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A partir de teatro, habitantes de calle le apuestan a una transformación cultural

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La transformación de lo que era una quebrada llena de basura les permitió a seis habitantes de calle crear una propuesta teatral que relata su vida en la calle

Quebrada Las Delicias en Bogotá

David y El Burro parecen niños pequeños disfrutando por primera vez con un computador. Fernando Riaño, un fotógrafo colombiano y su mentor, les enseñó a utilizar YouTube hace unos días, cosa que, aunque para la mayoría es algo de todos los días, para un habitante de calle puede llegar a ser un mundo nuevo. A todo volumen, mientras bailan y ríen, Rin Rin renacuajo versión rap es la banda sonora que los acompaña hoy, como una inspiración para el show de títeres que están produciendo.

Ellos dos, junto con otros cuatro habitantes de calle viven debajo de un puente, en un hueco que acomodaron para convertirlo en su casa, justo en el lugar donde desemboca la quebrada Las Delicias, en Bogotá. De la mano de Fernando, un fotógrafo apasionado por la educación ambiental, y Marmajo, que trabaja con técnica de objetos escénicos para programas educativos, el autor del rap de Rin Rin renacuajo, montaron en septiembre del 2018 una compañía de títeres llamada Bajo el puente, en honor al lugar que convirtieron en su hogar.

 Puente

David, por ejemplo, lleva un año viviendo bajo el puente. Tuvo que huir de su casa en Cúcuta y terminó convirtiéndose en un habitante de calle en Bogotá. Cuatro años antes vivió en el Bronx, la olla más grande de droga que ha tenido Colombia, y en otras calles de la ciudad, pero después encontró su nuevo hogar en la quebrada: un hogar entre basura, ratas y agua sucia. Gracias a Fernando Riaño, que vive justo en frente del puente, ese lugar cambió.

Como ellos, más de 9.000 personas habitan en la ciudad de Bogotá, de acuerdo con el censo del DANE de 2018. Entre la basura, alejado de problemas del pasado, de su familia y de una vida social y económicamente productiva, los habitantes de calle se han convertido año tras año en un problema público. La alta presencia de personas sin hogar viviendo en las calles se ha convertido en un problema de salud pública debido, en su mayoría, a la adicción a las drogas. Así, la producción de la ciudad se ve afectada, así como otros factores intrínsecos como la delincuencia, la violencia y el microtráfico.

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Al igual que en Bogotá, otras ciudades de Colombia enfrentan esta situación. Al igual que Colombia, los demás países de América Latina también. En octubre de 2018 se realizó el Primer Foro Iberoamericano de Habitabilidad en la Calle. Allí, representantes de distintos países se reunieron a discutir las posibles soluciones del problema. 

Resocialización al habitante de calle’, esa es la consigna de la gran mayoría de organizaciones privadas y de iniciativas de los gobiernos para ayudar a que la cifra reduzca y que miles de personas puedan volver a sus hogares y recuperar sus vidas pasadas. El Foro, que fue organizado por la Alcaldía de Bogotá, pretendía crear un espacio para intercambiar experiencias y definir agendas de cooperación entre las ciudades invitadas. Políticas públicas, programas de atención integral y modelos de prevención fueron algunos de los temas que se tocaron.

Si bien estas iniciativas del distrito han ayudado a cientos de personas a salir de las condiciones de habitabilidad en la calle, constan de un proceso que muchos habitantes de calle no están dispuestos a atravesar. David es una prueba de eso. Él entró y salió varias veces de algunos de los centros que tiene dispuesto el distrito en Bogotá y en ninguna de las oportunidades pudo permanecer mucho tiempo. Las imposiciones, o quizás las ganas de consumir droga, no se lo han permitido.

Por el contrario, una acción como la de Bajo el puente le ha permitido proyectarse a futuro, cosa que no hacía desde años atrás.

Pero ¿cómo comenzó esa transformación?

Dos meses atrás, Fernando había puesto unos árboles de metal hechos con materiales reciclados y que hacían parte de una instalación artística que estaba haciendo debajo del puente. Un día, uno de ellos desapareció y en seguida supo que algún habitante de calle que rodeaba el sector lo había robado. 

Riaño cuenta que subió por el camino que lleva hacia el hueco donde viven ellos, sin el más mínimo temor de que algo pudiera pasarle, y les exigió que apareciera el responsable del robo: “El Burro me dijo 'vecino yo no le robé los árboles pero sí sé quién lo hizo. No le puedo decir, pero ese árbol ya no existe en ninguna chatarrería' Yo le pregunté que entonces qué iba a pasar con mis otros árboles, y el Burro me dijo que él me los cuidaba”.

A cambio de esa protección y con la propuesta de que juntos limpiaran la desembocadura de la quebrada, el fotógrafo comenzó a darles una comida al día.

"Yo le dije al Burro: ‘en vez de pasársela consumiendo droga por ahí en su hueco, por qué no me echan una mano –dice Fernando señalando el lugar que transformaron, que para ese entonces era un basurero–. Yo no estaba pensando para nada en juntarme con los habitantes de calle, pero lo que sí tenía era interés en arreglar esta entrada del parque". 

Contrataron camiones y sacaron toneladas de basura del lugar. Una vez limpio, comenzaron a pintar las paredes, el piso y a crear adornos coloridos que hicieran de ese un nuevo escenario. En el proceso, hicieron también unas canecas para reciclar que crearon ellos mismos. Por último, construyeron el lugar que sería su oficina: un teatrino bajo el puente.

escaleras y gradas improvisadas debajo de un puente

De ahí surgió la idea de convertir todo eso en una propuesta nueva que utilizara métodos artísticos. Ahí, Marmajo, quien ha dedicado su vida a las producciones escénicas educativas, con recursos como títeres, maquillaje y musicalización, entró a ayudarlos a conformar una obra de teatro.

Con el show, buscan mostrarle a la ciudad que el habitante de calle es un ser humano, que merece una vida digna y respeto. En el caso de David, él mismo creó un monólogo adaptando el discurso que hacía en los buses para pedir plata y ahora con un títere habla del demonio de la droga. 

"Bueno, mi gente, quietos todos que esto es un asalto, les vengo a robar a todos unos minutos de su tan maravilloso tiempo...–continúa–, aprovechando el momento les voy a dejar un mensaje. De muchas cosas que he tenido que vivir en las calles el mensaje es cortico: Cuando ustedes vayan caminando con sus niños de la mano y lleguen a ver a un habitante de la calle botado sobre la calle, por favor no les digamos ‘si sigue molestando, se lo regalo a ese loco’. Sea la persona que sea que esté botada sobre ese andén, merece respeto. Lo mejor, quizás algo más inteligente para decirle sería: ‘a ese muchacho que está botado, completamente destrozado, lo atrapó un monstruo que se llama drogadicción. Ese monstruo tiene las capacidades de llevarlo a la indigencia o a puntos aún peores".

Una vez a la semana, el teatrino se convierte en un escenario distinto: clases de yoga, de actuación y coaching para que el proyecto crezca cada vez más. Estuvieron participando también en una convocatoria para hacer su show en las troncales de transporte público de la ciudad. Con esos proyectos, buscan dejar la indigencia y poder vivir del arte.

Hombre sentado sobre un tronco

Unas cuadras arriba de donde están viviendo actualmente, por donde empieza la quebrada Las Delicias, hay un lote vacío que quieren comprar. Cuando logren ahorrar el dinero suficiente, convertirán ese lote no solo en su hogar, sino en una casa taller, donde puedan realizar presentaciones y talleres de objetos escénicos y performance. 

Es un plan a largo plazo, pero en el día a día les ha ayudado a ellos a dejar la droga de lado poco a poco y a convertirse en ciudadanos que le aporten algo a la sociedad que es, al fin y al cabo, lo que los gobiernos y la iniciativas distritales están buscando.

 

LatinAmerican Post | Juliana Suarez

Copy edited by Juan Gabriel Bocanegra

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