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Colombia y guerra: una relación que no termina

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La 'mano dura', manchada de guerra, es un atractivo social que gusta en la población colombiana, cosa que volvió a aumentar al término de las negociaciones con el ELN

Colombia y guerra: una relación que no termina

No cabe duda que, en este mundo, Colombia no puede vivir sin la guerra. Sin importar los avances y cambios alcanzados con los Acuerdos de Paz entre el Ejecutivo colombiano y la exguerrilla de las FARC, los colombianos aún siguen inclinándose por los actos bélicos que por los diálogos y acciones humanitarias.

Read in english: Colombia and war: a never ending relationship

Esta tesis se puede argumentar con los niveles de aprobación del presidente Iván Duque en el país.

A finales del 2018, titulares como “Iván Duque: imagen en caída libre” se hacían cada vez más virales, debido a los altos niveles de desaprobación que tenía el mandatario de Colombia. Factores como la actitud frente a las movilizaciones estudiantiles, aumento del sueldo mínimo, la llamada Ley de Financiamiento, que no es otra cosa que una Reforma Tributaria (más impuestos), así como la corrupción en el país, son los que afectaron de forma negativa la imagen del gobernante. 

De acuerdo con encuestas como Datexco, Polimétrico e Invamer, ante la pregunta “¿usted aprueba o desaprueba la manera como el presidente Iván Duque Márquez está manejando el país?”, el nivel de aprobación no superaba el 30%, lo que dejaba sobre la mesa un sorprendente 70% de desaprobación, en tan solo 100 días desde que Duque asumió la presidencia de Colombia, el 7 de agosto.

Además, en temas específicos, la desfavorabilidad del presidente alcanzó, incluso, un poco más del 75%, por ejemplo, en el manejo que se estaba haciendo de la educación, así como en la salud.

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"Sí" a las políticas de guerra

Ahora bien, tal parece que el atentado ocurrido el pasado 17 de enero, en la Escuela de cadetes de la Policía General Santander, que dejó un registro de 21 muertos instantáneos y un poco más de 60 heridos, representó un reinicio en el mandato de Duque y una limpieza de su imagen ante gran parte del país.

Desde el momento en el que ocurrieron los hechos hasta el día de hoy, Iván Duque ha mostrado su rechazó para este tipo de actos terroristas y a los grupos al margen de la ley que enlutan a Colombia por medio de estos hechos.

“Rechazamos el uso del terrorismo como chantaje, y el uso de la violencia como mecanismo de presión a la sociedad. No nos doblegaremos jamás”, dijo el gobernante en medio de la Eucaristía que se desarrolló en la Catedral Primada de Bogotá, en honor a las víctimas del fatídico suceso.

Sin embargo, Duque no solo se mostró indignado ante este atentado, sino que desde el primer momento tomó cartas en el asunto y, sin dudarlo dos veces, canceló la suspensión de las órdenes de captura a 10 de los miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla que se adjudicó la organización y ejecución del carro bomba que estalló en la General Santander.

Esta medida no significó otra cosa más que el fin de las negociaciones de paz entre el Gobierno colombiano y el ELN, mismas que habían iniciado durante el mandato del expresidente Juan Manuel Santos y que no habían dado mayores frutos con Duque. Es decir, el atentado en la escuela de la Policía fue la gota que rebasó la copa y que terminó por acabar las pocas posibilidades de diálogo entre el gobierno Duque y la guerrilla.

"Plomo es lo que hay, plomo es lo que viene”

Con todo esto, se revelaron las verdaderas intenciones de gran parte de la población colombiana, la cual, después de las medidas del Ejecutivo en contra del ELN, empezó a ver a Duque con otros ojos. De acuerdo con la encuesta Pulso País, cuyos resultados se hicieron públicos el pasado 11 de febrero, el presidente de Colombia mejoró su imagen ante sus compatriotas en un 41 por ciento. Asimismo, los índices de aprobación también subieron de un 22% a un 38%.

Por supuesto, estos números tienen relación con las directrices “enemigas” tomadas por Iván Duque, pues, a la pregunta “¿le gusta o no el estilo de Gobierno del presidente Duque?, 39 % de los encuestados dijeron que “Sí”; un poco más de los que aprobaban su estilo en diciembre de 2018.

Con estos números, se puede concluir que el pueblo de este país aún vive en un conflicto interno, no solo en el campo físico, sino también mental. Al colombiano no le interesa negociar, pues, tal y como lo dijo un manifestante en la contradictoria Marcha por la Paz, del pasado 20 de enero: “No se va a negociar, plomo es lo que hay, plomo es lo que viene”.

Tal parece que las conductas guerreristas de Duque reanudarán un conflicto del que poco a poco se estaba saliendo, todo esto, con la complicidad y “disfrute” bélico de los ciudadanos colombianos.

 

LatinAmerican Post | Christopher Ramírez Hernández

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