AMÉRICAS

Los gritos en la colina de la prisión de Venezuela convierten la amnistía en un ritual nocturno familiar

Cada noche en El Rodeo, a las afueras de Caracas, las familias suben una colina con velas para gritar mensajes a los presos políticos. Aunque la nueva amnistía de Venezuela ha liberado a algunos, las voces siguen exigiendo una liberación masiva y la intervención de cónsules y la Cruz Roja.

Quince minutos a la semana y el resto es aire

Cae la noche en El Rodeo I, ubicado en un barrio del mismo nombre en el municipio Zamora de Venezuela. En vez de silencio, la quietud se rompe por mujeres en una colina cercana que llaman hacia los muros invisibles de la prisión, con voces que responden desde adentro.

“Te escuché”, gritó una mujer en la oscuridad, contó a EFE. Esperó. Segundos después, un hombre respondió: “¿Cómo están?”, informó EFE. “Estamos bien, ¿cómo están ustedes?”, replicó ella, según EFE.

Es una conversación sin rostros, sostenida solo por el sonido. La luz de las velas titila en la pendiente, pequeñas llamas temblando en el viento mientras la cera escurre por los dedos. Pero incluso cuando las voces se conectan, no pueden estar seguras de quién responde. La prisión está oculta tras maleza y arbustos, fuera de la vista. Aun así, este intercambio ocurre casi todas las noches porque es la única prueba diaria que tienen.

Las visitas son raras, dicen. Solo quince minutos a la semana, a través de un vidrio. Esa es la regla, convirtiendo la colina en una especie de sala de espera.

Desde esa colina, madres, hermanas e hijas envían noticias cuesta arriba de la única manera que pueden. Comparten lo que pasa en el país y lo que no. Hablan sobre la amnistía aprobada hace una semana por la Asamblea Nacional, la nueva fiscal general y sus esfuerzos afuera para lograr la liberación de todos los presos políticos. Las velas siguen encendidas porque las preguntas nunca terminan.

Adentro, los hombres intentan corresponder. Adentro, los hombres intentan responder. Describen sus condiciones lo mejor que pueden y gritan sus demandas en la noche, esperando que sus palabras lleguen a quienes están afuera,” gritó un detenido desde adentro, informó EFE. La frase no quedó sola. Siguió un rugido, muchas voces juntas pidiendo “justicia” y “libertad”, según EFE.

Así se ve el debate sobre la amnistía sin la distancia del parlamento. No es una sala de comisiones. Es una ladera, un muro y unos segundos de sonido.

Familiares de presos políticos participan en una vigilia en Zamora, Venezuela. EFE/ Miguel Gutiérrez

La amnistía avanza, las familias preguntan qué sigue

La amnistía es real y medible, y ya ha cambiado vidas. Ha liberado completamente a 223 personas que estaban en prisión y levantado restricciones como la obligación de presentarse ante tribunales para otras 4.534, según los reportes. Pero la distancia entre esos números y las noches en Rodeo I es donde ocurre el debate político.

“Se han violado todos los derechos de los presos políticos. ¿Qué esperan para liberar a la gente?”, gritó una mujer hacia la prisión, informó EFE. Sus palabras fueron agudas al principio, luego se convirtieron en una rutina constante, como una rabia que no tiene otro lugar a dónde ir.

Las familias intentaron enviar un mensaje a Delcy Rodríguez, promotora de la amnistía y presidenta interina de Venezuela, pero no llegó con claridad, según los reportes. Aun así, el intento importó. Recordó a todos que la amnistía no es solo una ley. También es una prueba de quién es escuchado, y cuándo.

Rodríguez propuso la amnistía durante lo que llamó un “nuevo momento político” tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos el 3 de enero, según los reportes. Esa frase promete cambio. Pero para las familias en la colina, el cambio se mide en voces, no en discursos.

Foro Penal, la ONG que sigue estos casos, dice que aún hay unos 568 presos políticos en el país, según los reportes. No está claro cuántos están en Rodeo I. Esa incertidumbre añade presión, obligando a las familias a esperar que la persona que buscan esté entre las voces invisibles cada noche.

Esto hace que la amnistía se sienta inmediata e incompleta al mismo tiempo. Una ley puede mover a cientos, y aún dejar una colina llena de velas.

Hay una verdad más silenciosa en estos intercambios: las mujeres no solo exigen liberación. Mantienen vivo el contacto. Sostienen la vida familiar en el pequeño espacio que aún se permite. Eso es difícil de convertir en ley. Es aún más difícil de medir.

Una frase memorable de un lugar como este suele ser la más simple: Estamos bien. ¿Cómo están ustedes? El punto no es que alguien realmente lo crea. Es lo que dicen de todos modos.

Familiares de presos políticos participan en una vigilia en Zamora, Venezuela. EFE/ Miguel Gutiérrez

Huelga de hambre suma llamados a cónsules, Cruz Roja y la ONU

Las noches han cobrado una nueva urgencia desde el fin de semana pasado, cuando los presos políticos en Rodeo I iniciaron una huelga de hambre para exigir su libertad, según los reportes. Las huelgas de hambre tienen su propio ritmo. Convierten el tiempo en un arma y hacen que las familias sean testigos, ya que cada día sin comer envía un mensaje a través del cuerpo.

Parte de ese mensaje apunta hacia afuera, más allá de los propios debates políticos de Venezuela. Los detenidos han pedido la presencia de las Naciones Unidas y la Cruz Roja, y que los consulados intervengan en nombre de los extranjeros detenidos, según los reportes. Exdetenidos han testificado que hay varios extranjeros en la instalación, incluido el gendarme argentino Nahuel Gallo, detenido en diciembre de dos mil veinticuatro tras cruzar la frontera terrestre desde Colombia, según los reportes.

La noche del jueves, el sonido llevó otra señal: el himno nacional de Colombia, informó EFE. No fue una actuación. Fue una forma de identificación: una manera de decirle a la colina, y al mundo más allá, quién está adentro.

“Los hermanos extranjeros siguen en huelga de hambre. Necesitan la presencia de los consulados”, gritaron los detenidos, informó EFE, mencionando a Colombia, Argentina, Ecuador, Francia, Cuba, Guyana, España y Líbano. “Que entre la Cruz Roja”, insistieron, según EFE. “Que venga la ONU”, repitieron, informó EFE.

Afuera, las familias respondieron con la única promesa que podían hacer sin romper las reglas: seguirían presionando. El problema es que la presión no es un interruptor que se pueda accionar. Es un desgaste lento. Y en este país, el desgaste político es un sonido familiar.

Al terminar el intercambio, la prisión y la colina hicieron lo que los venezolanos han hecho en otras crisis y en tiempos en que las instituciones fallan y la gente depende unos de otros. Recurrieron a bendiciones y cánticos.

“Dios los bendiga a todos”, gritaron los detenidos al despedirse, informó EFE. Luego, voces separadas por maleza y concreto se unieron en la misma frase, según EFE: “Una familia unida jamás será vencida.”

Al final, esa es la resistencia nocturna contra la desaparición. No solo un eslogan, sino una práctica. Una vela en la colina. Una voz que atraviesa la oscuridad.

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