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Conservación de la naturaleza: ¿un trabajo apasionante o un empleo más?

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Cuidar de la naturaleza puede ser un trabajo lleno paisajes increibles y avistamiento constante de animales, pero también incluye el tedio de cualquier burocracia

Conservación de la naturaleza: ¿un trabajo apasionante o un empleo más?

Cuando trabajaba en el Parque Nacional Los Alerces, hoy Patrimonio de la Humanidad, los visitantes solían decirme que mi empleo era ideal: vivía en uno de los rincones más bellos de la Patagonia argentina y me dedicaba a la conservación de la naturaleza y a conectar a las personas con la vida silvestre. ¿Qué más podía pedirle a la vida?

Read in english: Conservation of nature: an exciting job or just another one?

Sobra decir que, a menudo, lo que imaginamos difiere de lo que sucede. La mayoría de los turistas visita la Patagonia en verano y ni siquiera sospecha (o bien idealiza) lo que significa pasar el invierno en un sitio remoto, con temperaturas bajo cero, vientos intensos y nevadas frecuentes. Sin embargo, también es justo reconocer que estar en contacto cotidiano con lagos, bosques, montañas y glaciares es un lujo que no todo el mundo puede darse, y que compensa con creces el clima hostil que caracteriza a la Patagonia.

¿Cuál es el atractivo de trabajar para conservar la naturaleza?

En mi opinión, la conservación de la naturaleza puede representar un trabajo ideal al menos por dos motivos: a) es un privilegio tener contacto frecuente con la naturaleza, ya que necesitamos de ella incluso psicológicamente (por eso las ciudades tienen espacios verdes, y las casas cuentan con jardines y plantas); b) trabajar para preservar la naturaleza le otorga un sentido trascendente a nuestra existencia, puesto que la vida silvestre es imprescindible para asegurar la supervivencia humana y la protección de la naturaleza contribuye al bienestar de la población.

A pesar de las razones expuestas, el amor por la naturaleza puede perder su magia cuando se convierte en un fárrago de expedientes que se tramitan a diario desde una oficina citadina y se extravían entre vericuetos burocráticos, sin conseguir mejorar un ápice la realidad ambiental (o incluso empeorándola, ya que los papeles utilizados en los trámites involucran la tala de árboles). Es entonces cuando la noble causa del amor por la vida silvestre y la lucha por su preservación ceden su lugar a un empleo rutinario y desprovisto de incentivos, una suerte de matrimonio (entre el trabajador y la naturaleza) socavado por el tedio y la rutina.

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Trabajar en lo que amas no implica que ames todo lo que haces

Coincido con Steve Jobs en que “el único modo de hacer un gran trabajo es amar lo que haces”. Sin embargo, sabemos que casi todo trabajo tiene su cuota de tedio o de tareas indeseadas, en especial cuando se trata de un empleo público. En este sentido, trabajar para conservar la naturaleza no se reduce, en la mayoría de los casos, a rescatar animales o plantar árboles, sino que conlleva la redacción de notas e informes, el enfrentamiento con quienes solo ven en la naturaleza un conjunto de recursos a explotar e incluso la divergencia de criterio entre personas que trabajan en equipo para preservar la vida silvestre.

El desafío: lograr que la conservación de la naturaleza sea un trabajo gratificante

En mi opinión, un aspecto clave para que este trabajo tenga sentido es que los trabajadores mantengan un contacto frecuente con la naturaleza a preservar, ya que esta sirve de inspiración y ayuda a centrarse en metas relevantes. Por lo demás, pienso que no basta con defender la vida silvestre, sino que también es importante divulgar su belleza y valor, y facilitar el contacto con la naturaleza para que la población la conozca y contribuya a su preservación.

Pese a que muchas personas se llevan mejor con los animales que con sus congéneres, es sin duda el hombre, como especie, el principal enemigo de la vida silvestre. La naturaleza humana puede atentar contra la naturaleza y también contra la calidad del trabajo, incluso en un parque nacional donde siempre parece reinar la armonía. De cada trabajador depende la posibilidad de entusiasmarse y de encontrar equilibrio entre los anhelos humanos, a veces arbitrarios y egocéntricos, y las necesidades de la naturaleza, a fin de que el trabajo ambiental sea gratificante y contribuya de verdad al noble propósito de proteger el planeta en que vivimos.  

 

LatinAmerican Post | Jorge Guasp

Copy edited by Juan Gabriel Bocanegra

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