ANÁLISIS

Ley de Amnistía se Estanca en Venezuela mientras Familias se Encadenan Frente a Cárceles

En Venezuela, una votación de amnistía retrasada chocó con un país que ya no espera pacientemente. Afuera de un comando policial en el este de Caracas, familiares se encadenaron. Convirtieron una acera en un plazo límite, presionando al Parlamento y al Estado a elegir entre palabras o libertad.

Cadenas en la Acera, Ley en el Hemiciclo

Al final del día en el este de Caracas, la protesta tenía un sonido terco y metálico. Las cadenas raspaban el suelo mientras los familiares apretaban los eslabones alrededor de sus cinturas y muñecas frente al comando de la Policía Nacional Bolivariana conocido como Zona 7. La gente cambiaba de postura. Miraban las puertas. Escuchaban cualquier movimiento dentro de un edificio que alberga a quienes llaman presos políticos.

Yessy Orozco, hija del exdiputado Fernando Orozco, dijo que las familias permanecerían encadenadas afuera hasta que todos los detenidos en esa instalación sean liberados. "Aquí vamos a permanecer encadenados, nadie entra, nadie sale, a menos que liberen a nuestros presos políticos, hasta que el último de nuestros presos políticos salga de este centro penitenciario", dijo a EFE.

El problema es que la promesa que creyeron escuchar de la Asamblea Nacional ahora se ha pospuesto para la próxima semana.

Más temprano el jueves, los diputados de la Asamblea Nacional de Venezuela aplazaron el segundo y último debate necesario para aprobar una ley de amnistía que cubre casos de presos políticos desde 1999. La sesión avanzó, pero solo hasta el Artículo Seis de la propuesta de Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática. Luego se atascó en el Artículo Siete, la cláusula que exige algo que la oposición dice convierte la amnistía en acusación.

En el papel, el proyecto de ley busca otorgar lo que llama una amnistía general y plena para delitos o infracciones cometidas durante los hechos y el periodo señalados en el texto, con el propósito declarado de promover la paz social y la convivencia democrática. Es un lenguaje de reconciliación, casi ceremonial. Pero el punto clave es si las personas que podrían ser procesadas o condenadas deben presentarse ante la justicia para beneficiarse de esa amnistía.

El Artículo Siete dice que la amnistía aplica a cualquiera que sea o pueda ser procesado o condenado por participación presunta o comprobada en delitos o infracciones cometidas, siempre que esa persona esté a derecho o se ponga a derecho después de la entrada en vigor de la ley.

El diputado opositor Luis Florido, de la fracción Libertad, argumentó que el artículo debía ser modificado porque exigir que las personas se presenten ante la justicia ya las señala como culpables si están bajo proceso judicial. Los diputados chavistas respondieron que la Constitución establece que las personas deben estar presentes en un proceso penal.

Al final, ambos bandos pidieron posponer. Se espera que la próxima sesión sea el jueves siguiente, después del feriado de Carnaval.

Para las familias afuera de Zona 7, el retraso no es un trámite. Es personal. Es una semana más.

Orozco dijo que el pasado viernes, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, dijo que la ley sería aprobada esta semana y que después todos los presos políticos serían liberados. Petra Vera, familiar de otro detenido en Zona 7, exigió a Rodríguez cumplir esa promesa. "Estamos protestando por la burla a la que han sido sometidas todas las familias de los presos políticos en este centro penitenciario; lo consideramos una burla", dijo a EFE.

La apuesta aquí es que la presión pública pueda hacer que un cronograma signifique algo.

La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez. EFE

Un Solo Artículo que lo Cambia Todo

Dentro de la Asamblea, el debate se convirtió en una disputa sobre lo que significa estar "a disposición" de la justicia y lo que implica regresar a ella, especialmente para personas que la oposición presenta como perseguidas y el gobierno como procesadas.

No se trata de una simple corrección legal. Es la diferencia entre una ley que funciona como mecanismo de liberación y una que funciona como filtro.

El argumento de Florido es directo: si se le pide a alguien que se presente ante los tribunales, el Estado ya está señalando a esa persona como responsable. La respuesta chavista también es directa: el debido proceso exige presencia, y la Constitución importa.

Ambos argumentos pueden ser ciertos en lo abstracto. El problema es la realidad vivida alrededor de ellos. Un país no discute la amnistía en el vacío. La discute pensando en celdas, en comandos policiales que se vuelven símbolos y en familiares que pueden recitar promesas porque han aprendido a medir la política en semanas de calendario.

Esto coloca todo el proyecto de ley bajo la sombra de una frase, "ponerse a derecho", y la pregunta política de fondo: quién decide cómo es estar a derecho.

Los partidarios del proyecto dicen que busca promover la paz y la convivencia. Sus escépticos ven en el requisito de presentarse otra cosa: una nueva condición para la libertad, una nueva barrera administrativa.

Así, la Asamblea aprobó hasta el Artículo Seis y luego se detuvo. El hemiciclo no se rompió por falta de tiempo. Se rompió porque el séptimo punto marca el momento en que la política se convierte en consecuencia.

Opositores al gobierno de Venezuela el 30 de julio de 2024, en Caracas, Venezuela. EFE

Juventud en las Calles, Promesas Bajo Presión

El aplazamiento no silenció a la oposición. El jueves fue el Día Nacional de la Juventud, y el Movimiento Estudiantil Venezolano volvió a las calles en varias ciudades, exigiendo la liberación de todos los presos políticos. Fue una de las mayores movilizaciones opositoras en más de un año.

En Caracas, cientos se reunieron en la Universidad Central de Venezuela, la principal universidad del país, moviéndose dentro y fuera del campus. Su consigna era simple y hecha para el eco: "Ni uno, ni dos, todos", una respuesta al proceso de liberación que comenzó el 8 de enero.

Según la ONG Foro Penal, hasta el 10 de febrero se habían verificado 431 liberaciones, mientras estima que más de 600 siguen presos. Las cifras lo atraviesan todo. Generan una sensación de movimiento, pero también de tarea inconclusa.

Miguel Ángel Suárez, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela, dijo que seguirán presionando "hasta que se restituyan todos los derechos civiles y políticos", y pidió el fin de la persecución y garantías que lleven al país a una transición democrática.

En Maracaibo, estudiantes de la Universidad del Zulia también marcharon, exigiendo inclusión en el debate sobre la amnistía. Yeissel Pérez, presidenta de la federación estudiantil de la universidad, criticó que el liderazgo juvenil no fuera convocado a la consulta pública sobre el proyecto. Este proceso sí incluyó a académicos, ONG y familiares de presos políticos.

Vistas en conjunto, las escenas forman un solo argumento en distintos lugares. Los estudiantes exigen inclusión en los términos de la ley. Las familias exigen resultados de la ley. Los diputados debaten si la ley exige deferencia a tribunales en los que muchos manifestantes no confían. Y el Estado, aún controlado por el chavismo en el Parlamento, insiste en que el procedimiento no es opcional.

En la acera frente a Zona 7, las cadenas se mantienen firmes. Ni uno, ni dos. Todos. La repetición se vuelve estrategia cuando se agota la fe en los plazos.

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