DEPORTES

Argentina aspira a la corona del rugby mientras América Latina busca un lugar en el escenario global

La candidatura de Argentina para el Mundial de Rugby 2035 va más allá del deporte, poniendo a prueba si Sudamérica puede aprovechar sus estadios, la cooperación regional y la credibilidad del rugby para ganar influencia geopolítica, atraer inversiones y fomentar una renovada identidad continental.

Una candidatura más grande que la pelota

La propuesta de Argentina para albergar el Mundial de Rugby 2035 parece un proyecto deportivo, pero refleja un deseo más profundo de América Latina de pasar del trasfondo al centro del escenario.

Esta candidatura importa más allá de los fanáticos del rugby. Si tiene éxito, traería el torneo a Sudamérica por primera vez. Argentina busca involucrar a Brasil, Chile y Uruguay, convirtiéndolo en un esfuerzo regional que demuestra la capacidad de América Latina para organizarse y presentarse positivamente ante el mundo.

En la región, el deporte suele expresar ambiciones que la política no puede. Un estadio puede comunicar lo que las cumbres no logran. Un torneo proyecta competencia, orden y hospitalidad más allá de lo que consiguen los discursos. En un continente a menudo definido por la deuda, el desorden, la migración o la violencia, Argentina ofrece una imagen diferente: capacidad.

Gabriel Travaglini, presidente de la Unión Argentina de Rugby, dijo: “Queremos un Mundial que refleje la pasión y el desarrollo que el rugby ha alcanzado en cada rincón de nuestro territorio.” De América Latina se espera pasión; el desarrollo implica infraestructura, crecimiento institucional, alcance geográfico y seriedad. Argentina está vendiendo preparación, no solo ambiente.

Esta es una historia geopolítica. Los grandes eventos internacionales se tratan de confianza, visibilidad y de recibir al mundo bajo los propios términos. América Latina produce talento y espectáculo, pero a menudo carece del máximo reconocimiento institucional.

Sudamérica intenta hablar con una sola voz

Un aspecto clave de la candidatura es su enfoque regional. Argentina busca involucrar a Brasil, Chile y Uruguay, haciendo del torneo una plataforma sudamericana más que un esfuerzo de un solo país. Esto es significativo dada la historia de solidaridad de América Latina, pero también de desafíos en la cooperación.

Un Mundial exige coordinación práctica, no ideología: transporte, sedes, calendario, seguridad, transmisión y presentación compartida. Incluso si el centro es Argentina, involucrar a los países vecinos muestra que la región intenta actuar como bloque y no como ambiciones separadas.

Esto importa porque América Latina es simbólicamente fuerte cuando está unida, pero institucionalmente débil para convertir el simbolismo en estructura. Una candidatura multinacional no borra estas contradicciones, pero puede alinearlas temporalmente, poniendo a prueba la capacidad de la región para cooperar más allá de la retórica.

Argentina entra en esta discusión con verdadera autoridad deportiva. Ha jugado en los diez Mundiales de Rugby anteriores y llegó a semifinales en tres de las últimas cinco ediciones. Esa historia le da a la candidatura una credibilidad que va más allá del deseo regional. Argentina no pide una excepción sentimental. Lo hace desde la tradición competitiva seria del deporte.

Argentina puede destacar sedes que convierten la legitimidad deportiva en viabilidad comercial. Los Pumas juegan partidos de local en estadios multipropósito en todo el país. En julio, enfrentarán a Escocia en el Estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba, a Gales en el Estadio San Juan del Bicentenario y a Inglaterra en el Estadio Único Madre de Ciudades. El Estadio Más Monumental en Buenos Aires, el más grande de Sudamérica, con capacidad para más de 85,000 personas, sobresale.

Estos detalles son más que logística. En el deporte global, la infraestructura transmite confianza. Un estadio grande y funcional demuestra que los organismos allí tienen potencial de ingresos, público y atractivo de mercado. América Latina entiende cada vez más que ser anfitrión requiere tanto pasión como instalaciones adecuadas.

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La verdadera competencia está fuera de la cancha

Aun así, Argentina no compite en un salón vacío. Japón y España ya confirmaron su intención de competir por el torneo de 2035. Italia ha expresado interés anteriormente. También se rumorea una candidatura conjunta de Medio Oriente que incluiría a Arabia Saudita, Catar y los Emiratos Árabes Unidos. Ese grupo revela el terreno más profundo en el que se tomará esta decisión.

World Rugby equilibra dos prioridades al elegir sedes: maximizar los ingresos comerciales y expandirse a nuevos mercados. Estos objetivos a veces entran en conflicto, lo que crea una oportunidad para Argentina. Japón fue anfitrión en 2019 y Estados Unidos lo será en 2031, lo que indica un enfoque en el crecimiento más que en la repetición. Argentina debe demostrar que Sudamérica es más que una frontera romántica; debe probar que la región ofrece suficiente escala, seguridad y valor simbólico para justificar el riesgo.

Aquí, la política se intensifica. Una candidatura argentina exitosa significaría que América Latina es central para el futuro del rugby. Demostraría que un país sudamericano, apoyado por sus vecinos, puede competir con las regiones tradicionales del rugby y el atractivo financiero de Medio Oriente y mercados emergentes como Japón y Estados Unidos.

Un triunfo así resonaría más allá del deporte, ofreciendo a América Latina una rara historia de creciente confianza institucional—no nostalgia, agravios ni exportación de talento, sino un momento en que la región fue elegida para recibir al mundo.

Si Argentina no lo logra, será una señal de que, pese a su trayectoria, infraestructura y visión multinacional, el poder de decisión global sigue estando en otro lado. La región seguirá siendo admirada e invitada, pero no plenamente confiada.

Por ahora, la campaña de Argentina se sitúa en esa intersección cargada entre deporte y estatus. La visita de Alan Gilpin para recopilar información es parte del lento ritual previo a la presentación formal de candidaturas en la segunda mitad de 2026. Tras las visitas y evaluaciones, World Rugby identificará un anfitrión preferido en mayo de 2027, con una votación posterior en noviembre.

De aquí a entonces, Argentina está presentando un argumento más amplio: que Sudamérica no es solo pasión, sino también centralidad; no solo tierra fértil, sino organización; no solo fuente de multitudes memorables, sino arquitecta legítima del calendario deportivo global. En América Latina, estas distinciones importan—determinan si la región es solo observada o verdaderamente respetada.

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