VIDA

Prótesis para mascotas en El Salvador convierten el dolor de un perro en política

Un cochecito de bebé reemplaza las patas de un perro, pero su dueña sigue empujando, insistiendo en la esperanza donde faltan el cuidado y opciones dignas. En El Salvador, un pequeño proyecto de prótesis veterinarias ofrece más que un remedio para mascotas; plantea preguntas sobre el cuidado, la asequibilidad y el valor más profundo que la sociedad otorga a la vida animal.

Un cochecito, una correa y la decisión de no rendirse

El cochecito es lo primero que ves, porque no se supone que deba formar parte de esta imagen.

Pepito, un perro, viaja en un cochecito de bebé empujado por su dueña, Lorena Hernández. Su cuerpo permanece alerta, como si esperara caminar. La correa está presente no para pasear, sino como un ritual significativo al que las personas se aferran cuando el cuerpo falla.

Lorena lo observa, cargando la pesada esperanza de que él camine—algo que nunca ha presenciado.

“Quiero verlo caminar. Nunca lo he visto caminar”, dijo a EFE, visiblemente emocionada.

Esta declaración refleja el argumento central: el nivel de atención médica y ortopédica que deberían recibir las mascotas, quién debería tener acceso a ella y cómo responde la sociedad cuando las opciones son limitadas.

Muchos dueños temen la eutanasia como única alternativa. Las prótesis u órtesis pueden ayudar a algunos a evitar dormir a sus mascotas tras la pérdida de una extremidad o condiciones de movilidad progresiva.

El reto está en la brecha entre el deseo de brindar mejor atención a las mascotas y los costos que esto puede implicar para los dueños. Esta división no solo afecta a familias individuales, sino que también impulsa la conversación política sobre si la sociedad debería apoyar un acceso más amplio, incluso en ausencia de legislación formal del gobierno.

Prótesis para perros en El Salvador. EFE/ Rodrigo Sura

De la ortopedia humana a una perra llamada Grace

El proyecto en el centro de esta historia, Orth-vetgrace, nació por necesidad, no por marca.

Marta de Ponce, una especialista salvadoreña en órtesis y prótesis humanas, y su esposo iniciaron el emprendimiento para ayudar a su perra, Grace. A los seis años, Grace necesitaba órtesis en las cuatro patas debido a artrosis e hiperlaxitud, lo que afectó sus tendones e impidió que caminara y saltara.

“Hace dos años, a mi perra le diagnosticaron artrosis e hiperlaxitud en sus patas, y perdió el ángulo natural de sus patas porque sus tendones genéticamente no se desarrollaron bien, y dejó de hacer actividades normales, como caminar y saltar”, contó a EFE.

Estos emprendimientos en América Latina suelen comenzar no con capital de riesgo, sino con un problema familiar y la negativa a aceptar la impotencia. Las habilidades médicas para humanos se adaptan a los animales.

Marta y su esposo decidieron especializarse en biomecánica y anatomía para desarrollar dispositivos ortopédicos para Grace, enfrentando la falta de soluciones ortopédicas personalizadas para mascotas en El Salvador.

El principio es simple pero desafiante: si el sistema falla, constrúyelo tú mismo.

De ahí surgió una idea que suena modesta y que en realidad es radical en sus implicaciones: dar a las mascotas una segunda oportunidad y mejorar su calidad de vida. Marta también ofreció un diagnóstico más amplio de la región. Dijo que ni El Salvador ni Centroamérica cuentan con una especialización en ortopedia específica para mascotas, y atribuyó esto a que en América Latina hay un rezago en la conciencia y el cuidado de los animales de compañía.

“Ni El Salvador ni Centroamérica tienen una especialización en ortopedia específica para mascotas porque en América Latina estamos un poco atrasados en la conciencia sobre las mascotas y su cuidado”, dijo a EFE.

Esta disputa es más que logística—es una cuestión de lo que las sociedades creen que los animales merecen y los efectos duraderos de esa creencia.

Prótesis para perros en El Salvador. EFE/ Rodrigo Sura

Confianza, proceso y el costo de una segunda oportunidad

Orth-vetgrace opera mediante un proceso que recurre a disciplinas clínicas porque lo que está en juego no es sentimental. Un dispositivo mal hecho puede dañar a un animal. Uno bueno puede cambiar el rumbo de una vida.

Marta adaptó sus conocimientos de ortopedia humana al mundo de las prótesis para perros y otras mascotas, con asesoría de expertos en Estados Unidos. Cuando las personas solicitan el servicio, envían fotografías, videos y un historial de las condiciones de la mascota. También se realiza un análisis clínico en una clínica veterinaria para comprender la situación del animal. Con la aprobación veterinaria, Marta diseña y fabrica el dispositivo.

Las prótesis se fabrican con materiales de alta gama y cuentan con una garantía de un año, según las notas.

“Nuestro objetivo es diseñar y entregar el mejor dispositivo ortopédico”, dijo a EFE, y enfatizó que este tipo de servicio solo se ofrece en México, Colombia y Estados Unidos.

Esa comparación importa. Coloca a El Salvador en un mapa regional de atención a mascotas donde las soluciones se concentran en pocos países, y donde viajar al extranjero puede convertirse en un requisito oculto para la dignidad médica. Para muchas familias, viajar por una prótesis para su mascota no es realista. Así que la innovación local se vuelve más que una conveniencia. Se vuelve accesible.

Marta dijo que desde que el servicio se dio a conocer en redes sociales, han tenido un caso diferente cada mes, y la demanda ha continuado. Comentó que los clientes les dan la confianza para hacer el trabajo.

La confianza es la moneda aquí porque la regulación y la especialización son limitadas. Las personas están confiando el futuro de un animal a un pequeño emprendimiento nacido de la necesidad original de un perro.

Luego está el dinero—no un concepto abstracto, sino un obstáculo tangible.

La historia de Pepito lo deja claro. Cuando tenía nueve meses, le amputaron las patas traseras debido a una malformación. Tiene aprobación veterinaria para usar prótesis. Su dueña dice que hará lo que sea necesario para recaudar los fondos y que él pueda caminar.

Aquí, una historia médica personal se vuelve social. Cuando existen prótesis, la pregunta pasa de la posibilidad a la asequibilidad. La presión moral crece a medida que los dueños se sienten obligados a intentarlo y las familias empiezan a presupuestar.

Otro perro, Nemo, muestra lo que ocurre cuando el proceso funciona. Nemo nació sin una pata y ahora tiene una prótesis hecha gracias al trabajo de Marta. Su dueña, Melisa Peña, dijo que inicialmente planeaba conseguir una prótesis para Nemo en México, pero eligió a Marta después de conocer su servicio.

“En redes sociales vi el anuncio de Orth-vetgrace. Escribí, empezamos a hablar y nos reunimos para iniciar el proceso”, contó a EFE.

Nemo lleva usando la prótesis unos tres meses y aún se está adaptando. Melisa describió a los animales como resilientes, señalando que aunque Nemo siempre intentó moverse, la prótesis le da mayor estabilidad y soporte. Hacía todo lo posible por moverse, pero la prótesis le da más estabilidad, y se le ve apoyarse en ella. Se ha ido acostumbrando”, dijo a EFE.

La lección es clara: los animales se adaptan, y las personas también cuando tienen las herramientas adecuadas.

La disputa más amplia es si la región considerará esas herramientas como lujos innecesarios o como esenciales para un cuidado responsable. Un cochecito rodando por la calle no es simplemente una imagen de dificultad; también afirma el derecho a la dignidad y la normalidad.

No es una promesa. No es un eslogan.

Una decisión, tomada cada día de nuevo, de intentarlo.

Lea También: Bombero venezolano convierte la tragedia del Jet Set dominicano en lecciones de protocolo hoy

Related Articles

Botón volver arriba
LatinAmerican Post