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Adultos mayores, huérfanos en Venezuela

En el país de América Latina la merma en la calidad de vida se ha convertido en una dura realidad para los ancianos quienes sobreviven en medio de la crisis

Adultos mayores, huérfanos en Venezuela

La Constitución de Venezuela, en su artículo 80, establece que el Estado debe respetar la dignidad de los adultos mayores y garantizarles la atención integral, la seguridad social y su derecho a un trabajo digno y acorde a sus edades. Este mandato, ley máxima,  establecido en la Carta Magna del país se ha convertido en letra muerta. 

Según el Índice Global de Envejecimiento, Venezuela ocupa el puesto 76 en una clasificación de 96 entre los peores países para envejecer, en relación a la seguridad de ingresos, salud, entorno favorable y competencias.

En la nación suramericana la cifra de adultos mayores supera los 3 millones, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Pese a que el país estaría envejeciendo sostenidamente el Estado no cuenta con un plan nacional de envejecimiento que garantice una atención integral que vaya más allá de la pensión mensual asignada a estos abuelos y abuelas quienes deben sobrevivir con 392 mil 646 bolívares al mes ( uno 15 dólares) en un país en donde la hiperinflación no perdona la edad. 

Al cierre de 2017 el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció que las pensiones venezolanas suman un total de 201.049 personas. Cantidad de ancianos que hoy deben enfrentar la realidad de comprar alimentos, medicinas, servicios y tantos gastos más con tan solo 15 dólares al mes. 

Luis Francisco Cabezas, experto en el tema de derechos sociales con especial énfasis en los adultos mayores ha señalado que existen tres problemas fundamentales que afectan a los adultos mayores: desabastecimiento de alimentos, dificultad para adquirir medicinas y soledad.

Un estudio presentado por Convite en diciembre de 2017 –que se encarga de resguardar los derechos sociales y visibilizar las violaciones de garantías fundamentales de personas o grupos vulnerados, como la tercera edad– indica que los adultos mayores estaban perdiendo 1,3 kilos mensualmente.

La falta de medicamentos es otro factor preocupante: de acuerdo con el registro que levantó la organización el año pasado –con 5 ciudades y 160 farmacias como muestra–, existe entre 88% y 95% de desabastecimiento de tratamientos para hipertensos y diabéticos. En caso de encontrar el fármaco requerido, el alto costo impide comprarlo: un blíster de 10 pastillas contra la hipertensión puede valer  200.000 bolívares, más de la mitad de la pensión que cobra.

La soledad es otro de los males que aqueja a los ancianos de este país suramericano, se han convertido en víctimas de la migración de famlias enteras. Las cifras revelan que más de 4 millones de personas han salido de Venezuela para escapar de la realidad que hoy en esa nación se vive. Es la población adulta la que se está quedando sola. 

Los adultos mayores tampoco se escapan de la violencia, cifras documentadas por Convite en 2017 mostraron que entre enero de 2016 y marzo de 2017 fueron asesinados 276 adultos mayores (personas de 60 años o más), entre los que figuran 208 hombres, 66 mujeres y 2 sin identificar.

Por otra parte,  172 ancianos murieron de forma violenta, como arrollamientos, escasez de alimentos y medicinas, suicidio o negligencia médica.

Algo es cierto, los adultos mayores no escapan de los efectos de la crisis que atraviesa Venezuela. 

La seguridad social es una garantía consagrada en la Declaración Universal de Derechos Humanos, pero su cumplimiento es una  obligación pendiente para el Gobierno venezolano. 

Hoy en este país rico en petróleo y recursos naturales, con una de las mayores reservas de agua  el promedio de vida de un venezolano es de 75 años. La baja calidad nutricional, la ausencia de atención geriátrica, la carestía de medicinas, la pérdida del derecho a la recreación y la necesidad de sobrevivir día a día se han convertido en la pesada carga de un anciano en Venezuela, quienes se han convertido en los huérfanos. 

 

Latin American Post | Yeimy Marian 

Copy edited by Susana Cicchetto