El Consejo de Haití se mueve para destituir al primer ministro mientras llega una nueva fuerza de la ONU
Mientras el consejo de transición de Haití avanza para destituir a su primer ministro a días de que termine su mandato, las pandillas dominan Puerto Príncipe. Comienza a llegar una nueva fuerza de supresión respaldada por las Naciones Unidas (ONU), mientras se endurecen las sanciones y prohibiciones de visado contra políticos acusados de alimentar el caos.
Una decisión anunciada como trámite
Las palabras caen con la certeza plana de un procedimiento. En una conferencia de prensa, Edgard Leblanc Fils confirma que la decisión está tomada: el primer ministro, Alix Didier Fils-Aimé, será destituido. Ahora, dice, se están siguiendo los pasos normales para que la prensa nacional publique la destitución.
Las cámaras disparan. Los micrófonos esperan. La sala hace lo que hacen las salas de conferencias de prensa: convierte la crisis de un país en una secuencia de declaraciones, luego silencio, luego la siguiente pregunta.
El problema es que Haití no vive los cambios de liderazgo como simples reinicios administrativos. Los vive como temblores que se expanden hacia afuera en un lugar ya agrietado por la violencia, el desplazamiento y la larga réplica de 2021, cuando asesinaron a un presidente y un devastador terremoto golpeó un mes después. El gobierno ha estado en ruinas desde entonces. Mientras tanto, la policía está superada en número y armamento por más de 100 pandillas, algunas de las cuales formaron una poderosa alianza en 2024. Esos grupos controlan casi el 90% de Puerto Príncipe. Más de 1.4 millones de residentes han sido desplazados de sus hogares.
Así que cuando cinco de los siete miembros con derecho a voto del Consejo Presidencial de Transición deciden destituir al primer ministro a solo días de que termine el mandato del consejo el 7 de febrero, el momento no se percibe como rutina. Se percibe como una apuesta con los últimos hilos delgados de continuidad.
Y llega, como suelen llegar estas cosas en Haití hoy, en medio de todo lo demás.

Una transición que sigue resbalando
El propio consejo nació del colapso. Asumió funciones en abril de 2024 después de que el primer ministro Ariel Henry, quien había tomado el control tras el asesinato del presidente Jovenel Moïse el 7 de julio de 2021, anunciara su renuncia en marzo de 2024. Ese anuncio llegó mientras la coalición Vivre Ensemble, liderada por Jimmy Chérizier, conocido como Barbecue, lanzaba una ofensiva sin precedentes.
Se suponía que el consejo conduciría a Haití de regreso a algo reconocible: seguridad en zonas controladas por grupos armados, elecciones generales inclusivas y democráticas, un referéndum sobre un proyecto constitucional y la reactivación de la actividad económica. Las notas son tajantes sobre el resultado. Esa misión no se ha logrado.
Ha habido intentos de estabilizar la transición reemplazando a sus gestores. Garry Conille, académico y político que ya había sido primer ministro en 2011 y 2012, fue designado el 28 de mayo de 2024 y juramentado seis días después, con la tarea de conducir al país hacia unas elecciones repetidamente postergadas. Cinco meses después, el 11 de noviembre, fue destituido y reemplazado por Alix Didier Fils-Aimé, un empresario, en medio de acusaciones de corrupción y diferencias con miembros del consejo.
Fils-Aimé asumió describiendo prioridades esenciales que, en el papel, suenan como los deberes mínimos de un Estado: la seguridad de las personas, la protección de bienes e infraestructura, la seguridad alimentaria y la libertad de movimiento en todo el país. La apuesta aquí era que el lenguaje de lo básico podría ayudar a restaurar lo básico. Pero esos objetivos siguen lejos de la realidad en un país que registró más de 8,100 asesinatos el año pasado. Al mismo tiempo, los grupos armados continuaron controlando grandes partes del territorio, especialmente la capital.
Ahora el consejo se mueve para destituirlo también, pese al rechazo de la comunidad internacional, especialmente de Estados Unidos. La representación de la Unión Europea en Haití y las embajadas de Alemania, España y Francia instan a las autoridades transitorias de Haití a actuar con responsabilidad y en interés general. Advierten que cualquier cambio en la cúpula del gobierno tan cerca del final del mandato del consejo podría poner en peligro lo que describen como una dinámica alentadora en la que las fuerzas de seguridad enfrentan a las pandillas criminales.
Estados Unidos, por su parte, acusa a políticos corruptos en Haití de utilizar grupos armados criminales para sembrar el caos y expresa su apoyo inquebrantable al primer ministro y a la estabilidad y seguridad en Haití.
Palabras duras, luego más presión. Dos miembros del consejo presidencial de transición y un ministro del gabinete han visto revocadas sus visas estadounidenses en la última ronda de sanciones anunciadas por el Departamento de Estado el miércoles. Las restricciones llegaron tres días después de que a otros dos miembros del consejo también se les prohibiera la entrada a Estados Unidos. Como en casos anteriores, incluida otra revocación de visa en noviembre, el Departamento de Estado no identificó a los involucrados, citando preocupaciones de privacidad.
Así es como una crisis política empieza a sentirse como un círculo que se cierra. El liderazgo se mueve dentro de Haití. Los resortes externos se mueven fuera. Las pandillas siguen moviéndose en el medio.

Nuevas fuerzas llegan a una vieja pregunta
Durante tres décadas, Haití ha vivido con intervenciones apiladas sobre intervenciones, cada una llegando con su propio mandato y su propia promesa. En 1994, una fuerza multinacional liderada por Estados Unidos restituyó al presidente Jean-Bertrand Aristide tras un golpe militar. Las fuerzas de paz de la ONU siguieron a lo largo de los años, incluso antes de un terremoto mortal en 2010. Más recientemente, una fuerza policial internacional liderada por Kenia, con menos de 1,000 agentes, terminó su mandato de la ONU este pasado octubre sin lograr gran diferencia frente al poder de las pandillas.
Ahora las Naciones Unidas han aprobado una misión más robusta conocida como la Fuerza de Supresión de Pandillas, diseñada para desplegar hasta 5,550 agentes con autoridad para detener a sospechosos de pertenecer a pandillas y realizar operaciones ofensivas. Sus primeros agentes llegaron en diciembre para iniciar la transición.
Sobre el papel, la escalada es clara: más agentes, mayores facultades, un enfoque más duro. En la calle, los haitianos se quedan con la misma pregunta que han cargado en cada ciclo de intervención: qué cambia en la vida cotidiana y cuán rápido.
Las notas apuntan a una medida sombría de lo que ha estado ocurriendo mientras tanto. El número de casos de abuso sexual atendidos en una clínica de la capital se ha triplicado en los últimos cuatro años a medida que aumenta la violencia de las pandillas, advierte una organización benéfica de salud. Y las Naciones Unidas afirman que más de 1.4 millones de personas han sido desplazadas debido al aumento de la violencia de las pandillas y la inestabilidad política.
Esto convierte a la política en refugio, o en su ausencia. Convierte la pregunta de quién gobierna en si la gente puede quedarse en casa.
Los haitianos, ante lo que las notas describen como un descenso vertiginoso hacia la anarquía, cuestionan cada vez más qué les ha dejado la intervención internacional. Las soluciones, a pequeña escala e imperfectas, están creciendo dentro del país. Ese detalle importa porque apunta a una verdad terca: incluso cuando llegan misiones, los haitianos siguen improvisando formas de resistir.
Las elecciones siguen siendo la salida formal, pero la salida está custodiada por la realidad. Las últimas elecciones presidenciales en Haití se celebraron en 2016. Las autoridades han programado una primera vuelta de elecciones presidenciales para el 30 de agosto de 2026 y una segunda vuelta para el 6 de diciembre de 2026. El Consejo Electoral Provisional establece dos requisitos previos: un clima de seguridad aceptable y la disponibilidad de recursos financieros. Las notas sugieren que ambos son poco probables por ahora.
Incluso Europa se mueve en paralelo con Washington. El 28 de enero, el Consejo Federal Suizo se sumó a las sanciones de la UE destinadas a frenar la violencia de las pandillas, ampliando una ordenanza vigente desde el 16 de diciembre de 2022 y que antes se basaba exclusivamente en sanciones de la ONU. Las medidas de la ONU incluyen un embargo de armas para todo el país, así como la congelación de activos y prohibición de viaje para 11 personas y entidades. Con la nueva decisión, las congelaciones de activos y prohibiciones de viaje ahora se aplican a 10 personas y entidades adicionales, mientras que las exenciones humanitarias se mantienen.
En la sala de conferencias de prensa, la decisión de destituir a un primer ministro se enmarca como un paso hacia la publicación. Afuera, Haití sigue viviendo en el vacío entre los anuncios y el control. Un gobierno puede cambiar de cabeza. Un mandato puede expirar. Pero en Puerto Príncipe, donde las pandillas controlan casi nueve décimas partes de la capital, el argumento es siempre el mismo, repetido porque no desaparece: el poder no es lo que se declara. Es lo que realmente se puede sostener.
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