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El censo 2020 en Estados Unidos tiene tantas dudas como preguntas

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La controversia que ha rodeado el censo que se ha propuesto para el 2020 ha dividido desde la Suprema Corte hasta el sector industrial estadounidense

El censo 2020 en Estados Unidos tiene tantas dudas como preguntas

La duda que ha sonado bastante fuerte desde hace un buen tiempo, incluso desde el 2018, es la posibilidad de incluir una pregunta acerca de la ciudadanía de los encuestados. Una pregunta que, en un primer momento, puede parecer inofensiva e incluso totalmente coherente con el marco de un censo dentro de un país establecido. Sin embargo, en el contexto de Estados Unidos, su desarrollo de inmigración a lo largo del siglo XX y las controvertidas políticas de la administración Trump al respecto, hacen que esta pregunta sea un gatillo de problemas, miedos e inseguridades para todo un país.

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El secretario de comercio Wilbur Ross ha defendido frente a la Suprema Corte la necesidad (y posibilidad) legal de realizar esta pregunta, la cual no se lleva a cabo desde la década del 50. Según Ross, y una buena cantidad de figuras políticas a favor de las políticas antiinmigración como Steve Bannon, jefe de estrategia de la Casa Blanca o Kris Kobach, secretario del estado de Kansas, la pregunta acerca de la ciudadanía pretende conocer la realidad acerca del estado legal de las personas que viven en la actualidad en Estados Unidos y, al mismo tiempo, revisar la ley de derecho al voto de 1965.

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Quienes están en contra argumentan que ésta es una medida de represión contra los inmigrantes y que lo único que logrará será crear más miedo y una baja participación de estas personas en el censo. La Suprema Corte, por su parte, se encuentra dividida entre los que consideran que no hay sustento para esta pregunta, de corte más liberal y los que le dan el beneficio de la duda, de corte más conservador.

Su impacto sobre la economía

El gran sacrificio dentro del censo 2020 y su polémica acerca de la pregunta sobre la ciudadanía de los encuestados es la economía estadounidense. Según asegura Reuters, compañías como la manufacturera de ropa Levi Strauss & Co, Uber o Univision se han manifestado públicamente para reconsiderar esta política y, en general, las consecuencias que tiene un censo dentro de la vida económica de un país como Estados Unidos.

El hecho de recoger datos acerca de las personas que habitan un lugar, sus hábitos, su poder adquisitivo, su estado civil, entre otros, resulta ser información esencial para que las compañías puedan diseñar sus estrategias de venta y, más aún, proyectarse hacia el futuro. Si el censo del 2020 resulta con información poco precisa, alterada, o con una representación bastante menor a la real debido al miedo de los inmigrantes a contestar, los conglomerados económicos se verán afectados y, en última instancia, todos los habitantes de la región, pues el acceso a bienes y servicios no corresponderá la realidad.

Su enorme costo

El futuro y las consecuencias del censo son solo una de las cara de la moneda, pues el otro gran interrogante de este censo es su costo. Según Reuters, el presupuesto del censo como tal está en 500 millones de dólares, mientras que Science Magazine reporta un incremento de 2 billones de dólares al presupuesto general de la nación para el 2020 donde se incluye el censo, por lo que, aunque no maneja cifras exactas, sí hay un clima generalizado de alarma por el gasto desmesurado de la implementación de este censo.

Respecto a al anterior censo, hay un incremento de más de 100 millones, siendo el presupuesto de 2010 de 376 millones de dólares. En perspectiva continental, algunos de los últimos censos latinoamericanos no llegaron ni siquiera la cifra del censo americano del 2010: México en 2010 gastó 6.000 millones de pesos (alrededor de 315 millones de dólares); Perú en 2017 gastó 173,8 millones de soles (un poco más de 50 millones de dólares); y Colombia en 2018 gastó 350.000 millones de pesos (un poco más de 10 millones de dólares). Con esta comparación es posible entender la magnitud del censo propuesto para el 2020 y las consecuencias que podría traer una participación desfasada de los hechos que pretende representar.

 

LatinAmerican Post | Jorge Ovalle

Copy edited by Juliana Suárez

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