América Latina: antisísmica en el papel

¿Cómo están los países latinoamericanos para enfrentar un sismo?

Antisísmica

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El reciente terremoto en México, con una magnitud de 8.2 en la escala de Richter, nos muestra que el dolor y la muerte pueden reducirse si se toman las medidas correspondientes y si se estandarizan medidas de seguridad para las construcciones y las personas. México y Chile, que por su historia han demostrado una gran cantidad de sismos, han tomado nota de esta situación y se han puesto en el trabajo de reducir a la menor medida posible las cifras que trae un desastre natural, tanto en pérdida de vidas humanas como en costos de reconstrucción. Una de las principales causas de que estos desastres en América Latina tengan altos números es la vulnerabilidad del hábitat construido sin seguir criterios técnicos que le den seguridad ante terremotos u otras eventualidades de ese tipo.

Dentro de los movimientos telúricos de los últimos dos años, solo el sismo de Ecuador en 2016 sumó más de 500 víctimas. Esto aún es muy poco para incluirse a la lista de terremotos con grandes cantidades de víctimas: Saanxi, China (1556) 800.000; Haití (2010): 300.000; Tangshan, China (1976): 255.000; Sumatra, Indonesia (2004): 230.000, y Guatemala (1976): 25.000. El de México en 1985 produjo 10.000 muertos, 5.000 desaparecidos y 6.000 viviendas destruidas. Evitar una catástrofe es posible si se siguen las normas al pie de la letra, pero ¿Latinoamérica sí está preparada para un terremoto?

Chile, Colombia y Perú cuentan con reglamentación antisísmica para que las viviendas soporten terremotos de gran potencia, pero los controles a la reglamentación no son estrictos, “México es pionera en el cumplimiento de todas las normas y eso lo demuestra los bajos índices de mortalidad a causas de terremotos después de 1985” asegura Xyoli Pérez Campos directora del Servicio Sismológico Nacional del país. En Centroamérica, Guatemala, el Salvador y Honduras lideran la puesta en marcha de normas antisísmicas y han logrado llevar a cabo simulacros que involucran a la mayoría de la población con el fin de advertir los riesgos que tiene la zona.

En Bolivia no hay controles y la mayor parte de la población vive en zonas vulnerables, que además posee infraestructuras débiles que no cumplen con ningún criterio antisísmico según se reporta en el Centro Nacional de Sismología del país. En Ecuador “existen construcciones irregulares en todo el país y eso es fuente de peligro”, advierte el Instituto geofísico de Quito. Lo mismo ocurre en Venezuela donde “más de la mitad de la población vive en viviendas sin capacidad para resistir un terremoto, y más del 60% habita, a su vez, en zonas de riesgo sísmico”, advierte la Fundación Venezolana de investigaciones Sismológicas.

Charles Walker, director del Instituto Hemisférico para las Américas de la Universidad de California en Davis, e historiador de terremotos en América Latina, asegura que “Latinoamérica está en riesgo de sufrir un terremoto fuerte cada 5 a 10 años debido a la congruencia de múltiples placas tectónicas, la falla de San Andrés así como es una amenaza para la costa Oeste de Estados Unidos, América Latina tiene muchas placas que se mueven bruscamente, como es la de Nazca en Ecuador, Perú y Bolivia que genera terremotos de alta magnitud”. Para Walker, la pronunciación de normas antisísmicas no sirve de nada si no hay control en la ejecución, para este experto si no se hacen cambio en la infraestructura actual, un terremoto como el de Chile en 1960, de 9.5 en la escala de Richter, puede traer consecuencias graves para la región y para el planeta.

 

Latin American Post | Carlos Eduardo Gómez Avella

Copy edited by Laura Rocha Rueda

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