DEPORTES

México apuesta por la calma mundialista mientras se extiende el impacto de la caída de Mencho

A tres meses del Mundial 2026, México insiste en que sus trece partidos son seguros. Tras la muerte del líder del cártel El Mencho, Jalisco se blindó y se pospusieron partidos. FIFA y la presidenta Claudia Sheinbaum aseguran que los visitantes no corren ningún riesgo.

Jalisco se blinda mientras avanza el reloj del Mundial

En un domingo de alerta roja en Jalisco, las rutinas que hacen que una ciudad se sienta normal fueron lo primero en desaparecer. Se suspendió el transporte público. Se suspendieron las clases presenciales. Se suspendieron los eventos masivos. La decisión vino del gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, y cayó como un freno en seco sobre el área metropolitana de Guadalajara, incluyendo Zapopan, donde el Estadio Akron espera los partidos de repechaje de finales de marzo y los cuatro partidos de la fase de grupos del Mundial programados del 11 al 26 de junio.

El humo fue el hecho sensorial que ningún comunicado de prensa pudo disimular. Se incendiaron autos, aparecieron bloqueos y negocios fueron quemados mientras el caos se extendía por la ciudad tras la muerte de Nemesio “El Mencho” Oseguera Cervantes, identificado en los reportes como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG. Hubo enfrentamientos armados con el ejército mexicano. También hubo un motín en la cárcel de Puerto Vallarta. Para los habitantes, la observación cotidiana era más simple y directa: cuando no circulan los camiones y no abren las escuelas, la crisis se siente en las manos, en el calendario, en las pequeñas improvisaciones que siguen.

Este es el contexto de la pregunta que ha salido a la luz, aunque nadie en el poder quiera plantearla en voz alta. ¿Puede México garantizar la seguridad de equipos, funcionarios y aficionados cuando el mundo llegue en junio y julio, cuando Guadalajara será sede y el país albergará trece partidos en total?

Si tomamos la palabra de los dos principales actores, la respuesta es sí. FIFA dice tener “plena confianza” en la capacidad de México para organizar esos partidos de manera segura. La presidenta Claudia Sheinbaum ha ido más allá, asegurando que no habrá “ningún riesgo” para quienes viajen al torneo, incluidos los visitantes a Guadalajara.

El problema es que tengan que decirlo en primer lugar.

El momento explica la confianza. El partido inaugural del Mundial 2026 está a poco más de tres meses. Cualquier cambio de ciudad o país sede en esta etapa provocaría un caos organizativo para la FIFA, y para México, supondría un daño reputacional difícil de dimensionar. Ambas partes tienen incentivos para mantener el rumbo. Ambas partes, como dicen los reportes, lucharán con uñas y dientes.

Pero la volatilidad dentro de México ha hecho que la tranquilidad sea parte de la planificación del evento. TAFC reportó disturbios generalizados tras la muerte de Oseguera Cervantes la semana pasada, y los reportes describen violencia y represalias de miembros del cártel que las autoridades tardaron días en controlar. Gran parte de la violencia más grave, según los reportes, ocurrió en Jalisco, una de las tres sedes mexicanas del Mundial, junto con Ciudad de México y Monterrey. Más de sesenta personas murieron, incluidos al menos veinticinco miembros de la Guardia Nacional mexicana.

En el lenguaje del deporte, un torneo debe ser un calendario. En el lenguaje de la crisis, un calendario se convierte en un riesgo.

El fútbol lo sintió de inmediato. Se pospusieron varios partidos, incluido un encuentro de Liga MX entre Querétaro y FC Juárez el lunes. La Liga MX Femenil pospuso el clásico tapatío entre Chivas de Guadalajara y Club América en el Estadio Akron la noche del domingo. No fueron decisiones simbólicas. Fueron decisiones prácticas, tomadas bajo el nivel más alto de alerta de seguridad descrito en los reportes.

Y esos aplazamientos hicieron lo que ya provocan los disparos y las llamas. Convirtieron una emergencia local de seguridad en un debate internacional sobre si la elección de México como país sede debe reconsiderarse.

Sheinbaum aseguró que existe “confianza” en la organización de partidos de preparación rumbo al Mundial de fútbol de 2026. EFE/José Méndez

Plena confianza en público y ansiedad en privado

La postura pública de la FIFA ha sido deliberadamente inequívoca. Un portavoz dijo que sería inexacto y engañoso sugerir que existen preocupaciones significativas, e insistió en que la FIFA tiene “plena confianza” en los tres países anfitriones: México, Canadá y Estados Unidos. Otro vocero de FIFA ofreció un marco más amplio: “México está abordando la planificación del Mundial como un asunto de seguridad nacional y orgullo nacional, y ha destinado los recursos necesarios. FIFA confía en la capacidad de inteligencia y operación de sus socios mexicanos.”

El discurso de Sheinbaum también está construido para proyectar estabilidad más que dramatismo. “Lo más importante es que nuestro objetivo es la seguridad y la paz, y en eso estamos trabajando”, dijo. Agregó que no habría “ningún riesgo” para los visitantes a Guadalajara.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, recurrió a la lógica institucional. “Para eso tenemos gobiernos, policías y autoridades que garantizarán el orden y la seguridad”, dijo. “El Mundial va a ser una celebración increíble.”

Sin embargo, los reportes también incluyen una segunda vía, más silenciosa. Una fuente dentro de FIFA, que habló bajo condición de anonimato, dijo a The Athletic que la FIFA estaba preocupada en privado por la situación en México y temía que un partido de repechaje de clasificación mundialista programado para el próximo mes en Jalisco tuviera que ser reubicado. FIFA ha negado esas sugerencias. Aun así, la ansiedad no es difícil de entender si se lee el calendario junto a los titulares. Finales de marzo no está lejos. Junio tampoco.

El propio comunicado de la organización dejó una puerta entreabierta, no por lo que dijo, sino por lo que se negó a confirmar. “En FIFA México, estamos monitoreando de cerca la situación en Jalisco y mantenemos comunicación constante con las autoridades”, dijo el portavoz, agregando que FIFA no comentaría sobre “hipótesis y especulaciones”. El mensaje fue de colaboración y vigilancia, sí. Pero también fue un reconocimiento de que, por ahora, el plan depende de cuán rápido se pueda restaurar la “normalidad”.

Un alto directivo de la Federación Alemana de Fútbol fue más tajante, diciendo que los disturbios dejaban “poco espacio para la expectativa mundialista”. Esa frase encierra su propia verdad. La expectativa requiere un excedente emocional. Las alertas rojas dejan poco margen.

Esto coloca a México en una encrucijada conocida, política y cultural a la vez. El Estado debe demostrar control sin admitir vulnerabilidad. Debe prometer seguridad sin convertir al país en un teatro de seguridad. Debe convencer al mundo sin ocultar la realidad que viven sus propios ciudadanos.

Las fuerzas especiales de la Guardia Nacional de México han sido desplegadas en medio de un estado de máxima alerta, según los reportes. Ese despliegue, en términos oficiales, busca tranquilizar. En términos humanos, también señala cuán en serio se está tomando el gobierno la amenaza de violencia en el área metropolitana de Guadalajara.

Personas caminan por una calle del centro histórico este miércoles, en Guadalajara, Jalisco (México). EFE/ Francisco Guasco

Un plan de torneo basado en restaurar la normalidad

Para la noche del lunes, las autoridades mexicanas habían comenzado a restablecer el orden, según los reportes. Medios locales informaron el lunes por la noche que algunos negocios reabrirían y las clases se reanudarían el miércoles, aunque los protocolos de suspensión continuarían hasta el martes. Es un progreso limitado, el que se manifiesta en una puerta abierta y un viaje de regreso al trabajo, más que en una declaración dramática.

En términos futbolísticos, México intenta continuar con la normalidad. Y la frase aquí carga mucho peso. Normalidad. Normalidad. Los reportes señalan que un amistoso internacional entre México e Islandia sigue programado para jugarse en Querétaro, incluso cuando otros partidos fueron pospuestos.

Esa decisión, de mantener algo en la cancha, es en parte mensaje y en parte necesidad. México necesita demostrar que puede albergar un partido ordinario bajo escrutinio, porque el Mundial no es solo un partido. Es un ecosistema de equipos, personal, medios, patrocinadores, transporte y multitudes moviéndose por una ciudad a gran escala. El Estadio Akron, en particular, no es una sede abstracta. Es un lugar con fechas concretas: el repechaje de finales de marzo, luego cuatro partidos del Mundial del 11 al 26 de junio.

La apuesta aquí no es solo si la violencia puede ser contenida. Es si la confianza puede mantenerse el tiempo suficiente para que la contención se vuelva visible, repetible y aburrida. El tipo de seguridad que no necesita un comunicado de prensa.

FIFA y México coinciden en el objetivo principal: mantener el torneo, el calendario y la narrativa global intactos. Pero los mismos reportes que transmiten tranquilidad también muestran por qué esa tranquilidad es necesaria. Cuando una ciudad ha visto enfrentamientos armados, autos incendiados, bloqueos y negocios en llamas, y cuando un gobernador suspende el transporte, las clases y los eventos masivos, la pregunta deja de ser teórica. Se vuelve logística. Se vuelve personal.

Por ahora, México sigue siendo país sede y FIFA dice tener “plena confianza”. Pero los ojos del mundo están puestos en México, y no solo porque viene el Mundial. Los ojos están en México porque la historia de si se puede restaurar el orden en Jalisco ya no es solo una lucha interna. Es una prueba que ocurre en tiempo real, con un estadio en el calendario y un país contra el reloj.

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