DEPORTES

Raíces brasileñas y oro alpino: América Latina reescribe los deportes de invierno

Lucas Pinheiro acaba de ganar la primera medalla olímpica de invierno para Brasil, un oro en el eslalon gigante alpino que sacudió el mapa deportivo de Sudamérica. Su historia mezcla la cultura del esquí noruega con la identidad brasileña, y llega justo cuando Brasil celebra el Carnaval y un nuevo tipo de orgullo nacional.

En la meta, samba donde normalmente gana la nieve

La zona de llegada es donde los deportes de invierno suelen comportarse como si solo importara el tiempo.

Hay una puerta, un reloj y una estrecha franja de nieve removida que parece casi pulida hasta que notas los surcos. Entonces aparece Lucas Pinheiro y aligera el ambiente de la forma más brasileña posible con botas de esquí alpino: bailando samba.

Es un momento pequeño, rápido y ligeramente surrealista, pero lleva el peso de algo mucho mayor. Pinheiro acaba de ganar el oro en eslalon gigante en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán Cortina d’Ampezzo 2026, convirtiéndose en el primer atleta sudamericano en ganar una medalla en los Juegos de Invierno. Una bandera brasileña en un deporte que, para la mayoría de América Latina, siempre ha parecido como un mueble ajeno.

Durante décadas, los deportes de invierno en esta región se han visto como algo para el futuro—algún día, tal vez, si acaso. Pinheiro cambió eso. Ahora se trata de oro, de podio y de pruebas.

Terminó primero por delante de dos estrellas suizas, Marco Odermatt, el campeón defensor, y Loïc Meillard. El sábado, su victoria fue noticia en todo Brasil, un país en modo Carnaval. Incluso el presidente Luiz Inácio Lula da Silva mostró entusiasmo, según los reportes. El contraste es llamativo: calor y música en casa, hielo y puertas en el extranjero, y un atleta conectando ambos mundos sin pedir permiso.

Pinheiro antes era conocido por el apellido de su padre, Braathen. Ahora usa el apellido de su madre brasileña, Pinheiro. Con esa decisión, hizo historia en el deporte. Los nombres pueden ser solo un trámite, o pueden ser una declaración. Aquí, son ambas cosas.

Su historia está tejida entre hemisferios. Nació en Oslo el 19 de abril de 2000. Su padre, Bjørn Braathen, fue su mentor en el esquí. Su madre es Alessandra Pinheiro de Castro. Su infancia se dividió entre la capital noruega, donde vivía con su padre, y las ciudades de São Paulo y Campinas, donde pasaba las vacaciones con la familia materna.

Esa división importa porque muestra cómo la identidad se construye en América Latina: despacio, con añadidos, esfuerzo y negociación constante. No es una historia de origen simple. Es una historia vivida.

(De izq. a der.) El medallista de plata Marco Odermatt de Suiza, el medallista de oro Lucas Pinheiro Braathen de Brasil y el medallista de bronce Loïc Meillard de Suiza. EFE/EPA/Michael Buholzer

Un niño futbolero en un país de esquí

Pinheiro no finge que nació amando la nieve.

En una entrevista con ESPN en 2024, admitió que de niño no le gustaba esquiar en absoluto. Prefería el fútbol. Su club es São Paulo y su ídolo era Ronaldinho Gaúcho. En Noruega, el esquí es como el fútbol en Brasil—una especie de religión cívica—pero él no quería formar parte de eso.

No le gustaba el frío, ni usar muchas capas de ropa, ni el dolor de piernas. Pueden parecer quejas menores, pero muestran la realidad de un niño empujado a una tradición que no era realmente suya—o al menos no del todo.

“Me gustaba la playa, el calor, el mar. No tengo idea de cómo terminé siendo esquiador alpino”, dijo en esa entrevista, según las notas. La frase impacta porque no está pulida. Es incredulidad dicha en voz alta.

Su padre insistió de todos modos, y la primera experiencia de Pinheiro en el esquí fue a los nueve años. Poco después, fue invitado al equipo de desarrollo de Noruega, una señal temprana de que el talento estaba ahí, aunque el deseo llegara después.

Según el sitio web de los Juegos Olímpicos, se especializa en las dos disciplinas técnicas del esquí alpino: eslalon y eslalon gigante, definidas por puertas más cercanas y giros más cerrados. Esa descripción es clínica, pero el deporte es íntimo. Estás solo en la pista. No puedes delegar el riesgo. Cada decisión es tuya, y la tomas a toda velocidad.

Las medallas llegaron pronto. Ganó el oro en la apertura de la Copa del Mundo de Esquí Alpino en Sölden, Austria, en 2020 y 2021, cuando tenía apenas veinte años. La siguiente temporada se convirtió en campeón de eslalon en el circuito internacional. Estos hechos importan—demuestran que no era solo una novedad con una bandera diferente. Ya era de élite.

Lo que cambió fue a dónde pertenecería esa élite.

El brasileño Lucas Pinheiro. EFE/EPA/Anna Szilagyi

Un giro de carrera que se volvió símbolo nacional

En 2023, Pinheiro hizo el mayor cambio de su joven carrera. Anunció su retiro tras varias disputas con la federación noruega. Fue una decisión drástica y parecía definitiva.

Pero no fue definitiva. Antes de que pasara un año, regresó, esta vez representando a Brasil. Su debut con los colores de Brasil fue en 2024. En octubre de ese año, volvió a competir en Sölden, su primer evento como brasileño, y semanas después logró su primer podio en la Copa del Mundo para Brasil, terminando segundo en el eslalon gigante en Beaver Creek, Estados Unidos.

Desde entonces, los hitos no han parado. Actualmente es segundo en la clasificación general de la Copa del Mundo. En noviembre, le dio a Brasil su primera victoria en una competencia regular de la Copa del Mundo de esquí alpino al ganar el eslalon de Levi en Finlandia, según las notas.

Y ahora este oro olímpico. No borra su historia pasada—cambia la forma en que la vemos. El mismo atleta, la misma habilidad, pero un nuevo significado cuando sube al podio.

La verdadera pregunta es qué significa esto para Brasil y la región. Para Brasil, amplía la imaginación deportiva nacional más allá de los límites habituales. Para Sudamérica, desafía la suposición silenciosa de que los deportes de invierno están naturalmente fuera de alcance, mostrando que las barreras provienen de la infraestructura, el dinero, la geografía y la tradición. La historia de Pinheiro lo hace más fácil de entender porque él es literalmente binacional—entrenamiento invernal y recuerdos de verano en una sola persona.

También complica la forma en que a veces se presenta el orgullo latinoamericano. No es la historia de un niño pobre improvisando equipo. Las notas no dicen eso. Tampoco es la historia de un desvalido salido de la nada. Es la historia de un atleta de élite moviéndose entre sistemas, llevando la identidad de forma deliberada y convirtiendo una decisión personal en un primer lugar continental.

En la meta, lo dijo con sus propias palabras. “No importa tu raza, cultura, creencias o circunstancias, sean las que sean. Si persigues tus sueños, puedes lograrlos”, dijo en la zona mixta, según las notas, celebrando con samba.

Su amor por Brasil se describe como claro y personal. Su pareja es la actriz brasileña Isadora Cruz, y según las notas, estudiaron juntos el himno nacional brasileño al inicio de los Juegos de Milán Cortina.

Nada de esto cambia el hecho de que la mayoría de los sudamericanos no tendrán fácil acceso a pistas alpinas ni a los sistemas que producen campeones en Europa. Pero sí cambia la historia que la gente se cuenta sobre lo que es posible. Los símbolos no arreglan las políticas, pero sí generan presión. Inspiran esperanza. Cambian el enfoque.

Brasil celebra el Carnaval mientras un brasileño gana oro en la nieve. El contraste es casi gracioso, pero no lo es. Es otra cosa, una puerta que antes parecía pesada y ahora se siente más ligera porque alguien la empujó con el hombro, y finalmente se movió.

Lea También: Brasil gana el primer oro olímpico de invierno para Sudamérica

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