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Ni silencio ni olvido

Guardar silencio y no denunciar legalmente los abusos sexuales por miedo, no evita que sigan pasando, peor aun, recrudece la violencia sexual.

Mujer haciendo señal de silencio

Los recientes hechos de violencia de género y abuso sexual en Colombia, han abierto la conversación a la necesidad de cambio y mejoras del sistema penal. / Foto: Pexels

The Woman Post | Maria Lourdes Zimmermann

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Vivimos en una sociedad absolutamente enferma en la que, quienes deberían proteger los derechos de la población civil, la vulneran; una sociedad en la que el presunto abuso de 8 mujeres se convierte en un espectáculo de mass media en donde las mismas víctimas se borran y se silencian por falta de confianza en la justicia, la misma que casi nunca actúa, que demora años en tomar decisiones, que falla de acuerdo al poder del victimario o abusador y revictimiza sin compasión, exponiendo a las mujeres, niñas y niños a un dolor constante y sin vergüenza.

Nuestros niños abusados, maltratados y vulnerados como el nuevo caso de violación de una niña de la comunidad indígena Emberá Chamí en Colombia, violentada por siete soldados del Ejercito Nacional refleja un triste escenario a futuro.

Nuestro gran problema es que con cifras tan escandalosas de abuso de menores, la sociedad que estamos construyendo a futuro es de abusados y abusadores, un circulo que se cierra en el maltrato y la violación de derechos sin fin.

Estos días conocimos lo peor de nuestra sociedad misógina de hombres con poder y sin vergüenza. Y por eso necesitamos mujeres que afiancen su deseo y firmeza para denunciar ante la justicia y no resumir el dolor al escrache (exponer al abusador públicamente). Y en este último punto, no me refiero al caso de la niña indígena violada por siete soldados del Ejercito Nacional de Colombia, me refiero específicamente al caso de las ocho mujeres, que acusaron en una revista feminista, el presunto abuso que sufrieron por parte del reconocido cineasta Ciro Guerra.

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Ahora será las justicia quien decida y, gracias a los testimonios de las victimas, será la actuación legal la que tenga que darle veracidad a sus propios relatos, aunque ellas mismas hayan decidido no dar sus nombres por miedo y dolor a esa revictimización que, no parará de aquí en adelante hasta tanto no se resuelva el caso.

En este sentido y en otros, no debería existir silencio alguno porque una revista, no puede ser el sustituto de la justicia y sería un error no denunciar por el bien de las mujeres abusadas en nuestro país. Sin duda, un caso como éste puede ayudar en gran medida a cambiar el patrón de una industria con abusos reconocidos.

El cambio se tiene que dar, las denuncias deben tener nombre, las mujeres como victimas no podemos convertirnos en el espectáculo que alimenta el calor de las masas que se calientan por un día y al otro olvida. No podemos quedarnos en la denuncia mediática, y borrarnos por miedo, porque al hacerlo, otras seguirán siendo parte del mismo circulo de abuso y poder.

No puede ser que la justicia que busquen las agredidas sólo llegue a través del escarnio público y la sanción social olvidando la responsabilidad penal, por eso es indispensable que las denuncias sobre acoso, abuso y cualquier otra manifestación de violencia de género, se eleven ante quien es la autoridad constitucional para dirimir este tipo de situaciones, ante la justicia. De lo contrario, la búsqueda del escarnio público y la sanción social a través de medios de comunicación y redes sociales, podría confundir fácilmente la búsqueda de venganza punitiva con la búsqueda de justicia penal.

El sistema penal debe ser más humano, entender el dolor de las victimas y generar estrategias de recolección de pruebas menos dolorosas para quienes han sufrido el abuso. Nos debe indignar mucho más que la denuncia en redes, que quienes lo hicieron realmente sean victimas pero para eso no hay que callar.

Colombia tiene que educar, aprender a convivir, respetar y darle a su población valor con leyes consistentes que se apliquen para todos, con derechos que se respeten y tiene que hacerlo para que en cierta medida el circulo de maltrato y abuso se abra y se convierta en una línea en construcción en un país en el que sólo las victimas con sus denuncias pueden cambiar y quienes las rodeamos podamos empujar el cambio con acciones reales, con participación más allá de la opinión de las redes, que enciende y olvida.

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