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Nuestro Planeta de Netflix: ¿ya somos inmunes a los documentales ambientales?

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Netflix ha lanzado su nueva serie documental: Nuestro Planeta. ¿Qué tan efectivos siguen siendo estos documentales en la consciencia del cuidado del planeta?

Nuestro Planeta de Netflix: ¿ya somos inmunes a los documentales ambientales?

Para celebrar el mes de la Tierra, Netflix ha lanzado Nuestro Planeta, una serie documental que pretende crear consciencia del impacto del calentamiento global en las especies alrededor del mundo.

Read in english: Netflix's Our Planet: are we already immune to environmental documentaries?

La serie británica está narrada por David Attenborough en su versión en inglés y por Penélope Cruz y Salma Hayek en las versiones para España y Latinoanérica respectivamente. Está producido por Alastair Fothergill y Keith Scholey, quienes también han sido realizadores de los documentales ambientales Planeta Tierra y Planeta Azul en colaboración con la World Wildlife Fund (WWF). Es el primer documental de naturaleza producido por Netflix para la conservación de las especies.

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Recepción

Estos documentales ambientales bien intencionados que dirigen sus esfuerzos a maravillar al espectador con la grandeza de la naturaleza suelen ser bien recibidos por el público y por la crítica. Nuestro Planeta no ha sido la excepción. Según varios críticos en distintas publicaciones, en cuatro años de rodaje los productores del documental lograron captar las más bellas imágenes de la naturaleza y muestran con delicadeza y compasión los efectos del calentamiento global en las especies que el documental nos hace admirar. 

Otros, sin embargo, piensan distinto. Ed Power, para el Telegraph, tilda al documental de muy bello pero clichesudoEs cierto que la serie se vale de lugares comunes que ya hemos visto en los otros proyectos de los mismos creadores para generar impacto en el espectador: las escenas en cámara lenta y los close ups a los ojos de los animales son recursos que hemos visto usar una y otra vez en estos documentales ambientales. Y tal vez ya no tengan el mismo impacto en nosotros.

Por otro lado, el segundo capítulo de la serie ha despertado una polémica sobre la forma de crear conciencia alrededor del calentamiento global. Se trata del episodio "Frozen Worlds", en el que vemos cómo unas morsas caen de un acantilado y se da a entender que caen porque el hielo ha estado descongelándose. Varios zoólogos han afirmado que este episodio ocurrió en el 2017 y fue producto de la persecución de unos osos polares, lo cual es absolutamente normal en estos ecosistemas.

El documental, además, toma dos escenas aisladas y las hace ver como una sola. Algunos expertos han acusado al documental de "porno eco-trágico". En palabras de la doctora Susan Crockford de la Universidad de Victoria de Canadá para The Telegraph: "Esta poderosa historia es ficción y la más burda manipulación emocional. Otros afirman también que pudo haber sido incluso el equipo de grabación lo que asustó a las morsas y las confundió al punto de caerse del acantilado.

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¿Nos hemos hecho ya inmunes?

En los últimos años ha habido una sobreproducción de este tipo de documentales que pretende crear conciencia a través de la exhibición de la belleza del planeta Tierra. Belleza que el espectador, por otro lado, no habría conocido de no ser porque la ve en pantalla.

Todos, como bien lo hace notar la crítica de The Telegraph, usan los mismos recursos cinematográficos para inspirar en el espectador algún tipo de compasión y admiración por las especies. Creo, entonces, que estos lugares comunes a los que recurren los productores una y otra vez han funcionado ya como una vacuna en la que se nos da un poco del virus para hacernos inmunes.

Así, ahora podremos ver muchos documentales y enternecernos con las especies que vemos en su hábitat natural pero estaremos ya anestesiados porque nuestro cuerpo se ha acostumbrado al impacto que pretenden crear estas producciones. El lugar común nos ha dormido al punto en que podemos llorar viéndolo y luego salir a tener las mismas prácticas inconscientes de siempre.

En este sentido, ya ni siquiera la manipulación emocional de la que acusan a Netflix tendrá un impacto en el accionar del espectador, por lo cual resulta un recurso doblemente fallido en tanto manipulación y en tanto inútil. Los documentales ambientales de impacto deben incomodar y esto es lo opuesto a los producidos en colaboración con la WWF, totalmente apolíticos.

Estos documentales no hacen denuncia de quienes realmente contaminan ni reflexionan sobre las prácticas específicas que afectan a las especies que se muestran en pantalla con tanta gracia y belleza. En cambio ponen toda la responsabilidad en la decisiones individuales de cada sujeto, esperando con eso que todos cambiemos nuestras prácticas. Y como ya hemos visto en las últimas décadas, no basta con unas lágrimas frente a la pantalla en el sofá de nuestra casa.

 

LatinAmerican Post | Juliana Rodríguez Pabón

Copy edited by Juliana Suárez