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Presidentes de México...¿espías de Estados Unidos?

Los archivos sobre el asesinato de John F. Kennedy involucran directamente a tres presidentes mexicanos

Presidentes de México...¿espías de Estados Unidos?

A casi tres décadas del fin de la Guerra Fría, los archivos desclasificados sobre el asesinato de John F. Kennedy han revelado distintos secretos. Recientemente se descubrieron pruebas sobre cómo la punta de la pirámide del poder político en México durante la época autoritaria y de partido hegemónico en el país, fue utilizada como parte de un entramado de espionaje dirigido por la Agencia Central de Inteligencia Estadounidense (CIA). A pesar de que para muchos se tratara de un rumor lejano, una teoría de la conspiración, esta serie de documentos desclasificados han sido analizados por periodistas como Manuel Hernández, Raymundo Riva Palacio o Víctor Hugo Michel, quienes han desentrañado los detalles acerca de cómo algunos exmandatarios mexicanos fueron utilizados por la CIA como parte de una compleja red de espionaje que llegó hasta los más altos niveles del Estado mexicano.

Los documentos revelan que, desde la Ciudad de México, por lo menos tres presidentes fueron reclutados como informantes para reportar información privilegiada y estratégica a Washington. La información permaneció clasificada durante los años noventa, por temor a que su impacto provocara la caída del presidente Ernesto Zedillo Ponce de León. El juez federal John R. Tunheim, titular del Panel de Revisión de los archivos del asesinato de Kennedy, aseguró que este fue el argumento utilizado por la CIA y el Departamento de Estado para mantener los archivos apartados de la luz pública. Sin embargo, aunque el presidente Donald Trump reiteró que la opinión pública merece tener mayor información sobre el magnicidio, por lo que resulta pertinente desclasificar los documentos, la tarea no ha sido llevada a cabo en su totalidad. Se acordó retener temporalmente algunos documentos para ser revisados, publicando finalmente 2,891 de 3,10 expedientes en línea en el sitio de los Archivos Nacionales estadounidenses. A 50 años del polémico asesinato de expresidente en Dallas, Trump concedió seis meses para exponer razones de peso que justifiquen por qué algunos documentos deberían de mantenerse clasificados, luego de que en 1992 se acordó, en sintonía con una ley del Congreso, que los archivos nacionales serían publicados en su totalidad 25 años después.

En este sentido, a pesar de que los documentos finalmente publicados representan menos del uno por ciento del total –más de 30 mil–, éstos revelan que Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, quienes aparecen bajo el seudónimo LITENSOR, LITEMPO 2 y LITEMPO 8, respectivamente, colaboraron directamente con el polémico jefe de la CIA, Winston Scott. Este último dirigió un equipo del cual formaron parte algunos de los mejores cuadros de la CIA, tales como Thomas Mann, embajador de Estados Unidos en México en la época y un individuo que fue clave para provocar el derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala, en 1954; o el especialista en propaganda David Atlee, cuyas tácticas fueron utilizadas para propiciar el golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, el 11 de septiembre de 1973, entre otros.

A pesar de que es bien conocido que México, dado su cercanía geográfica con Estados Unidos, fue una pieza fundamental durante el contexto geopolítico de la Guerra Fría, conocer oficialmente la subordinación del propio presidente de la república a la CIA ha cambiado la historia contemporánea del país. De ahí que, naturalmente la pregunta que surge a día de hoy es, si la desclasificación de determinados archivos y el resguardo de otros fue un proceso revisado por CIA y el FBI, debido a que existe información relacionada con los informantes y su participación en las investigaciones, ¿qué acontecimientos de importancia para México siguen permaneciendo ocultos, clasificados por razones legales, de seguridad y política exterior, como afirmó Trump?

 

Latin American Post | Cristian Márquez Romo

Copy edited by Santiago Gómez Hernández