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Cuenta regresiva para los Óscar: BlacKkKlansman

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Tal vez sea este el año en el que Spike Lee se lleve por fin su tan merecido Óscar. Estos son algunos apuntes sobre su última película: BlacKkKlansman

Cuenta regresiva para los Óscar: BlacKkKlansman

BlacKkKlansman es la última película de Spike Lee. Este director es conocido por hacer cine de reivindicación afroamericana que denuncia el racismo. Está interesado en la historia negra de Estados Unidos y en su influencia en la cultura de este país. No ha ganado nunca un Óscar, pero en 2016 le dieron un galardón honorífico por su carrera en la industria. Este año vuelve con esta película que está nominada en tres categorías: Mejor Guión Adaptado, Mejor Director y Mejor Película.

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La comedia como misión encubierta

El protagonista de BlacKkKlansman es Ron, el primer policía negro de Colorado Springs. Ambientada en 1979, esta película cuenta cómo Ron y su compañero Flip, judío, crean entre los dos un personaje que se infiltrará en el Ku Klux Klan local para desmantelar la organización desde dentro y combatir con esto el racismo sistemático. Por ser un policía negro que intenta infiltrarse en una organización que odia a los negros, Ron se ve enfrentado a un montón de situaciones graciosas en medio de su misión. Sin embargo, esta comedia está muy lejos de ser ligera. Muy al estilo de Lee, esta cinta logra sacarnos risas a la vez que lágrimas mientras nos va mostrando cómo Flip y Ron se hacen amigos en la misión y cómo, en el juego de ser ambos la misma persona, se acercan y empatizan con el otro. Flip, además, se va involucrando poco a poco y tomándose personal la misión al entender que aunque él sea blanco, esta problemática también lo afecta a él, pues se ve enfrentado a su condición de judío y a la situación de tener que negarlo. 

Además, la cinta no usa el género cómico para aligerar la problemática de la que trata sino para burlarse y cuestionar las dinámicas de poder. Lejos de ser ingenua, BlacKkKlansman complejiza el dilema en el que Ron se ve envuelto entre ser policía y ser un hombre negro víctima del racismo sistemático que se encuentra incluso en el corazón de la insitución en la que trabaja. Así, a las escenas graciosas en las que vemos a Ron hablando por teléfono con miembros del Klan diciendo que odia a los negros, se suman las otras en las que debe defender entre sus hermanos y hermanas de las panteras negras a la policía aun cuando sabe que es una institución racista. Estas contradicciones que llevan a un absurdo gracioso, al tiempo están complejizando la situación en la que se encuentra Ron. 

Hay tres misiones encubiertas en la película: 1) la obvia: Ron se infiltra en el Klan; 2) la que Ron hace sin darse cuenta: ser un hombre negro infiltrado en la policía, la segunda institución más racista después del Klan, para combatirla desde dentro; 3) por último, la película misma es una infiltrada entre el público: está disfrazada de comedia y nos desarma con sus chistes para al final obligarnos a hacernos cargo de la incómoda verdad: que este no es un fenómeno de 1979 sino de la actualidad.

La comedia es, entonces, un instrumento para incomodar al poder. Esto se ve, como ya se dijo, en las contradicciones del personaje, que, por cierto, son tensiones que la película no pretende resolver sino dejar sobre la mesa, y también en la ridiculización de los miembros del Klan. Spike Lee logra con un agudo a la vez que sencillo sentido del humor burlarse de todos los personajes racistas de la película. Dentro del Ku Klux Klan hay personajes de todas las maneras ridículos: el paranóico, el lento, el ingenuo, la absurdamente apasionada y, más que todo, el líder: el personaje de David Duke, interpretado por Topher Grace, que es un chiste de principio a fin y es al que más engañado tienen los agentes de policía. Al final, Duke es completamente ridiculizado al tener que posar con un agente de policía negro encargado de su seguridad y al enterarse de que ha hablado todo el tiempo con un negro y un judío, pues no fue capaz de reconocer a ninguno de los dos aun cuando los tuvo en frente. Esto pone en evidencia lo absurdo del racismo y del antisemitismo: David Duke no es capaz de reconocer a esos a quienes tanto odia porque al final no somos tan diferentes. El personaje de Duke es tan caricaturesco como Donald Trump y la película logra hacer este paralelo sobretodo en el epílogo, al que ya llegaremos.

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La lucha sin salida

Al tiempo que Ron lleva a cabo su misión, se va enamorando de Patrice, una apasionada activista por los derechos civiles que es presidenta de la Asciación de Estudiantes Afroamericanos. Luego de salir de una reunión de las panteras negras, Ron y Patrice se van de fiesta y bailan. Esta escena está grabada en slow motion, fuerte contraste con el resto de la película, que tiene saltos bruscos y está contada con rapidez. La cinta se detiene en la escena de la fiesta para mostrar esta otra cara de la lucha. Se verá también más adelante en las conversaciones entre Ron y Patrice, en las que ella no puede parar de hablar de política y le muestra a él cómo todos los aspectos de la vida (el baile, el enamoramiento, el cine) tienen que ver con la lucha por la liberación negra. Así, incluso la fiesta, el baile y las amistades son gestos políticos y de compasión. No hay un afuera de la lucha.

[¡Alerta de spoiler!] La película termina con un epílogo que se compone de imágenes de archivo de las marchas en Charlottesville en el 2017, de discursos del David Duke real y de Donald Trump. Con este gesto, Spike Lee no solo hace un paralelo entre el presidente de Estados Unidos y el ridículo personaje de Duke, sino también nos muestra cómo esto de lo que acabamos de reírnos no es algo del pasado, sino algo de lo que tenemos que hacernos cargo aquí y ahora, pues, de nuevo, no estamos afuera del racismo ni de la lucha por la igualdad ni siquiera cuando nos sentamos a ver una película. 

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LatinAmerican Post | Juliana Rodriguez Pabón

Copy edited by Juan Gabriel Bocanegra

 

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