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Argentina: finalizar el colegio es la mejor forma de salir de la pobreza

Según Unicef, hay una relación directa entre terminar los estudios y no estar en condiciones de pobreza o pobreza extrema

Argentina escolarización

En la mayoría de los países latinoamericanos la importancia que se le presta a la primera infancia, en cuestión de una educación digna y ejemplar, no es siempre la mejor. Por ejemplo, en Argentina, según un informe de la Unicef, 500 mil niños no asisten a un colegio o escuela, y de los que sí lo hacen, el 26% lo abandonan. Además, de aquellos que logran asistir a una primaria y un bachillerato, entre el 15% y 17% de los estudiantes no terminan la etapa escolar de la manera más satisfactoria, pues se tardan uno o más años de los que normalmente se tarda un alumno promedio para poder concluir los últimos cursos.

Ahora bien, habría que añadirle también el descubrimiento que hizo Unicef y que detalla muy bien en su informe ‘Radiografía de la pobreza monetaria en la niñez en la Argentina’, en el cual afirma que terminar los cursos correspondientes al colegio es una de las mejores formas de salir de la pobreza. Por lo que, en correlación con los datos ya explicados anteriormente, se podría esperar que el índice de pobreza en Argentina, que ya supera el 29,7%, solo siga aumentando.

El informe, que se publicó el 07 de junio del 2017 en la página web oficial de la Unicef en Argentina, detalla que esta rigurosa conclusión se basa en el nivel escolar con el que cuentan los padres cabeza de familia. “Una niña o un niño que vive al cuidado de un jefe o jefa de hogar que no ha completado la educación primaria, tiene un nivel de pobreza monetaria 4 veces más elevado que aquel cuyo adulto a cargo tiene secundaria completa o más”, señala el informe.

Sin embargo, esta pobreza “no afecta a todas las poblaciones por igual”, teniendo en cuenta que esta pobreza monetaria se divide en dos grupos: aquellos que solo pueden cubrir, al límite, los gastos de alimentos y servicios, que se denomina pobreza, y los que solo pueden con los alimentos, que se denomina pobreza extrema. Cabe destacar, también, que la pobreza se observa en mayor medida en poblaciones como los jóvenes y las familias que son conformadas por estos como cabezas de hogar, ya que, por iniciar en un mundo laboral a tan temprana edad y no tener la oportunidad de terminar su vida escolar, no son ‘aceptables’ para las altas exigencias de un  mercado laboral cuasi experto y mucho menos profesional. Por ello, los jefes cabeza de hogar sin un nivel escolar terminan encasillándose dentro de un trabajo informal o, en el peor de los casos, entran a hacer parte del fenómeno del desempleo y el desocupe. Así, mientras que la pobreza en menores de edad y jóvenes con padres que tienen un trabajo, más o menos, formal y estable ronda entre el 47,7%, la cifra aumenta, según el informe de la Unicef, “a 85% cuando los chicos residen en un hogar cuyo jefe o jefa está desocupado, y al 65% cuando es un asalariado informal”.

No obstante, también hay que acentuar las estrategias del gobierno argentino para contrarrestar este tipo de fenómenos sociales por medio de programas como el ‘Plan Fines’ que apoya a personas mayores de 18 años para que estos terminen los estudios primarios y/o secundarios, con el apoyo del Ministerio de Educación de este país. Perecería ser que sí existe una relación directa entre el desarrollo económico de un niño y el nivel de escolaridad con el que cuentan sus padres, así como las oportunidades con las que los menores pueden optar a repetir o no los pasos de sus progenitores.

 

Latin American Post | Christopher Ramírez Hernández

Copy edited by Laura Rocha Rueda

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