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Por primera vez desde 2014 la economía de Venezuela crecerá

Sin embargo, los nuevos impuestos al petróleo que puso China y la deuda histórica que Venezuela tiene con ese país podrían ser un tropiezo para lograr este crecimiento económico.

Varios bolívares venezolanos

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), al finalizar este 2021, Venezuela solo debería una caída del 4% en su PIB, 26% menos de lo que se tuvo en 2020. Foto: Adobe Stock

LatiAmerican Post | Christopher Ramírez Hernández

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Aunque la crisis política, social y económica en Venezuela sigue tan vigente como lo estaba hace al menos unos siete u ocho años, tal parece que este último ítem empezaría a tener un crecimiento para el año 2022. Varias organizaciones internacionales han señalado que, aunque el rebote no llegaría ni al 2 % de su Producto Interno Bruto (PIB), es la primera vez desde 2014 que se podría reportar un crecimiento en la economía de ese país, por lo que sería justo “celebrar” por ello.

De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), al finalizar este 2021, Venezuela solo tendría una caída del 4 % en su PIB, 26 % menos de lo que se tuvo en 2020 cuando factores como el bloqueo al petróleo por parte de Estados Unidos y la crisis sanitaria derivada de la pandemia por la COVID-19 hicieron que la economía venezolana cayera al menos 30 puntos porcentuales.

Sin embargo, la misma organización aseguró que para el 2022, el país sudamericano no cerraría con números rojos, al evidenciar un alza de 1,0 %, la mejor cifra en los últimos años.

En su informe “La paradoja de la recuperación en América Latina y el Caribe. Crecimiento con persistentes problemas estructurales: desigualdad, pobreza, poca inversión y baja productividad”, la CEPAL, explica de forma general que: “El crecimiento en 2021 refleja el efecto de una base de comparación baja por la caída de 2020 y los efectos positivos de un mayor crecimiento mundial que se traduce en una mayor demanda externa, en particular desde los Estados Unidos y China, y el aumento de los precios de las materias primas que, junto con la apertura de las economías y la flexibilización de las medidas de distanciamiento físico, han propiciado una reactivación”.

Por supuesto, ese “aumento de los precios de las materias primas” influyó positivamente en Venezuela, teniendo en cuenta la importancia del petróleo para ese país, el cual, según los expertos, ha sido uno de los factores que se ha tenido en cuenta para las proyecciones de crecimiento económico en 2022.

Según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), de la cual hace parte Venezuela, en 2019 este país contaba con una reserva probada de petróleo crudo de al menos 303,806 millones de barriles, lo que lo convierte en el territorio más petrolero de la región.

Así, según números revelados por la misma organización en su boletín de julio, el Merey, que es el nombre que recibe el crudo venezolano, ha ido en aumento durante los últimos meses. Al finalizar mayo, el barril de petróleo de ese país alcanzó un pico de 49,13 dólares por barril, un crecimiento del 306 % en relación con el mismo mes del 2020 cuando este producto no costaba más de 16 dólares cada uno.

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¿Teoría o realidad?

Cabe recordar que desde enero de 2019, durante el gobierno del expresidente Donald Trump, Estados Unidos impuso una serie de bloqueos a PDVSA, la petrolera estatal venezolana.

Según explicó el exsecretario del Tesoro de EE.UU, Steven Mnuchin, las sanciones nacieron tras la necesidad de crear presión sobre el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, y así poder forzar a una transición pacífica del poder en la que el presidente interino Juan Guaidó pudiese tomar las riendas de ese país.

Ahora bien, Maduro cuenta con un fuerte aliado, que tras la pandemia se volvió aún más poderoso: China. De acuerdo con Patricia Garip, senior contributing editor de Argus, una organización especializada en evaluaciones de precios y análisis de los mercados internacionales de energía, actualmente China es el socio más importante de Venezuela, siendo el país que más importa su petróleo.

“Estamos hablando de por lo menos unos 400 mil barriles por día (b/d) destinados al mercado chino […] Aunque existen otros crudos de similar calidad, tal como el Cold Lake de Canada o Basrah Heavy de Iraq, el crudo venezolano suele ser la opción más económica, porque las sanciones de EE.UU. obligan a la estatal Pdvsa vender su crudo con importantes descuentos”, indicó Garip en una entrevista interna con Argus.

No obstante, tal parece que este “idilio” con China podría llegar a su fin, tal y como lo explicó la experta en la misma conversación. Cabe recordar que el 14 de mayo de este año, el Gobierno chino anunció nuevos impuestos a productos intermedios relacionados con el petróleo, tales como el petróleo de ciclo liviano o el bitumen diluido, siendo este último la denominación con el que China compra el Merey venezolano. El decreto entró en vigencia desde el 12 de junio.

“El nuevo impuesto sobre el bitumen diluido de 1,20 yuan por litro (equivalente a 30 dólares por barril), esencialmente elimina los márgenes de venta de los barriles venezolanos en el mercado chino”, agregó Garip.

El panorama es claro: con el impuesto al Merey, Venezuela ya no vería ganancias de 49,13 dólares por barril, tal y como lo estaba haciendo en mayo de este año, sino que esta cifra disminuiría a tan  solo 19,13. En pocas palabras, estaría casi que igualando los precios de mayo de 2020, teniendo un retroceso monetario de casi un año calendario.

Como era de esperarse, tanto Maduro como sus aliados en el Gobierno venezolano se sienten traicionados por China, aunque saben que tampoco se pueden dar el lujo de hacer más grande la brecha con ese país.

Actualmente existe también una deuda de más de 10 mil millones de dólares que Venezuela aún debe a China, por lo que en caso de no poder seguir enviando el crudo, la deuda crecería y con esta los intereses, lo que representaría más problemas para Maduro y su intento por mejorar, al menos en un 1 % la economía venezolana.

Por el momento, según la explicación de Patricia Garip, “la esperanza en Caracas es […] persuadir a su aliado en Beijing de relajar las cuotas de los refinadores independientes para mantener abierto el canal”. Crear un conflicto económico con el gigante asiático representaría el comienzo del fin de una relación que es necesaria por el régimen chavista para continuar en el poder.