DEPORTES

Las esperanzas mundialistas de Chile se desvanecen mientras se prolonga la incertidumbre en el banquillo

La selección chilena persigue el Mundial de 2030 sin un entrenador permanente. Tras tres ausencias consecutivas, su esfuerzo de reconstrucción corre el riesgo de confundir caras nuevas con renovación, mientras la política de la federación y el sueño de Manuel Pellegrini vuelven a dejar las decisiones en suspenso.

La vitrina de trofeos no puede jugar

“El proyecto no soy yo. El proyecto son los jugadores”, dijo Nicolás Córdova en declaraciones recogidas por EFE. Es un principio sensato y una descripción incómoda del aprieto de Chile. El entrenador interino le pide a una nueva generación que crea en un trabajo que su eventual sucesor podría decidir descartar.

Los amistosos recientes de La Roja contra Canadá, Estados Unidos y México no han resuelto esa incertidumbre. Detrás hay un historial mucho más duro: tres ausencias consecutivas en el Mundial tras los títulos de la Copa América de 2015 y 2016. El país que gobernó brevemente el fútbol sudamericano terminó último en su más reciente campaña de clasificación.

Chile sumó 11 puntos en 18 partidos, apenas una quinta parte de los 54 disponibles. Anotó nueve goles en 18 partidos, uno cada dos juegos; recibió 27, tres por cada gol que marcó. Esas cifras describen una campaña de fracaso, no una responsabilidad que pertenezca exclusivamente a Córdova. También dejan claro que cambiar de entrenador no puede arreglarlo todo.

La anotación estuvo todavía más concentrada de lo que sugiere ese promedio. Cuatro goles llegaron en una sola victoria sobre Venezuela. En los otros 17 partidos, Chile logró cinco. Una noche productiva representó casi el 45% de su producción total. Un amistoso animado puede alentar a los hinchas, pero no puede establecer que haya desaparecido una escasez ofensiva tan persistente.

Un aficionado que tenía ocho años durante el triunfo de 2016 tiene ahora unos 18. La espera ha ocupado buena parte de su memoria futbolística. Incluso la clasificación a 2030 dejaría 16 años entre las apariciones mundialistas de Chile. Lo que dentro de una federación suena a un ciclo de reconstrucción se convierte, fuera de ella, en un tramo considerable de la infancia.

El entrenador de Chile, Nicolás Córdova. EFE/Osvaldo Villarroel

El costo de esperar

La fecha decisiva es el 19 de noviembre, cuando las elecciones determinan el liderazgo de la asociación de clubes profesionales de Chile, la ANFP, y de su federación. Por primera vez, las instituciones tendrán líderes separados. Eso podría aclarar responsabilidades. También podría crear otra excusa para la demora a menos que alguien se haga explícitamente cargo de la dirección deportiva de la selección.

Dentro de la asociación profesional, 16 clubes de primera división tienen 32 votos, mientras que 16 clubes de segunda comparten 16. La mitad de los clubes controla así dos tercios del poder de voto. Es un electorado centrado en los clubes, no un plebiscito nacional sobre el próximo entrenador. Los hinchas viven a La Roja como un bien común; las organizaciones que la rodean tienen sus propias prioridades competitivas. Separar el liderazgo de la federación podría ayudar a conciliar esos intereses, pero solo si la planificación de la selección obtiene un mandato con rendición de cuentas y no otra capa de negociación. Un nuevo organigrama no puede seleccionar ni entrenar jugadores.

Sobrevolando el proceso está Manuel Pellegrini, el nombre preferido cuya disponibilidad sigue siendo condicional. El técnico chileno está comprometido con el Real Betis hasta al menos mayo de 2027. Ningún nombramiento en la selección está asegurado. Esperar a que se libere su agenda no es lo mismo que obtener su firma.

Para entonces, quedaría aproximadamente un año antes de la Copa América 2028. La preparación no tiene por qué detenerse mientras un nombramiento está pendiente. Pero cada concentración debería dejar algo que el próximo entrenador pueda usar. De lo contrario, Chile está gastando valiosas fechas internacionales evaluando jugadores con criterios que pueden cambiar antes de que esos jugadores reciban otra convocatoria.

EFE también informa de versiones de prensa sobre descontento en el plantel, junto con la salida inesperada de Marcelino Núñez durante la reciente ventana internacional. Eso no establece por sí solo por qué se fue ni prueba una rebelión en el camarín. Convertir la incertidumbre en una convicción sería injusto. Una autoridad clara, sin embargo, se vuelve especialmente importante cuando los rumores empiezan a llenar el espacio alrededor de un nombramiento temporal.

El entrenador de Chile, Nicolás Córdova. EFE/Osvaldo Villarroel

Las caras nuevas necesitan un equipo

La pregunta en torno al atacante del Crystal Palace Darío Osorio y al extremo del Elche Lucas Cepeda no es cuál de los dos será el próximo Alexis Sánchez. Es cómo crea Chile situaciones en las que sus habilidades funcionen juntas. El desarrollo de Vicente Pizarro en el mediocampo del Rosario Central debe conectar con el movimiento de delanteros como Alexander Aravena, del Portland, en lugar de limitarse a alargar la nómina.

Sus distintos entornos en los clubes ofrecen experiencia, pero una colección de direcciones en el extranjero no los define. Tampoco debería usarse la ausencia de otro Arturo Vidal o Claudio Bravo para justificar el aplazamiento de la renovación. Comparar a jugadores en desarrollo con sus predecesores en su mejor momento fija un estándar que la propia generación anterior no cumplió desde su primera aparición.

Se espera que Córdova regrese a su función de dirigir las selecciones juveniles tras los amistosos de noviembre contra Colombia. Eso no tiene por qué borrar su trabajo con la selección mayor. Su conocimiento de los jugadores emergentes podría dar al próximo entrenador un punto de partida útil, siempre que el traspaso conserve algo más que nombres; importa por qué se eligió a un jugador. También importa lo que le costó hacer.

La continuidad no exige mantener al mismo técnico para siempre. Exige decisiones que sobrevivan a su salida. Un joven extremo necesita saber si perder la pelota traerá instrucciones o un exilio inmediato del plantel. Un mediocampista necesita oportunidades repetidas para entender a los jugadores que lo rodean.

El próximo entrenador permanente merece margen para cometer errores, pero la paciencia debe estar respaldada por evidencia. Chile puede exigir un mejor juego colectivo sin exigir un resurgimiento instantáneo de 2016. La generación dorada hizo reconocible al equipo. Sus sucesores merecen la oportunidad de volverse reconocibles por derecho propio, antes de que otra decisión postergada convierta 2030 en otro torneo sin ellos.

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