Viaje colombiano al Mundial enfrenta trabas de visa y perfilamiento en la frontera de México
El calendario de la fase de grupos de Colombia en el Mundial 2026 divide los partidos entre México y Estados Unidos, obligando a los aficionados a lidiar con dos sistemas migratorios mientras los precios suben. Boletos, visas, vuelos y el temor a inspecciones se cruzan, convirtiendo la pasión en trámites y riesgo.
Una maleta llena de papeles
En los días previos a un gran viaje, la casa adquiere otra textura. Los documentos migran de los cajones a las mesas. El pasaporte se revisa, y se vuelve a revisar. Alguien imprime confirmaciones que ya existen en el celular porque la batería podría agotarse en el peor momento. La maleta queda abierta como una pregunta.
Para los hinchas colombianos que siguen a su selección durante la fase de grupos del Mundial 2026, esa maleta debe llevar más que camisetas y bufandas. Debe llevar pruebas. Pruebas para México, donde la entrada es más sencilla en el papel pero no siempre en la práctica. Pruebas para Estados Unidos, donde la visa es obligatoria y donde las reglas del momento, y el ánimo de los agentes, pueden convertir a un turista en objetivo.
Colombia jugará dos partidos de grupo en México y uno en Estados Unidos. Debutará el miércoles 17 de junio contra Uzbekistán en el Azteca de Ciudad de México, luego jugará el martes 23 de junio en Guadalajara en el estadio Akron contra uno de los equipos de la primera ronda de repechaje, y cerrará la fase de grupos el sábado 27 de junio frente a Portugal en el Hard Rock Stadium de Miami.
El problema es que este itinerario les pide a miles de aficionados hacer algo que suena trivial hasta que se vive: cruzar a dos países distintos durante el mismo torneo, bajo dos regímenes migratorios diferentes, con dos tipos de riesgo distintos. Es fútbol, sí. Pero también es política fronteriza, en tiempo real, con silbato.
El lado económico también golpea fuerte. Una agencia consultora citada en las notas estima que el costo total del viaje, incluyendo visa, vuelos, alojamiento y entradas, puede ir de $4,000 a $6,000, dependiendo de cuántos partidos y en qué ciudad se hospede. Es el tipo de rango que convierte un sueño en una negociación familiar.
Y luego está el precio del partido que más gente quiere ver. Según la FIFA, el encuentro contra Portugal fue el más solicitado de todo el campeonato, incluso más que la final. La entrada más barata costaba unos $265 y la más cara llegaba a $700, que al cambio actual son cerca de 2.6 millones de pesos colombianos, casi 1.5 veces el salario mínimo mensual del país.
Así que la pregunta no es solo quién puede viajar. Es quién puede permitirse el riesgo de viajar.

El reloj de la visa estadounidense y la promesa del FIFA Pass
El primer obstáculo es Estados Unidos. Los hinchas colombianos necesitan una visa de turista y negocios B1/B2. Milena García, asesora en una agencia de viajes especializada en estos trámites, explicó lo básico: el proceso comienza llenando un formulario y pagando la tasa consular, que actualmente es de $185, dijo a EFE.
Luego viene la parte que se siente como una puerta cerrada disfrazada de calendario. Debido a la alta demanda, las citas ordinarias pueden programarse hasta 2027. Es decir, demasiado tarde para el 2026.
Para el Mundial, las notas indican que la FIFA habilitó un FIFA Pass, un mecanismo que permite a quienes compran entradas oficiales acceder a citas prioritarias para la visa durante el primer semestre de 2026. García dejó claros dos límites. No encarece la visa ni garantiza su aprobación, dijo a EFE.
Esto lo que hace es dividir a los hinchas en categorías que no tienen que ver con el amor al fútbol. Los que tienen entradas oficiales podrían acceder a citas más tempranas, pero igual enfrentan el mismo juicio sobre si regresarán a casa. Ese juicio, enfatizan las notas, suele depender de empleo estable en Colombia, ingresos suficientes y lazos familiares.
Incluso con las entradas en mano, la negativa sigue siendo posible. Carlos Olarte, abogado de inmigración, advirtió que quienes tengan boletos para el Mundial siguen expuestos al rechazo y deben cumplir con los requisitos habituales, dijo a EFE.
La apuesta aquí es brutal en su simpleza: el Mundial es global, pero el movimiento no. El deporte se vende como pertenencia compartida, mientras la frontera exige pruebas de que no perteneces.

Redadas, perfilamiento y la ansiedad entre partidos
El consejo de Olarte a los viajeros está marcado por algo más allá de la cautela turística habitual. Recomienda llevar una copia física o digital de la visa y del formulario de registro, porque, como él dice, ‘la carga de demostrar que uno está legalmente en el país recae actualmente en el turista’, dijo a EFE. Esto ayuda a que los viajeros se sientan más seguros y preparados ante cualquier situación.
Esa frase tiene un matiz inquietante. Convierte unas vacaciones en un ejercicio constante de preparación.
La preocupación por redadas de la Oficina de Inmigración y Aduanas de EE.UU. se ha intensificado tras la muerte de dos manifestantes en Mineápolis en operativos que involucraron a agentes de ICE y la Patrulla Fronteriza, según las notas. La alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, pidió al gobierno federal garantías para los asistentes extranjeros al Mundial. Esto resalta la necesidad de que los viajeros se mantengan alerta y cautelosos, lo que puede ayudarles a sentirse más en control de su seguridad.
Olarte advirtió que, en caso de una redada, si una persona no puede probar de inmediato que ingresó legalmente al país, puede ser detenida y llevada a un centro de detención. Los viajeros deben portar copias digitales o físicas de su visa y formularios de registro, y conocer sus derechos legales, como solicitar contactar a su embajada, para poder manejar mejor estas situaciones.
Aquí es donde el deporte choca con la política de control. Un torneo que llena estadios también llena aeropuertos, carreteras y vestíbulos de hoteles. Crea una población visible de visitantes extranjeros moviéndose en oleadas. Para los viajeros ya ansiosos por los papeles, esa visibilidad puede sentirse como exposición.
Luego está México, que parece más sencillo en la lista oficial. Los colombianos solo necesitan pasaporte vigente para ingresar como turistas. Pero las notas agregan un historial de quejas por maltrato, y Olarte dice que el riesgo de perfilamiento migratorio persiste para los ciudadanos colombianos, especialmente porque México limita con Estados Unidos.
Advirtió sobre la posibilidad de controles más estrictos o inspecciones secundarias según la nacionalidad, incluso si la documentación está en regla. “Históricamente, los colombianos han sido objeto de perfilamiento en México, con casos de detenciones y inadmisiones, así que durante el Mundial será clave demostrar claramente el propósito del viaje”, dijo a EFE.
Así que el consejo se convierte en un pequeño ritual de defensa. Viajar con tiquetes de ida y vuelta. Llevar confirmaciones de hotel. Mostrar solvencia económica. Portar entradas a los partidos. Reducir la posibilidad de ser rechazado o retenido en salas de espera.
Un hincha debería pasar las horas previas al partido pensando en alineaciones y tácticas. En cambio, muchos estarán pensando si sus documentos están completos, si un funcionario los considerará sospechosos y si una segunda inspección les hará perder el vuelo.
Esa es la realidad vivida dentro de un espectáculo global. El cántico en el estadio puede ser el mismo, pero el camino al asiento no lo es. Para los hinchas colombianos, la fase de grupos de 2026 no es solo una serie de partidos en México y Estados Unidos. Es una prueba de movimiento en sí misma, y un recordatorio de que las fronteras, a diferencia del fútbol, no pretenden ser justas.
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