NEGOCIOS Y FINANZAS

El juicio Odebrecht en Panamá se acerca al veredicto mientras Martinelli busca la última palabra

El juicio por corrupción de Odebrecht en Panamá entra en su fase final esta semana, con los alegatos finales previstos para concluir antes del 13 de febrero y los jueces enfrentando un plazo legal de 30 días para dictar sentencia. El expresidente Ricardo Martinelli, quien busca asilo en Colombia, podría hablar de manera virtual.

Afuera del tribunal, el tiempo también parece estar en el banquillo

Periodistas se congregaron fuera del tribunal mientras los abogados entraban y salían, deteniéndose lo suficiente para convertir la narrativa del día en unas cuantas líneas cuidadosas. Es el tipo de escena que Panamá ha aprendido a reconocer en los grandes casos de corrupción: el lento avance del procedimiento, el apetito público por claridad, la sensación constante de que el tiempo mismo está siendo juzgado.

Esta es la recta final del caso Odebrecht, el mayor escándalo de corrupción del país, centrado en sobornos pagados para asegurar obras públicas y en donaciones políticas de campaña cuestionadas. La audiencia, aplazada seis veces desde 2023, comenzó el 12 de enero con la lectura documental de una orden de 2022 que llamaba a juicio, seguida de pruebas periciales y testimonios de testigos presentados por fiscales y abogados defensores.

Ahora viene la parte comprimida. Los alegatos finales están programados para comenzar el miércoles y concluir el viernes 13 de febrero. Después de eso, se espera que el tribunal entre en un periodo de deliberación de hasta 30 días para emitir sentencia, según lo establece la ley. El calendario ha sido expuesto en la corte y llega con una mezcla familiar de promesa y duda.

El problema es que los plazos judiciales no siempre se sienten como plazos en la vida pública. Un juicio puede estar “en su fase final” y aun así dejar a la gente esperando, dejar al país preguntándose cómo se verá la rendición de cuentas cuando finalmente llegue, si es que llega.

Para el expresidente Ricardo Martinelli, el desenlace también tiene un giro logístico. Ha participado de manera virtual porque se encuentra en asilo en Colombia desde mayo, tras pasar más de un año refugiado en la embajada de Nicaragua en Panamá para evitar la cárcel luego de una condena de más de 10 años por blanqueo de capitales en el caso New Business. Ese caso involucró la compra de un conglomerado mediático con fondos públicos, según las actas.

Su defensa también ha estado midiendo la semana, no solo por las fechas judiciales sino por los minutos. Carlos Carrillo, parte del equipo legal de Martinelli, planteó una pregunta que muchos observadores esperan, porque es tanto simbólica como procesal: si Martinelli podría hablar al cierre de esta fase. “No descarto que Ricardo Martinelli hable, pero hasta hoy no se ha decidido”, dijo a EFE. Agregó que ve difícil que el expresidente tenga la oportunidad de hablar en el cierre de la defensa, aunque sigue siendo lo que se espera.

Más tarde, fuera del tribunal, Carrillo dijo que no creía que hubiera tiempo suficiente para concluir esta fase antes del viernes, una valoración que refleja el ánimo que suele instalarse en los casos largamente postergados. El calendario dice una cosa. El ritmo dice otra.

El abogado Sidney Sittón, parte del equipo legal de Martinelli, llega al edificio de la Corte Suprema de Justicia de Panamá en la Ciudad de Panamá, Panamá. EFE/ Carlos Lemos

Un caso que se extendió y luego volvió a la política

La investigación de Odebrecht en Panamá se abrió en 2015, fue archivada y luego reabierta en 2017 después de que la empresa admitiera en Estados Unidos que había pagado 788 millones de dólares en sobornos en una docena de países, incluido Panamá. La investigación culminó en octubre de 2018. Ahora, en este juicio, los fiscales dicen que persiguen a 23 personas por presuntos vínculos con el blanqueo de capitales, parte de una red que llevó sobornos a la contratación pública y, según las actas, a la vida política a través de donaciones de campaña cuestionables.

Odebrecht pagó más de 80 millones de dólares en Panamá a funcionarios y particulares, según confesiones citadas en las actas de André Rabello, quien dirigió las operaciones de la constructora brasileña en el país durante varios años.

La órbita personal de Martinelli se cruza con el caso de una manera que hace que la sala del tribunal parezca más grande de lo que es. Dos de sus hijos, Ricardo Alberto y Luis Enrique Martinelli Linares, ya cumplieron condena en Estados Unidos por Odebrecht tras confesar ante un tribunal federal que participaron en pagos de sobornos por un total de 28 millones de dólares, realizados por y bajo la dirección de la constructora. Su defensa argumentó que esas acciones se realizaron por orden de su padre, según las actas.

Pero su capítulo panameño no se está manejando en la misma sede. Los hermanos y el expresidente Juan Carlos Varela enfrentarán el caso Odebrecht en Panamá ante la Corte Suprema, como miembros del Parlamento Centroamericano (Parlacen), lo que les otorga fuero especial. En un país que pone a prueba la fortaleza de sus instituciones, el fuero nunca es solo una tecnicalidad. Es parte del clima político.

Esto lo que hace es dividir las expectativas públicas en diferentes vías. Una sala avanza hacia un fallo de primera instancia. Otro grupo de figuras es canalizado por otro lado. La historia deja de ser sobre un solo veredicto y pasa a ser sobre cómo un Estado distribuye la responsabilidad a través de su arquitectura legal.

La abogada Alma Cortés, parte del equipo legal de Martinelli, llega al edificio de la Corte Suprema de Justicia de Panamá en la Ciudad de Panamá, Panamá. EFE/ Carlos Lemos

Una ventana para el veredicto, luego apelaciones y una espera más larga

La sentencia final en este caso no será necesariamente la sentencia final para Panamá. Rodrigo Noriega, abogado y analista panameño, dijo que las pruebas que ha visto sugieren un resultado mixto. “Me parece que habrá condenas, pero también habrá absoluciones”, dijo a EFE.

También señaló la distancia entre un primer fallo y uno definitivo. “Eso lo sabremos en abril o mayo quizá cuando llegue el fallo de primera instancia”, dijo a EFE, agregando que se esperan apelaciones y que el resultado definitivo podría llegar hasta finales de 2027. En otras palabras, un periodo de deliberación de 30 días puede abrirse a años.

Ese horizonte largo no es una abstracción para quienes han visto el caso reiniciarse. La audiencia ya ha cargado con el peso de los aplazamientos. Y ha cargado con el peso de una dimensión internacional que ahora es más estrecha que antes.

El 26 de enero, el juicio entró en su tercera semana, con la fase probatoria en marcha, y los fiscales anunciaron la exclusión de cinco testigos brasileños. Brasil, según las actas, ha suspendido la cooperación con las autoridades panameñas en el caso Odebrecht porque dijo que Panamá no garantizaba que no usaría pruebas anuladas en Brasil. Esa postura fue citada por el Ministerio de Justicia de Brasil en enero de 2025.

La apuesta aquí es simple y contundente. Panamá quiere que un caso de corrupción aporte claridad y consecuencias. Pero la mecánica de la justicia, incluyendo la cooperación internacional, los fueros especiales y el largo proceso de apelaciones, puede diluir esa claridad.

Dentro del tribunal, el expediente se construye línea por línea. Afuera, la gente sigue haciendo lo que hace cuando un país espera por sus instituciones: revisan sus teléfonos, comparan calendarios, escuchan cualquier señal de que esta vez el desenlace no se les escapará.

Lea También: Hermanas recicladoras latinas convierten chatarra en energía y educación vecinal

Related Articles

Botón volver arriba
LatinAmerican Post