La escasez de combustible en Cuba impacta los mercados donde el tomate influye en los precios
En La Habana, una caminata de cuarenta y cinco minutos ha reemplazado los viajes en autobús debido al racionamiento de combustible en Cuba. Los mercados agropecuarios siguen abiertos, pero las entregas han disminuido y los precios fluctúan con el dólar informal. Los residentes se adaptan, sin saber qué escasez surgirá después.
Caminar al trabajo y vender lo que hay disponible
Norbys sale temprano de casa y camina unos cuarenta y cinco minutos hasta el mercado agropecuario donde trabaja en Playa, al norte de la capital. El transporte, dice, se ha vuelto demasiado escaso y caro como para contar con él.
En su puesto, el mismo problema persiste. “Faltan productos porque no pueden llegar debido al racionamiento de combustible”, dijo a EFE. Los clientes señalan las ausencias y mencionan lo que pensaban comprar. “Algunos dicen, ‘Caramba, nos falta esto o aquello’”, agregó. “¿Pero qué podemos hacer? Traemos lo que podemos.”
La escasez de combustible, vinculada a la presión de EE. UU. sobre el suministro de petróleo a Cuba, comienza a afectar los tradicionales agromercados de la isla. Aún no se describe como una escasez alimentaria fuera de control, pero ya está cambiando la ruta de las fincas a los puestos de la ciudad. El problema es que, cuando mover mercancías se vuelve más difícil, los precios no tienen que dispararse en todas partes para sentirse más altos. Suben justo donde la gente decide qué dejar atrás.
También existe una forma más silenciosa de daño: el transporte, con gasolina del mercado negro descrita como exorbitante, encarece aún más las frutas y verduras. Esos alimentos ya estaban fuera del alcance de la mayoría antes de la actual presión. Ahora, este nuevo giro aprieta nuevamente los golpeados presupuestos familiares, y se nota en compras más pequeñas y caminatas más largas.
En el Vedado, Reinel vuelve a salir a la calle con una bolsa plástica que contiene tomates, pimientos y papas. También ha venido a pie y solo ha comprado lo necesario. La bolsa es liviana. Hacer las compras se convierte en una aritmética cuidadosa cuando la billetera ya está ajustada.

Fluctuaciones del dólar y expansión del mercado negro
Reinel, de 58 años, dice que el costo de mover mercancías es solo una parte del problema. La otra parte es el dólar, que marca el ritmo de los precios en el mercado informal. El dólar estadounidense superó los quinientos pesos por unidad el once de febrero.
“Si sube el dólar, suben todos los precios”, dijo a EFE. “Imagínese. El dólar también escasea. El que tiene que comprar, tiene que comprar el dólar más caro. Todo ha subido. Hasta el pan está más caro”, dijo a EFE.
Actualmente, los habitantes de la capital no anticipan que la escasez de energía lleve inevitablemente a mercados vacíos. Su preocupación se centra en la mayor competencia y una dependencia más profunda de la economía informal, a medida que continúa el racionamiento de combustible y los precios de la gasolina en el mercado negro siguen siendo exorbitantes. Aunque en este sector la oferta puede parecer más disponible, las condiciones son más difíciles y los beneficios llegan a menos personas.
Las frutas y verduras, que ya eran inalcanzables para muchos antes de la crisis actual, se han convertido en símbolos de la nueva realidad económica que enfrentan los hogares. Una bolsa de compras liviana transmite ese mensaje.

Planes de contingencia y ayuda internacional
En un parque urbano al norte de La Habana, José Javier Mosquera, de la empresa privada Petricor, que vende frutas y verduras de una red de agricultores locales, observa el combustible y ve una reacción en cadena. Cree que todos sus productos podrían verse afectados si la escasez persiste.
“Es lógico que, con el tiempo, mientras persista la escasez de combustible, los alimentos transportados desde fuera de la capital se vuelvan más caros o escasos”, dijo a EFE. “Una consecuencia llevará a otra. Por ahora, estamos utilizando métodos de transporte que no requieren combustible para nuestros servicios de entrega a domicilio”, añadió.
Su perspectiva coincide con el contexto general: la presión de EE. UU. está ralentizando gradualmente una economía ya frágil tras seis años de crisis severa, caracterizada por la escasez de bienes básicos como alimentos, combustible y medicinas; alta inflación en medio de la recesión; dolarización; apagones diarios prolongados; y una migración significativa.
El gobierno cubano ha implementado un estricto plan de contingencia que ha reducido los servicios públicos al mínimo e intensificado el racionamiento de combustible. También ha suspendido las clases presenciales en las universidades, introducido el teletrabajo e impuesto horarios restringidos en las oficinas estatales. Estas políticas reducen la actividad diaria, resultando en menos viajes, más esperas y más caminatas. Aunque la ciudad está en Playa, otro vendedor, Maykel, se enfoca más en las preocupaciones inmediatas que en la teoría. “Si los clientes escasean”, dijo a EFE, “nos afecta mucho. Hay que luchar duro para mantener la casa”, agregó. “Luchar duro para mantener la casa”, dijo a EF. El lunes, España anunció que enviará alimentos y productos de higiene a Cuba. El martes, México confirmó un nuevo paquete de ayuda humanitaria, que incluye alimentos y otros suministros, tras un envío anterior que llegó a La Habana la semana pasada.
El día aún comienza como para Norbys: caminar, llegar y vender lo que haya disponible. Actualmente en Cuba, la movilidad limitada es la principal escasez, y de ahí se derivan todos los demás desafíos.
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