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El precio del movimiento social en los mercados

El sistema financiero internacional ve con preocupación la inestabilidad política de la región, justo para una época de post pandemia en la que se necesita inversión.

Manifestantes en las marchas del paro nacional en Colombia

Estos nuevos retos que vienen para el mundo luego de la pandemia, tienen un gran riesgo para los movimientos sociales en América Latina: la deuda. Foto: Flickr-Oxi.Ap

Santiago Gómez Hernández

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Casi todos los políticos y economistas de derecha o de izquierda ven que la única forma de superar la post pandemia es con inversión. Evidentemente las formas, los canales y los destinos de estas inversiones varían dependiendo de en qué lugar del mapa ideológico se encuentran.

Sin embargo, estos nuevos retos que vienen para el mundo luego de la pandemia, tienen un gran riesgo para los movimientos sociales en América Latina: la deuda. Precisamente, Colombia entró en Paro Nacional luego de que el Gobierno de Iván Duque, torpemente, intentara calmar a las Calificadoras de Riesgo con una reforma tributaria que pretendía recoger más de 6.000 millones de dólares. Duque supuso que una reforma tributaria calmaría las preocupaciones de los inversores y le permitiría acceder e nuevos créditos a futuro para la reconstrucción económica del país.

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Sin embargo, todo resultó al revés. El intento de reforma en medio de una pandemia y que tocaba el bolsillo de la clase media (empobrecida también en pandemia) hizo que el descontento social estallara y que las personas salieran a las calles. Hoy, sin una reforma a la vista, con un país detenido y con incertidumbre social y económica por las nubes, las calificadoras empezaron a bajarle la calificación al país.

Otro país afectado económicamente y que deberá traer calma a los inversionistas si piensan en acudir a préstamos internacionales es Chile. El país austral celebró su tan anheladas elecciones para la Asamblea Constituyente. El hartazgo político hizo que los independientes (mayoritariamente de izquierda) lograran una posible coalición significativa. Esto asustó nuevamente a los inversores y, hoy, Chile tiene una moneda un poco más devaluada (sin llegar a récords). Esto también encarecerá los futuros préstamos ya que normalmente se hacen en moneda internacional.

Perú igual deberá elegir en segunda vuelta entre dos candidatos: la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Pedro Castillo. A pesar de que Castillo ha moderado su discurso, es verdad que no solo tendrá que moderar el discurso para captar votantes de centro, también tiene que tranquilizar a los prestamistas si su intención es reactivar la economía peruana.

Este dilema al que se enfrentan los movimientos sociales deberán entender que ad portas de un tiempo de inversión, ya sea privada o pública, la estabilidad económica será relevante. Casos de éxito (relativo) de modelos macroeconómicos de derecha e izquierda hemos podido ver en el continente, desde Colombia, Bolivia, Uruguay, Chile, etc. Pero en tiempos que todo el planeta empezará a buscar créditos, es importante poder enviar un mensaje de tranquilidad al mercado internacional.

La respuesta más sensata, y que explicaron Mario Waissbluth y José Inostroza Lara en su artículo "¿Pueden la empresa y la izquierda convivir y no morir en el intento?", evidencia que más allá de la izquierda y la derecha, lo que más temen las empresas son los populistas. Casos como el de Chile demuestran que "las pequeñas y medianas empresas, en particular las innovadoras y modernas, aceptarán y aspirarán a un capitalismo más europeo/asiático", traducido a un modelo socialdemócrata tradicional alemán.

Así que, lo primero que deberán prometer los líderes de izquierda o socialistas, son reformas fiscales que, si bien no dañen el empresariado nacional, tampoco afecten a las clases más vulnerables y aun así, deje tranquilos a los prestamistas para los grandes proyectos que se planteen. Casi que un triángulo imposible de cumplir, y ahí es donde la experticia del político o movimiento y su lobby tanto local, como internacional, podrán garantizar la confianza de todos.