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En realidad no es coca lo que se consume, es cemento y gasolina

Según el The PubChem Project, “las hojas tan solo contienen el 1% total de la cocaína”

En realidad no es coca lo que se consume, es cemento y gasolina

Harina, cremas, jarabes, infusiones, pomadas y analgésicos son algunos de los productos derivados de la hoja de coca. Aquella planta tradicional que masticaban los Incas para quitar el sueño, soportar el hambre, darles fuerza para trabajar y combatir los efectos de la altura, ahora es procesada para ser una de las drogas más consumidas en el mundo. Según New Zealand Drug Foundation, después del cannabis, la cocaína es la droga más común mostrada en las películas. Sin embargo, para poder llegar a ser el polvo blanco al que las películas de Hollywood nos acostumbraron a ver, hay un proceso químico en el cual se recogen las hojas, se pican y se dejan fermentar.

Es en este paso donde las propiedades de la hoja de coca pierden su concentración. Según el The PubChem Project, “las hojas tan solo contienen el 1% total de la cocaína”. Después de la fermentación se le añade cal o cemento, se mezcla con gasolina y se deja reposar. Para lograr la pasta base, explica el portal ¡Pacifista!, se filtra la mezcla con ácido sulfúrico y amoniaco y por último se evapora el agua. Después, se diluye en aceite y ácido clorhídrico, de ahí sale la cocaína pura que se prensa en ladrillos los cuales se meten en el horno microondas por 8 minutos para después secarla, empaquetarla, sellarla al vacío y venderla.

Sin embargo, el proceso de alteración no para ahí. Una vez la droga llega a manos de los dealers, estos siguen manipulando el producto. Al ser tan costoso necesitan sacar máximo provecho y, de acuerdo con el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas, los distribuidores pueden mezclar la cocaína pura con almidón de maíz, polvo de talco, bicarbonato de sodio o harina. Otros dealers agregan diferentes drogas como procaína (derivado de la cocaína) o anfetamina. En este punto, el nivel de pureza de la droga puede llegar a ser de un 10% o de 40%.

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Este cuestionable proceso no deja que alrededor de 17 millones de personas consumieran cocaína en 2014, según el Informe mundial sobre las drogas del 2017 de la Oficina de la Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés). Debido a sus compuestos químicos, con tan solo una línea de cocaína se puede llegar a sentir felicidad y energía extrema, hipersensibilidad en la vista, el sonido y el olfato, paranoia e incluso irritabilidad. Pero sus efectos tienden a durar sólo unos minutos o inclusive una hora, por lo que la necesidad de volver a consumir se torna más fuerte, lo que conlleva a una grave adicción.

Así es como entonces, lo que alguna vez fue una planta sagrada que adoraron los indígenas y fue utilizada como ofrenda para la Pachamama, hoy en día sufre un proceso de transformación donde químicos e hidrocarburos opacan sus cualidades ancestrales.

 

LatinAmerican Post | Laura Viviana Guevara Muñoz

Copy edited by Diana Rojas Leal