DEPORTES

México se prepara para recibir el Mundial con memoria futbolística, diversidad y orgullo

Con México como país invitado en FITUR Madrid, el fútbol se convierte en un lenguaje y una promesa. A medida que se acerca el Mundial 2026, las ciudades mexicanas presentan el torneo no solo como un espectáculo, sino también como memoria cívica, estrategia turística y una declaración de apertura en un mundo dividido.

México convierte los stands turísticos en escenarios mundialistas

El fútbol domina la presencia mexicana en la cuadragésima sexta Feria Internacional de Turismo (FITUR) en Madrid, donde México llega no solo como participante, sino como país invitado de honor. Stands brillantes y de gran tamaño ponen al deporte en primer plano con una intensidad que no igualan sus coanfitriones. Mientras Estados Unidos y Canadá mantienen sus pabellones modestos y en gran parte silenciosos respecto al torneo, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey convierten el fútbol en arquitectura.

En el pabellón mexicano, el nombre Jalisco—el estado que alberga a Guadalajara—se escribe con decenas de balones de fútbol en miniatura. Maquetas de estadios se exhiben junto a bufandas adornadas con el trofeo dorado de la Copa Mundial de la FIFA, mientras una pequeña portería invita a los transeúntes a tirar un penal. El mensaje es táctil y deliberado: aquí el fútbol no es un telón de fondo, sino un ritual compartido. Se siente en el diseño, en la invitación a jugar y en el orgullo sin reservas de albergar trece de los ciento cuarenta y cuatro partidos del Mundial 2026, que se celebrará del once de junio al diecinueve de julio.

Ese énfasis contrasta fuertemente con la relativa discreción de los otros anfitriones. Aunque la mayoría de los partidos se jugarán al norte de la frontera mexicana, el centro visual y narrativo en FITUR se inclina hacia el sur. El stand de México es más grande, más ruidoso y más seguro de sí mismo—menos sobre logística, más sobre pertenencia. Refleja una relación de larga data entre el país y la Copa del Mundo, una relación arraigada en la memoria más que en la novedad.

México muestra su orgullo mundialista en FITUR en Madrid, España. EFE/ Pepi Cardenete

Ciudad de México enmarca el fútbol como memoria cívica

La cuenta regresiva ya es pública. En 139 días, el once de junio, se jugará el partido inaugural del Mundial 2026 en la Ciudad de México, donde México se enfrentará a Sudáfrica. La final llegará semanas después en Nueva York, pero el punto de partida simbólico es inconfundiblemente mexicano.

Preparándose para ese momento, la Ciudad de México, una metrópoli de veintitrés millones de habitantes, ha emprendido una renovación que mezcla infraestructura con simbolismo. Las autoridades reportan ochocientas obras públicas, la instalación de 30,000 cámaras de vigilancia en calles y capacitación en hospitalidad para 500,000 personas. La magnitud indica que no se trata solo de un evento deportivo, sino de una movilización de toda la ciudad.

“Queremos compartir al mundo el ambiente mundialista que se va a vivir en la Ciudad de México, y por eso decimos ‘la pelota vuelve a casa’,” dijo Alejandra Frausto, secretaria de Turismo de la Ciudad de México, enmarcando el torneo como un regreso a casa más que como una simple sede, declaró a EFE.

Esa frase—la pelota vuelve a casa—bebe de la historia. La Ciudad de México se convertirá en la única ciudad del mundo en albergar partidos de la Copa del Mundo por cuarta vez, según autoridades locales. Los torneos oficialmente reconocidos son los de mil novecientos setenta y mil novecientos ochenta y seis, pero Frausto insiste en que la historia es más amplia. “Hay otro de mil novecientos setenta y uno que no está reconocido oficialmente por FIFA. Es un mundial femenino y México quedó subcampeón,” agregó, aludiendo al Mundial Femenino de mil novecientos setenta y uno, un evento a menudo marginado en las historias oficiales del fútbol, dijo a EFE.

Esa insistencia en recordar lo no reconocido es reveladora. Se alinea con una visión latinoamericana de los eventos globales—participación acompañada de crítica, celebración matizada por la corrección histórica. Para la Ciudad de México, el Mundial irá mucho más allá de los muros de los estadios. Los 104 partidos se transmitirán gratis en festivales públicos de fútbol. En junio habrá un gran desfile temático de fútbol, mientras que en marzo se realizará lo que las autoridades llaman “la clase de fútbol más grande del mundo”. El treinta y uno de mayo, la ciudad planea una ola humana de dieciséis kilómetros, un gesto coreografiado de anticipación colectiva.

“Vamos a hacer una ola de dieciséis kilómetros… ya habrá parte de este ambiente mundialista,” dijo Frausto, invitando a los visitantes a llegar temprano y presenciar cómo la ciudad se calienta al unísono, declaró a EFE.

México muestra su orgullo mundialista en FITUR en Madrid, España. EFE/ Pepi Cardenete

México ve el fútbol como turismo e inclusión

Más allá de la celebración, las autoridades locales presentan el torneo como una oportunidad económica y cultural. La Ciudad de México quiere que los aficionados al fútbol se queden, recorran y regresen. La oferta es amplia: museos—“somos la ciudad con más museos en el mundo”, destacó Frausto—barrios históricos y rutas temáticas como las que siguen la vida de Frida Kahlo, una de las figuras capitalinas más reconocidas internacionalmente, dijo a EFE.

La ambición se extiende hacia afuera, alentando a los visitantes a explorar estados vecinos, dispersando el ingreso turístico y equilibrando la concentración que suelen generar los megaeventos. “Estamos convencidos de que las personas que vengan se van a convertir en nuestros embajadores y volverán… con sus familias,” dijo Frausto, enfatizando los viajes repetidos por encima del espectáculo de una sola vez, declaró a EFE.

También hay una dimensión social que las autoridades mexicanas destacan más abiertamente que muchas otras ciudades sede. El Mundial 2026 se celebrará durante el Mes del Orgullo LGTBIQ+, y la Ciudad de México pretende aprovechar esa coincidencia en lugar de evitarla. “Vamos a celebrar… la diversidad. Para nosotros la diversidad es la mayor riqueza de la humanidad,” afirmó Frausto, reconociendo que la cultura futbolística a menudo puede sentirse rígidamente binaria y excluyente, dijo a EFE.

El mensaje de la capital es explícito: no importa dónde juegue un equipo. En la Ciudad de México, todas las culturas y nacionalidades son bienvenidas, “sin discriminación, sin racismo, sin ningún tipo de xenofobia,” insistió, declaró a EFE.

En FITUR, esa postura no se presenta como un eslogan, sino que está integrada en la presentación. El fútbol se utiliza como punto de partida para hablar de historia, género, derechos y apertura—un enfoque profundamente arraigado en las tradiciones latinoamericanas de usar la cultura de masas para negociar el significado social. En un torneo global compartido con vecinos más ricos, México se posiciona no como el anfitrión más grande, sino como el más intencional en su narrativa: un país que trata el fútbol como memoria, la hospitalidad como política y la diversidad como ventaja competitiva y no como una nota al pie.

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