NEGOCIOS Y FINANZAS

Los jets privados en América Latina alcanzan nuevas alturas más allá del viaje de lujo

La aviación ejecutiva está en auge en toda América Latina, ya que México, Brasil y Colombia ven a los jets privados menos como símbolos de estatus y más como herramientas para la minería, el nearshoring y el turismo. Nuevos récords de tráfico revelan una región que corre para igualar la disponibilidad de aeronaves hoy.

La geografía convierte la urgencia en estrategia

En el informe de AVBuyer, el periodista de aviación Felipe Reisch retrata un mercado arraigado en la propia América Latina. La demanda ya no solo imita a Norteamérica y Europa; responde a largas distancias, conectividad aérea desigual e industrias que no pueden permitirse perder días por la geografía.

El terreno convierte el viaje en logística. Desde los vientos de la Patagonia hasta la humedad del Amazonas y la muralla de los Andes, las frecuencias comerciales se reducen fuera de los grandes centros, mientras que las rutas terrestres pueden ser arduas o poco confiables. La aviación privada pasa de ser un lujo a convertirse en infraestructura de trabajo, trasladando ingenieros, ejecutivos y tripulaciones entre sitios remotos y las capitales donde se toman las decisiones.

México y Brasil reescriben el centro de gravedad

Reisch identifica a México y Brasil como los motores de demanda más fuertes de la región, dos economías con culturas de aviación ejecutiva maduras. En Brasil, el tamaño de la flota lo ubica entre los mayores mercados de aviación ejecutiva del mundo, y solo el Gran São Paulo posee más aeronaves ejecutivas que muchos países. Esta densidad refleja una maquinaria industrial y agroexportadora que a menudo necesita llegar a ciudades secundarias con servicio regular limitado.

En México, el ritmo lo marcan los viajes corporativos y el comercio transfronterizo. El nearshoring hacia la cadena de suministro de EE. UU. ha añadido urgencia a las rutas que conectan centros manufactureros y capitales comerciales, y Reisch señala que la recuperación de la Categoría 1 de la FAA ha estabilizado el entorno regulatorio. En ambos países, argumenta, la demanda ha superado la oferta tradicional, lo que obliga a los operadores a repensar cómo y dónde posicionan las aeronaves.

El mapa de rutas también está cambiando. Los vuelos norte-sur hacia Estados Unidos siguen siendo fuertes, pero los enlaces intrarregionales se están volviendo estructurales. México–Panamá, Brasil–Chile y Colombia–México son ejemplos de trayectos que las empresas se niegan a hacer mediante itinerarios con múltiples escalas y pernoctas, porque el costo se mide en negociaciones estancadas y proyectos retrasados.

Pexels/ RDNE Stock project

La disponibilidad se convierte en el nuevo lujo

Los datos de tráfico en el informe le dan filo a esa intuición. Cifras atribuidas a Avi-Go muestran que Brasil tendrá un aumento del 45% en vuelos en 2025 respecto al año anterior, seguido por Colombia con 42% y Venezuela con 34%. El crecimiento se observó en casi todos los meses; febrero fue la única baja, con una caída del 2,6% frente a los 12 meses previos. Julio alcanzó un máximo de 306,488 vuelos, un aumento del 7% respecto a 2024, reforzando la idea de que la aviación ejecutiva se está expandiendo más allá de sus bastiones tradicionales.

Sin embargo, el punto más inquietante de Reisch es que la demanda no es el mayor problema de la región. La disponibilidad sí lo es. Gran parte de la flota es de propiedad privada y no siempre está disponible para vuelos chárter, y la reubicación estacional puede dejar vacíos cuando los mercados se disparan. La capacidad de mantenimiento, la infraestructura aeroportuaria y la fricción regulatoria pueden reducir aún más el número de aviones realmente utilizables en un día determinado. La confiabilidad se convierte en una moneda: el valor no es solo el vuelo, sino la confianza de que se realizará como se prometió.

Los operadores están reaccionando con decisiones de base y capacidad gestionada. Jet Luxe, según informa Reisch, expandió su flota gestionada en puntos clave de entrada en EE. UU. y América Latina, aumentando la disponibilidad de aviones medianos y ligeros. El movimiento se plantea como preparación para el tráfico que se concentrará en los hubs durante la Copa Mundial de la FIFA 2026, y la empresa afirma que pondrá su infraestructura a disposición para ofrecer un “servicio fluido, seguro y confiable”.

Más allá de los mercados principales, la historia muestra variaciones nacionales moldeadas por recursos, turismo y burocracia. En Chile, el operador de jets privados Aerocardal dice que más del 35% de sus vuelos son fuera de Chile, y el CEO Ricardo Real destaca destinos como Isla de Pascua y Torres del Paine. En Perú, Carlos Cueva de ATSA afirma que la minería, los hidrocarburos y el turismo lideran la demanda, mientras que los proveedores de salud recurren cada vez más a ambulancias aéreas; proyecta que la flota crecerá de dos a tres aviones Dash 8 Q400 en 2025.

En Ecuador, David Carrión de Ecuacentair FBO sostiene que “simplificar los procedimientos” para permisos y autorizaciones reduciría demoras y fomentaría la inversión. En Colombia, Jorge Campillo de Searca dice que el petróleo aporta más de US$5 mil millones anuales a la economía colombiana y considera esencial la aviación ejecutiva para un “transporte rápido y seguro a zonas remotas”, agregando que el Beechcraft 1900D puede cubrir hasta el 98% del territorio nacional. En Argentina, Gastón Devesa de Hangar Uno describe por qué el vasto territorio y la limitada infraestructura de transporte mantienen al vuelo privado como una solución estratégica.

A lo largo del reportaje de Reisch se percibe un optimismo más silencioso: la profesionalización. A medida que los brokers y clientes corporativos exigen compromisos más claros, datos de desempeño y ejecución consistente, los operadores y proveedores de servicios adoptan prácticas más estandarizadas. La pregunta que enfrenta América Latina ya no es si la aviación privada crecerá. Es si las flotas, los aeropuertos y las reglas podrán madurar lo suficientemente rápido para que el nuevo ritmo de vuelo de la región no supere su capacidad.

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