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La chispa colombiana enciende la temporada del Bayern: el impacto inmediato de Díaz

Firmado por 70 millones de euros procedente del Liverpool, Luis Díaz ha detonado la campaña del Bayern Múnich desde el primer silbato: marcando goles decisivos en la Supercopa y la Bundesliga mientras arma el ataque de Vincent Kompany en algo nuevo. Dos partidos, y la historia del campeón ya parece reescrita.

Una apuesta de 70 millones con dividendos inmediatos

El trayecto de Anfield al Allianz rara vez es sencillo, pero Díaz lo ha hecho ver fácil. Días después de su presentación, el extremo colombiano entró directamente en el once titular del Bayern e inclinó dos partidos a favor del club.

En su debut, marcó en el minuto 77 de la Supercopa contra el Stuttgart, sellando un triunfo 2–1 y el primer trofeo de la era Kompany. Una semana después, en el estreno liguero ante el Leipzig, Díaz fulminó la escuadra con un derechazo para el segundo gol del Bayern y luego participó en dos tantos de Harry Kane en la paliza 6–0.

Dos partidos. Dos goles. Varias asistencias y secuencias ofensivas que transformaron el optimismo de pretemporada en prueba inmediata. Díaz no llegó como un accesorio de lujo para la brillante plantilla del Bayern. Llegó como un catalizador: un acelerante que el club sabía que necesitaba, pero quizá no tan rápido.

El nuevo orden de Kompany encuentra equilibrio en las bandas

Lo más llamativo es lo rápido que Díaz se ha vuelto indispensable. En ambos partidos fue uno de solo cuatro jugadores —junto a Manuel Neuer, Josip Stanišić y Joshua Kimmich— en disputar todos los minutos. El plan de Kompany es claro: Díaz abierto a la izquierda, Michael Olise abierto a la derecha, y Kane conectando entre ambos.

El resultado ha sido rotundo. Los ocho goles del Bayern en Supercopa y Bundesliga surgieron de ese tridente: Kane (cuatro), Olise (dos) y Díaz (dos). Más allá de los números, Díaz ha dado amplitud y ritmo. Sus carreras pegadas a la línea estiran defensas, creando líneas de pase más limpias para Kimmich y los mediocampistas. Sus regresos defensivos cortan opciones de pase al instante, transformando la presión por oleadas de Kompany en algo tangible.

El efecto es un equipo que parece más ancho y más compacto a la vez: estirado para agotar al rival, comprimido para devorar balones sueltos cerca del área.

Además, Díaz se ve más fino de cara al gol que en ciertos tramos de su etapa en Liverpool. En Porto anotaba cada tres partidos; en Liverpool, cada 3,6. En Baviera, la muestra es pequeña pero brillante: dos encuentros, dos goles, un ritmo que iguala sus mejores inicios en cualquier club. La diferencia se nota: irrupciones más confiadas en los medios espacios, intercambios rápidos al primer toque con Kane y un pie derecho revitalizado, antes considerado su punto débil.

Un verano de gasto singular y una declaración de intenciones

La química instantánea del colombiano tiene aún más valor porque el verano del Bayern fue inusualmente mesurado. Solo llegaron tres fichajes senior: Tah y Tom Bischof libres, y Díaz como la única gran inversión. Con 70 millones, fue la séptima transferencia más cara de la ventana y, en la historia del Bayern, solo detrás de Kane (95M) y Lucas Hernández (80M).

Para una directiva ansiosa de renovar sin dinamitar la escala salarial, Díaz fue la apuesta calculada. Su valor de mercado se disparó un mil por ciento en seis años —de 7M en Junior de Barranquilla a 85M en su pico en Liverpool—. Esa proyección, junto con su edad de plenitud, lo hizo irresistible.

El Bayern básicamente dijo: si solo vamos a fichar una estrella este verano, que sea un extremo capaz de marcar, crear y llevar el ritmo del ataque. Hasta ahora, la jugada luce visionaria.

EFE/EPA/RONALD WITTEK

De aspirante a pieza central — y lo que viene

También hay un componente emocional. En Liverpool, Díaz a menudo parecía un recurso alternativo dentro de una geometría dominada por Mohamed Salah. En Múnich, la geometría le pertenece. La costumbre de Kane de retroceder libera el carril izquierdo para él. La amenaza de Olise por la derecha impide las marcas dobles. Y la preferencia de Kompany por las transiciones verticales premia su instinto de atacar pronto en lugar de reciclar la jugada.

El resultado en 180 minutos es un extremo que combina fuerza de ariete y compás de metrónomo: un jugador capaz de ganar un duelo afuera del área o pausar lo justo para filtrar un pase entre líneas.
La Bundesliga, claro, es un maratón. Los rivales estudiarán videos, se ajustarán y le negarán los primeros pases. El mercado prudente dejó a la plantilla algo justa, y Kompany tendrá que rotar sin perder ritmo. Pero si estos primeros actos sirven de guía, el Bayern no fichó solo a un goleador. Adquirió un acelerante del sistema, una chispa colombiana cuya presencia ordena el resto del equipo.

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Habrá noches más duras que una final de Supercopa ante el Stuttgart o un triunfo rotundo sobre el Leipzig. Pero en una liga donde los comienzos marcan tono y en un club que se mide por la Champions, Díaz ya le dio al Bayern lo que ansiaba: un ala izquierda convertida en autopista, un nuevo orden afinado, y la sensación de que un fichaje audaz ha cambiado el aire en Múnich.

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