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¡No más medios politizados!

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Para que un medio de comunicación no censure, es necesario que se desprenda de cualquier relación con el liderazgo público

¡No más medios politizados!

Lo sucedido con la Revista Semana en los últimos días ha puesto de cabeza a Colombia. El hecho de que un medio del tal renombre haya acabado la columna de Daniel Coronell, uno de sus mejores periodistas, por haber cuestionado a la misma por no publicar una investigación que podría afectar al actual gobierno, demuestra que ni siquiera los medios con mejor contenidos periodísticos abogan realmente por la libertad de expresión y de prensa. Adicional a la censura, preocupa saber que los grandes informantes del país puedan tener relaciones políticas que dominan la información, lo que dejaría en duda la credibilidad misma del medio y del periodismo en general.

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Aunque la objetividad periodística es inalcanzable por el simple hecho de que vivimos en medio de la realidad que narramos, la necesidad de informar al público debe prevalecer sobre intereses personales. En esta medida, la censura sería la falta más grave a esa necesidad de conocer la verdad.

Ahora, el problema de la censura no es únicamente que exista, sino que la atacamos solo cuando nos afecta. Velar por la libre expresión no debe ser una cuestión de conveniencia; no solo cuando estoy de acuerdo con la persona que está siendo censurada. Por el contrario, la labor democrática es defenderla a cabalidad. Así, sin importar quién lo diga, cómo lo diga o qué diga, el respeto por su palabra debe primar. Esto, claro, siempre y cuando se respete la dignidad humana.

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Las redes sociales son una clara muestra de que el respeto la opinión del otro solo se cumple cuando lo que dice va con lo que pienso. Twitter, por ejemplo, es la cuna del odio, de la intolerancia y, por supuesto, de la censura. Allí, cada quien bloquea a quien piensa distinto, y peleas interminables se forman a raíz de una opinión y una postura. En ese sentido, para poder expresarse, sería mejor no decir lo que se piensa.

Es así como desde algo tan simple y tan pequeño comienza la censura y su relativismo oportuno. Lo mismo pasa con el periodismo, en una escala mucho mayor, dada la importancia de su labor en la sociedad. Entonces, la lucha contra la censura se vuelve más un discurso social vacío y eso, cada vez más, afectaría esa necesidad de conocer la verdad, de informar a la sociedad, y de crear conciencia.

Sin embargo, la censura termina por ser solo una consecuencia de un problema más grande que existe en los medios de comunicación: la falta de independencia. ¿Cómo creerle a un medio cuando  se codea con ciertos dirigentes políticos? Es justo en ese momento, cuando las influencias políticas se mezclan con los intereses, que la información y la verdad se ven perjudicadas.

Cuando el medio censura un tema, una publicación, o a un periodista, hay que mirar más a fondo lo que sucede. ¿Por qué lo hacen? o , más bien, ¿por quién lo hacen? Esa falta de independencia no tiene más motivos que intereses individuales y mezquinos que, quizás sin darse cuenta, terminan por dañar al mismo medio, pues las audiencias tardarán más en creer algo que se les diga. Eso, al fin y al cabo, no solo afecta a sus dueños, sino a toda la sociedad, que ya no cree ni en su propia realidad. ¿Dónde queda la democracia en una sociedad que informa a medias?

 

LatinAmerican Post | Equipo Editorial

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