DEPORTES

Un argentino sorprende en Lima y gana tres boletos a los grandes torneos

En una tarde tensa en el Lima Golf Club de Perú, Mateo Pulcini, un aficionado argentino de veinticinco años, sobrevivió a un desempate a muerte súbita para ganar el Latin American Amateur Championship y obtener invitaciones al Masters, U.S. Open y British Open.

Dos hoyos, una puerta

Para un deporte que suele moverse en un silencio cortés, el Latin American Amateur Championship puede sentirse como un latido público. Un golpe, un rebote, un putt—y de repente un jugador de los márgenes del mapa del golf se encuentra ante las puertas de sus catedrales más resguardadas. Así fue la escena para Mateo Pulcini en el Lima Golf Club, donde el aire llevaba el peso particular del deporte latinoamericano: talento afilado por la escasez, ambición que negocia constantemente viajes, financiamiento y distancia, y la certeza de que una sola semana puede decidir si una carrera se vuelve visible para el mundo.

El desenlace llegó en un desempate a muerte súbita contra el venezolano Virgilio Paz, con una recompensa que hace parpadear hasta a los jugadores más experimentados: un lugar en el Masters, el U.S. Open y el British Open. Esos nombres no son solo torneos en esta región; son símbolos de entrada a un circuito de élite al que los golfistas latinoamericanos han debido acercarse como a una habitación cerrada— a veces invitados, a menudo ignorados, siempre obligados a demostrar que pertenecen.

El primer golpe de Pulcini en el desempate sugería nervios, o tal vez la fricción honesta del momento. Pegó un hierro al rough derecho—un error común que se vuelve enorme cuando el margen de error desaparece. Desde ahí, intentó forzar un segundo tiro hacia el green, la clase de decisión que los jugadores toman cuando pueden escuchar el futuro cerrándose detrás de ellos. El contacto se vio mal de inmediato. La bola salió baja, el tipo de vuelo que suele terminar en una lección dura.

En cambio, sucedió algo casi inverosímil: la bola pasó por debajo de un árbol que estaba justo en su línea, deslizándose por un estrecho corredor de aire y suerte, y se detuvo a unos doce metros del hoyo. No fue una obra de arte digna de aplausos; fue supervivencia. Y en muerte súbita, sobrevivir es una habilidad en sí misma. Pulcini acercó el chip—unos seis metros—y luego embocó el putt para par y seguir con vida, el tipo de putt que no solo salva un hoyo, sino que estabiliza un cuerpo que intenta no temblar.

Lima Golf Club, Distrito de San Isidro” por Capomo81, vía Wikimedia Commons — Licenciado bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0 International (CC BY-SA 4.0)

Desvíos universitarios, sueños continentales

En el segundo hoyo extra, la tensión cambió de lado. Paz hizo bogey tras acercar su tercer tiro a unos doce metros y fallar el putt para par. En el golf, así llega la desilusión: no con un estruendo, sino con una pequeña falla que, para quien la vive, se siente como una puerta que se cierra suave y definitivamente.

Pulcini no respondió con fuegos artificiales. Respondió con control. Desde fuera del green, puso la bola a unos noventa centímetros y embocó para par y la victoria. El acto final fue casi modesto, y eso es parte de lo que lo hizo tan humano. En una región donde tantos triunfos deportivos son ruidosos porque deben serlo—porque la atención es escasa y fugaz—este llegó como una frase simple dicha con claridad. Había ganado. Había cruzado la línea.

Después, Pulcini buscó palabras y encontró las que no suenan ensayadas porque no lo son. “Soñamos con jugar y ganar esto”, dijo. “No tengo palabras ahora mismo. Estoy tan feliz y tan agradecido por la gente que me rodea.” En América Latina, la frase “la gente que me rodea” puede llevar dentro toda una economía: sacrificios familiares, entrenadores que trabajan horas extra, el amigo que te lleva a entrenar, la red que se forma cuando las instituciones no están diseñadas para apoyarte.

Su camino también explica por qué este momento tuvo tanto peso. Pulcini jugó primero a nivel universitario en Oklahoma Christian, División II, convirtiéndose en All-American tres veces en cuatro años—un historial de excelencia constante que rara vez aparece en los titulares fuera de las páginas deportivas del campus. Luego se transfirió a Arkansas, donde terminó la temporada 2023–24 con solo cinco participaciones y dos top veinte. Esas cifras cuentan una historia familiar: el ascenso no es lineal, y el progreso suele ser invisible hasta que deja de serlo.

En el mundo amateur del golf, veinticinco años no es joven como los aficionados imaginan la juventud. Puede ser la edad en que la gente empieza a verte como una incógnita—bueno, pero quizá tarde; prometedor, pero quizá ya pasado. Por eso el detalle que siguió es importante: Pulcini es ahora el ganador de mayor edad del Latin American Amateur Championship desde su creación hace diez años. Parece un dato trivial hasta que se reconoce su significado profundo. Se mantuvo en la pelea el tiempo suficiente para que la pelea finalmente lo recompensara.

Un torneo regional con alcance global

El desempate también ofreció una segunda verdad humana, una que es fácil pasar por alto si solo se miran los trofeos. Virgilio Paz no abandonó el campo interpretando una tragedia. Habló como alguien que entiende que una derrota también puede ser un capítulo digno de conservar. “Fue una linda pelea, un día largo”, dijo. “Estoy orgulloso de lo que hice. Vuelvo a la escuela feliz.” Hay dignidad en eso—especialmente en una región donde a los atletas se les pide cargar no solo con sus propias esperanzas, sino con proyecciones nacionales, frustraciones políticas y la constante comparación con sistemas más ricos en otros lugares.

La victoria de Pulcini importa porque muestra lo delgada que puede ser la línea entre el olvido y lo inolvidable. Un tiro bajo que debió fallar encontró un camino bajo un árbol. Un putt para par se mantuvo firme. Un putt corto cerró el trabajo. Y de repente, un golfista argentino que pasó años luchando en el golf universitario de Estados Unidos va rumbo al Masters, el U.S. Open y el British Open, llevando consigo la silenciosa certeza de que el talento latinoamericano no es una novedad—es un hecho, esperando que el mundo deje de fingir sorpresa.

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