de la sexualidad humana, las críticas conservadoras en Brasil son capaces de oscurecer la verdad y de apelar a lo diferente como una razón para ocultar la realidad.

El sistema de silencio no solo desacredita las formas no conformes al modelo visible, sino que limita los nuevos entendimientos del mundo y busca impedir que nuevas generaciones imaginen formas subversivas de sexualidad. Si no se discute, ¿cómo es posible que se respete la diversidad sexual y que se solucionen las desviaciones de la sexualidad humana como la pedofilia? De manera implícita y paternal, los conservadores buscan que la diversidad sexual se de en los límites de un imaginario tradicional heterosexual machista y que las soluciones a las desviaciones sexuales se den por prácticas represivas tradicionales como la moral o la religión.

 

Latin American Post | Julio César Díaz Calderón

Copy edited by Laura Rocha Rueda

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