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Jair Bolsonaro: ¿en camino a una dictadura militar en Brasil?

Jair Bolsonaro está causando preocupación en los brasileños debido a sus frases homofóbicas, misóginas y racistas

Jair Bolsonaro

“Los artistas merecen ser fusilados", "las mujeres deben ganar menos porque se quedan embarazadas", "el error de la dictadura fue torturar y no matar", "sería incapaz de querer a un hijo gay, prefiero que se muera en un accidente", "los negros no sirven ni para procrear”. Aunque cueste creerlo, las anteriores no son palabras demagogas de mediados del siglo XX., démosle la bienvenida al Brasil del siglo XXI. Estas son declaraciones que ha hecho en plena etapa electoral Jair Bolsonaro, un candidato a presidente con 20% de intención de voto, quien alardea de su homofobia al son de los gritos de sus seguidores.

Bolsonaro es un ex militar paracaidista de 62 años y con más de dos décadas como diputado Federal por Rio de Janeiro. Este pintoresco líder ha irrumpido en la arena política brasileña, aprovechando la aun aguda crisis política y económica en el gigante sudamericano. Él fue el diputado más botado en 2015 con 460 mil votos, defiende las ejecuciones extrajudiciales, la venta libre de armas y la tortura a delincuentes comunes.  

En un país harto de la corrupción (Lava Jato, Mensalão, Odebrecht, etc), Bolsonaro ha encontrado el caldo de cultivo perfecto para promover su agenda racista, misógina y nostálgica de dictaduras militares. Sus números en redes sociales son dignos de cualquier  estrella pop: 678 mil seguidores en Instagram, 751 mil en Twitter y casi 5 millones en Facebook.

Aunque aún resta poco menos de un año para las elecciones presidenciales, su meteórico ascenso en las encuestas ha hecho sonar las alarmas en los círculos políticos brasileños. El único político que lo aventaja es el ya conocido Ex presidente Luis Ignacio Lula Da silva, quien inmerso en diversos procesos judiciales por corrupción, tiene en duda su participación en dichos comicios.

Inteligentemente, Bolsonaro ha logrado capitalizar el odio que muchos brasileños blancos y de clase socio económica media-alta sienten por Lula y el Partido de los Trabajadores. Por otro lado, su frase: “el mejor delincuente es el delincuente muerto”, ha calado en la mente de todo ciudadano (rico o pobre) cansado de más de 60 mil asesinatos al año.

Sus controvertidas frases y exposición mediática, hacen inevitables la comparación con el presidente de los Estados Unidos Donald Trump (un reflejo que Bolsonaro no se ha molestado en ocultar). Al igual que Trump, acusa a los medios de comunicación de desacreditarlo injustamente y su desprecio por las instituciones es latente: “No serán la prensa, ni el Tribunal Supremo, quienes van a decirme cuáles son mis límites”.

Sin embargo, diversos analistas no dudan en afirmar que cualquier comparación se queda corta. Algunos de sus exabruptos han pasado ya al plano legal. Fue condenado a indemnizar a su colega parlamentaria María do Rosario de quien dijo no la violaría porque no se lo merecía por fea. 

Para Enrique Gomes Batista, corresponsal en Washington del diario Brasileño O Globo, Bolsonaro sería más un “Duterte Brasileño”. En declaraciones al medio de comunicación colombiano NTN24 afirmó: “Bolsonaro no es sólo antiestablishment. También defiende la pena de muerte, está en contra de los homosexuales y ha dicho que lo mejor para un país es un gobierno militar. Es un personaje muy polémico que puede empeorar la situación política en Brasil y crear problemas sociales más profundos”

Otro veneno para Brasil

En el Brasil del 2018, algunas redes sociales ya gritan: “quemen a la bruja”, intentando dilapidar a la filósofa feminista Judith Butler. Gaudêncio Fidelis, reconocido artista brasileño, ha sido tachado de delincuente y pedófilo, por exponer obras que invitaban a reflexionar sobre el papel del sexo en la sociedad. Sobre Fidelis recae ahora una orden de comparecencia ante el senado brasileño por supuestos malos tratos a menores.

No sólo son las antiguas maquinarias políticas. Los encargados de movilizar las redes sociales en este sentido han sido los veinteañeros del Movimiento Brasil Livre (MBL). Conocidos por pedir airadamente la destitución de la expresidente Dilma Rouseff, representaban las ansias de liberalismo económico y rechazo a la corrupción. Ahora, su habilidad radica en difundir  campañas contra periodistas, artistas y profesores acusados de comunistas.

El fenómeno Bolsonaro es visible aquí. Un 60% de su electorado cuenta con menos de 34 años y sin haber vivido la represión de la dictadura, legitiman hechos y declaraciones propias de dicha época.

Aunque Bolsonaro tiene un porcentaje de rechazo de hasta 33%, y otra gran parte de población brasileña apoya leyes progresistas, el surgimiento de grupos de extrema derecha,  simpatizantes de gobiernos populistas, es un hecho palpable. No sólo acontece en Brasil, sin ir más lejos tenemos a Colombia con el Centro Democrático, Alemania con Alternativa por Alemania (partido político islamófobo y antinmigración), Frente Nacional en Francia o la Liga del Norte en Italia.

Varios analistas coinciden en afirmar que la candidatura de Bolsonaro es inviable. Cuando tenga que enfrentarse a adversarios políticos, debatiendo leyes e ideas serias, su impulso se desinflará. Ya han comenzado a circular posibles alternativas: desde el alcalde de Sao Paulo, Joao Doria –quien propuso una coalición de centro para enfrentar tanto a Lula como a Bolsonaro–, hasta el conocido juez Sergio Moro, responsable de la operación Lava Jato. Sin embargo, la lección Trump no se olvida; retumba.

En circunstancias políticas locales y globales normales, Bolsonaro sería un personaje caricaturesco. Pero nada es normal en Brasil: pobreza, corrupción, violencia y promesas de grandeza incumplidas. Aunque Brasil es muchísimo más que esto, si Trump pudo ascender en unos Estados Unidos encarrilados por Obama, ¿Por qué Bolsonaro no lo lograría en el Brasil Convulso actual?

Latin American Post | Santiago Builes Naranjo

Copy edited by Santiago Gómez Hernández

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