DEPORTES

Paquetá regresa a casa mientras aflora el peso mental del fútbol

Lucas Paquetá aterrizó en Río de Janeiro para reincorporarse al Flamengo en la operación más costosa del fútbol brasileño: un traspaso de 42 millones de euros desde el West Ham. Detrás de los vítores en el aeropuerto hay una salida tensa, una investigación por apuestas y un debate en el club sobre el deber en casa.

Una camiseta desde la tribuna

En el aeropuerto de Río de Janeiro, la bienvenida no es tanto un acto preparado como un momento comprimido. La gente se empuja hacia adelante porque hay poco espacio y poco tiempo antes de que las puertas se cierren y el momento se convierta en rumor. El aire se siente cálido y usado. Hay olor a viaje, a cuerpos y ese leve filo que deja un avión. Cerca, los teléfonos se alzan casi automáticamente, ese reflejo cotidiano que convierte a una multitud en un archivo.

Paquetá llega en un vuelo privado desde Inglaterra junto a su esposa y sus dos hijos. Unos doscientos hinchas del Flamengo lo esperan. El ruido es el típico de las multitudes futboleras: no es caótico, solo insistentemente presente. Un jugador entra en el bullicio, y el bullicio intenta absorberlo de nuevo en su historia.

Hace un gesto pequeño que tiene peso en un club como este. Se pone una camiseta de una barra organizada y luego camina hacia los hinchas. Saluda a varios personalmente. Se toma fotos. Dura unos diez minutos, suficiente para que algunos sientan que tocaron el día, y lo bastante breve para que siga pareciendo un destello.

“Necesitaba esto. Siempre fui muy Flamengo. Nada me sacó de la cabeza que algún día volvería a casa. Quizás Flamengo no me necesitaba, pero yo necesitaba a Flamengo”, dijo Paquetá en declaraciones al canal oficial del club mientras los hinchas se agolpaban cerca.

Esa frase hace más que declarar afecto. Explica por qué este traspaso se dio como se dio, y por qué el dinero, el contrato y el momento son solo la cáscara exterior.

Flamengo confirmó el fichaje el día antes de su llegada, llamándolo la transferencia más cara en Brasil. El monto, cuarenta y dos millones de euros, es el número de portada, el que hace que la operación suene a pura ambición. El club anunció que el contrato será hasta 2030. El plan es inmediato: exámenes médicos, presentación, entrenamiento y papeleo, todo lo suficientemente rápido para inscribirlo antes del viernes.

Si la inscripción se completa a tiempo, Flamengo espera que pueda debutar el domingo en la final de la Supercopa do Brasil en Brasilia contra Corinthians, el campeón brasileño enfrentando al campeón de la Copa do Brasil por el primer título de la temporada. El calendario suena a certeza. Pero el problema es que la certeza es precisamente lo que a Paquetá le ha faltado.

Él dice que está físicamente listo para jugar de inmediato. También afirma que el cariño de los hinchas fue importante, especialmente después de lo que llama las investigaciones en Inglaterra sobre su presunta implicación en una red de apuestas. Dice que los mensajes y pedidos para que regresara influyeron en su decisión de volver. En esa microscena del aeropuerto, queda claro que el traspaso no se vende solo como una operación futbolística. Se vende como una especie de reparación.

Lucas Paquetá (D) saluda a hinchas del Flamengo a su llegada a Río de Janeiro, Brasil. EFE/ Antonio Lacerda

Lo que West Ham no dijo

Para el West Ham, la despedida no fue amable. El club confirmó que Paquetá tenía permiso para unirse al Flamengo y agradeció a la directiva, jugadores, empleados y aficionados por el apoyo que le brindaron, especialmente durante los últimos dos años y medio. Pero no hubo un agradecimiento directo a Paquetá.

En el fútbol, las omisiones pueden ser más ruidosas que los discursos. Un club puede elogiar la infraestructura alrededor de un jugador y aun así comunicar decepción con el propio jugador. Eso sugería el comunicado: un malestar que se había espesado en sus últimos meses en Londres.

Paquetá, de veintiocho años, no jugaba para el West Ham desde la derrota 2-1 en casa ante el Nottingham Forest el seis de enero. Fue sustituido en el minuto sesenta y tres por un espasmo en la espalda. Algunas fuentes del club describieron la lesión como menor. Otras voces discreparon. Lo que importa para la historia del traspaso es que para entonces, le quedaban dieciocho meses de contrato y ya no se movía como un jugador plenamente integrado en el proyecto.

Pidió no jugar en la tercera ronda de la FA Cup contra Queens Park Rangers el once de enero. No estuvo presente ante Sunderland, cuando el West Ham logró su tercera victoria consecutiva. Se perdió el triunfo 2-1 sobre Tottenham Hotspur el diecisiete de enero por lesión en la espalda. En paralelo, las negociaciones con Flamengo se intensificaron y el ruido en torno a su situación creció.

West Ham se resistió al principio. Su posición en la Premier League era precaria y valoraban a Paquetá por encima de las primeras ofertas del Flamengo. Flamengo abrió con treinta y cinco millones de euros, que fue rechazada. Una segunda oferta llegó con treinta y ocho millones más cuatro en variables. West Ham también la rechazó. El club exploró condiciones para mantenerlo disponible, incluyendo una propuesta de venderlo pero que regresara cedido. Flamengo lo quería de inmediato.

Dentro del club, el entrenador intentó convencerlo de quedarse hasta el final de la temporada. Pero la postura del jugador se endureció. Tras la derrota ante Nottingham Forest, fuentes dijeron que Paquetá le comunicó al técnico Nuno Espírito Santo que no estaba mentalmente preparado para jugar. Altos cargos creían que la larga investigación por apuestas de la Federación Inglesa lo había afectado mentalmente. La investigación terminó con su absolución en julio de dos mil veinticinco, pero ser absuelto no es lo mismo que borrar todo.

Incluso cuando un jugador es absuelto, los meses de acusaciones no desaparecen fácilmente. La apuesta aquí es que hinchas, clubes y ligas quieren que los jugadores se comporten como máquinas y luego se sorprenden cuando la parte humana se resiste.

West Ham dijo que la investigación tardó dos años en resolverse y le causó un gran desgaste mental. El club aseguró que hizo todo lo posible para convencerlo de quedarse, pero él se mantuvo firme en su deseo de irse por motivos personales y familiares y empezar de nuevo en Brasil. El club aceptó a regañadientes su solicitud de traspaso.

Nuno Espírito Santo fue más conciliador en público. “Lucas fue claro en que quería volver a casa”, dijo. Lo llamó un jugador especial y una persona especial. Dijo que el club seguiría adelante.

Paquetá luego habló en un video de despedida, describiendo cicatrices, paz y el deseo de volver a encontrar alegría en el fútbol. Dijo que lo necesitaba por su salud mental, por su esposa y por sus hijos. Dijo que volvía a casa.

Ese es el centro no contado del traspaso. No que Flamengo gastó mucho. No que West Ham hizo caja. La historia más profunda es que un jugador enmarcó su salida como una necesidad, no una preferencia, y un club reconoció públicamente el desgaste mientras en privado mostraba amargura.

Lucas Paquetá (D) del Flamengo. EFE/ Andre Borges

Dinero récord, viejas preguntas

En la cancha, el currículum de Paquetá en Europa es directo. Pasó de Flamengo al Milan en dos mil diecinueve, luego jugó en Lyon y después se unió al West Ham en el verano de dos mil veintidós. Disputó ciento treinta y nueve partidos con el West Ham, marcando veintitrés goles y dando quince asistencias. Esta temporada, la cuarta en el club, jugó diecinueve veces.

Su trayectoria también muestra lo que la incertidumbre prolongada hace a una carrera. Atrajo el interés del Manchester City en 2023, una operación que no avanzó por la investigación de la Federación Inglesa sobre supuestas infracciones de apuestas. Más tarde, despertó interés del Aston Villa. A pesar de todo, siguió siendo un jugador lo suficientemente bueno para ser deseado y lo suficientemente problemático para ser complicado.

Para Flamengo, el traspaso se presenta como un regreso a casa y una ventaja competitiva. El club es el campeón de la Serie A 2025 tras haber terminado tercero la temporada anterior. Ha reabierto una ruta que antes era clave: formar talento, exportarlo y luego recuperarlo cuando el jugador está maduro y el club es fuerte.

Pero esto no es solo estrategia. También es la economía política del fútbol brasileño, donde los clubes más grandes del país ahora pueden repatriar jugadores con dinero que antes solo salía. Un fichaje récord se convierte en una declaración de que el centro de gravedad no es fijo.

Aun así, los traspasos récord no eliminan viejos problemas. Los clubes brasileños traen jugadores a un mundo intensamente público, con barras organizadas, escrutinio constante y una presión que nunca cede. Si Paquetá vuelve para recuperar la paz, la contradicción es evidente. Río no es tranquilo. Flamengo no es silencio. El consuelo no es el silencio. El consuelo es pertenecer.

Por eso la escena del aeropuerto importa más que cualquier comunicado. Diez minutos de saludos y fotos pueden sonar triviales, pero son una forma de reingreso. Es el jugador tocando a la gente que lo sostuvo en su ausencia, y la gente probando si de verdad ha vuelto.

También pone a la vista una disputa de fondo. ¿Qué le debe un club a un jugador al que defiende públicamente durante una larga investigación? ¿Qué le debe un jugador a un club que dice haberlo protegido? El comunicado del West Ham agradeció a todos menos a él. La despedida de Paquetá agradeció a empleados, trabajadores y jugadores, pero también insistió en que no podía seguir peleando batallas que ya no eran suyas. Ambos lados suenan heridos. Ambos lados creen estar siendo justos.

En la cultura futbolera latinoamericana, ‘casa’ no es un término neutral. Lleva consigo clase, familia, barrio y la idea de que la dignidad puede restaurarse volviendo a donde uno importó por primera vez. Esa creencia puede ser cierta y aun así costosa.

El domingo, si el papeleo se concreta, Paquetá podría debutar rápidamente en Brasilia, buscando su primer trofeo de regreso en rojo y negro. La historia pública volverá a ser el fútbol, como siempre. Pero por debajo, el traspaso seguirá discutiendo consigo mismo: una cifra récord como celebración. Un regreso como necesidad. Un jugador diciendo que necesitaba un club, y un club decidiendo, al menos por ahora, que también lo necesita a él.

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