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Argentina y Uruguay persiguen a United mientras Ratcliffe apunta ruidosamente a los inmigrantes

Un insulto de estadio de hace décadas aún resuena en las conversaciones de la directiva actual. Cuando un dueño del Manchester United ataca la inmigración, Argentina y Uruguay en la plantilla dejan de ser simples datos de pasaporte y se convierten en un argumento vivo sobre trabajo, identidad y quién puede ser el club.

Una patada de kung fu que nunca terminó

La escena comienza con un lenguaje destinado a empequeñecer a una persona. Un aficionado del Crystal Palace lanza un insulto feroz a Eric Cantona, diciéndole que regrese a su país. Cantona responde saltando la barrera en Selhurst Park y lanzando una patada de kung fu. Años después, él lo llamaría su mejor momento, y aceptó un castigo de nueve meses y servicio comunitario por algo de lo que nunca se arrepintió: golpear a un racista.

Han pasado treinta y un años desde aquel día en el sur de Londres. Sin embargo, el problema es que el argumento detrás de ese hecho sigue resurgiendo, solo que con diferentes disfraces. En aquel entonces, era un hombre en las gradas exigiendo que la pertenencia se vigilara con groserías. Ahora es la voz de un ejecutivo multimillonario, disfrazada de preocupación económica, llegando al mismo lugar.

Por un breve periodo, los aficionados del Manchester United sintieron esperanza, creyendo que el equipo podría resurgir. La narrativa se suavizó, despertando orgullo y un sentido de unidad, mientras la esperanza brillaba por un futuro mejor.

Luego Jim Ratcliffe, el multimillonario que posee casi un tercio del club, dijo que Gran Bretaña ha sido colonizada y que eso cuesta mucho dinero. Afirmó que la inmigración trajo a 12 millones de personas en seis años, pero las estadísticas oficiales muestran solo un aumento de 2 millones desde 2020. Esta discrepancia plantea preguntas sobre las narrativas económicas utilizadas para justificar sentimientos antiinmigración y su impacto en la cohesión social.

Es tentador descartar esto como un error de cifras, pero revela divisiones sociales. Llega a un club cuya identidad ha sido moldeada por forasteros, lo que lleva a reflexionar sobre las divisiones en la sociedad.

Argentina y Uruguay dentro de un club construido por forasteros

Mira el primer equipo masculino, y la contradicción no es solo teórica. Hay veinte inmigrantes en la plantilla, de Argentina, Uruguay, Bélgica, Turquía, Brasil y más. Esta diversidad es un testimonio de que el éxito del club está enraizado en el talento global, lo que entra en conflicto directo con los comentarios de Ratcliffe sobre inmigración e identidad del club.

De esa lista se desprende una observación cotidiana, implícita en la forma en que funciona el fútbol moderno. No puedes ver un partido sin escuchar acentos mezclarse, sin ver banderas cosidas en los botines, sin ver a compañeros traduciendo la urgencia del otro en tiempo real. El vestuario no es una nación. Es un lugar de trabajo. Un lugar donde la gente llega porque es buena en su oficio, y porque alguien pagó para traerla.

Incluso la propiedad lleva esa verdad. La familia Glazer, que posee más del setenta por ciento del club, viene de Estados Unidos. Las leyendas del club a menudo fueron importadas. Cristiano Ronaldo llegó desde fuera de Inglaterra. Cantona también. Peter Schmeichel también.

Las notas no tratan estos hechos como curiosidades. Los convierten en un registro de cómo se construyó el éxito. ¿Quién marcó el gol que dio al club su segunda Copa de Europa en 1999? Un noruego, Ole Gunnar Solskjaer. ¿Quién atajó los penales que ayudaron a ganar la tercera en 2008 y fue nombrado mejor jugador del partido? Un holandés, Edwin Van der Sar.

Así que la apuesta aquí es simple y brutal. Cuando Ratcliffe ataca la inmigración, no está solo discutiendo una política; está desafiando la propia identidad del Manchester United, que históricamente ha sido construida por forasteros e inmigrantes. Esto habla directamente a los valores fundamentales del club y cómo la retórica de la dirigencia puede amenazar ese legado.

Un cartel critica los comentarios de Sir Jim Ratcliffe sobre inmigración frente a Old Trafford en Manchester, Gran Bretaña. EFE/EPA/Adam Vaughan

El objetivo es la pobreza, no el pasaporte

La crítica de Ratcliffe, argumentan las notas claramente, no está dirigida a los inmigrantes como tales. Está dirigida a los inmigrantes pobres. Él dice que no se puede tener una economía con nueve millones de personas recibiendo ayuda y con alta inmigración. Esa cifra, también, se describe como falsa. El número de personas que reciben ayuda en el Reino Unido no supera los dos millones.

Aquí es donde el lenguaje sobre la colonización deja de ser simplemente inexacto y se convierte en una especie de mecanismo. Un multimillonario puede decir inmigrante y querer decir amenaza. Pero su propio club depende de los inmigrantes como recurso, como activo de marca, como herramienta ganadora. La contradicción solo se resuelve si divides a los inmigrantes en categorías que no necesitan ser nombradas. Los celebrados, que marcan goles y venden camisetas, y los desechables, que limpian, sirven y solicitan ayudas.

Las notas llevan esa división al nivel de la historia familiar. Kobbie Mainoo es inglés, sí, pero sus padres son ghaneses. Ayden Heaven, un defensor central que aparece regularmente en las alineaciones del primer equipo a pesar de tener 19 años, tiene un abuelo ghanés. No son excepciones. Son el reflejo de la Gran Bretaña moderna y del fútbol moderno al mismo tiempo.

El grupo musulmán oficial del club enfatizó que el Manchester United es un club global construido sobre la diversidad. Destacaron que nuestra fortaleza radica en la inclusión, fomentando el orgullo y la unidad entre los aficionados.

Las declaraciones de Ratcliffe, dicen las notas, no son nuevas. Aparecen junto a un patrón en la forma en que trata a los trabajadores dentro del club. Eliminó el derecho de los empleados a comidas gratuitas en la cafetería del campo de entrenamiento y dijo que a él nunca le dieron comida gratis. En más de dos años en United, ha despedido a más de 400 personas mientras desperdiciaba millones en jugadores que no han rendido. Quitó las pensiones a leyendas del club como Alex Ferguson. Eliminó privilegios laborales, incluido el derecho a viajar a la final de la FA Cup.

Así que cuando ahora ataca a los inmigrantes mientras se escuda en su papel de empresario, también está haciendo otra cosa. Las notas insisten en que está olvidando que es representante del Manchester United. Y se está alejando de la razón principal por la que Cantona le dio una patada a un racista en las gradas hace tantos años.

Porque el insulto siempre regresa a la misma frase.

Vete a tu país.

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