ANÁLISIS

La izquierda colombiana apuesta por el poder femenino indígena mientras la violencia ensombrece las elecciones

La elección de la senadora indígena Aída Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda cambia la percepción sobre la votación del 31 de mayo en Colombia: será una prueba de seguridad, identidad y de los esfuerzos de paz en curso. Las encuestas lo muestran como favorito, pero la violencia contra líderes indígenas sigue marcando la situación.

Una candidata a la vicepresidencia forjada bajo presión en el Cauca

En el alto y frío páramo de Totoró, el tiempo parece ir más despacio. En febrero, la senadora Aída Quilcué fue detenida brevemente allí antes de ser liberada por la Guardia Indígena, un grupo civil y desarmado que ella apoya como modelo para proteger a las comunidades, según El País y El Espectador.

Este hecho es importante porque no es solo una pequeña parte de su historia: es la historia misma, aún en desarrollo. Esta semana, el senador colombiano Iván Cepeda, candidato presidencial por la coalición de gobierno Pacto Histórico, nombró a Quilcué, líder indígena Nasa y senadora, como su fórmula vicepresidencial para las elecciones del 31 de mayo.

En un mensaje en video, Cepeda dijo que la decisión fue tomada junto a los líderes políticos de la coalición. Presentó a Quilcué como una reconocida líder indígena vinculada al Consejo Regional Indígena del Cauca, según el reporte. Dijo que tenía “el honor y el orgullo” de anunciar a Quilcué como su compañera de fórmula vicepresidencial.

El problema es que en Colombia, una fórmula vicepresidencial es más que un símbolo: también representa un peligro real. Quilcué ha enfrentado amenazas y ataques, incluido un atentado a tiros contra su vehículo en octubre de 2022 y un intento de irrumpir en su casa en 2023, según Semana y Caracol Radio.

Su historia personal incluye un pasado doloroso que aún afecta la percepción sobre el liderazgo indígena en Colombia. El esposo de Quilcué, Edwin Legarda, fue asesinado en 2008 en un ataque perpetrado por miembros del Ejército. Amnistía Internacional mencionó posteriormente este caso en un comunicado público sobre las condenas relacionadas con su muerte.

El anuncio de Cepeda se produce en la intersección entre política y seguridad. Invita a los votantes a imaginar un gobierno que no solo promete seguridad, sino que también debe enfrentar su ausencia.

Iván Cepeda. EFE/ Carlos Ortega

La fuerza en las encuestas frente a la realidad de la segunda vuelta

Si algún candidato parece seguro en este momento, es Cepeda. Es visto como el continuador de la labor de Gustavo Petro, enfocado en los derechos humanos y el impacto duradero de la violencia política, incluido el asesinato de su padre, Manuel Cepeda. La Corte Interamericana de Derechos Humanos falló sobre el caso de Manuel Cepeda Vargas, destacando la responsabilidad del Estado y el profundo impacto de esta historia en la vida pública.

La fortaleza de Cepeda radica en su posición. Varias encuestas lo muestran liderando con un apoyo entre el 30% y el 37%. Eso es suficiente para encabezar la primera vuelta, pero no para ganar en primera instancia, ya que se requiere el 51% para evitar el balotaje. Un repaso de encuestas nacionales realizado por Infobae a finales de febrero mostró que el apoyo a Cepeda oscilaba entre el 31,7% y el 37,1%, manteniéndolo en la delantera.

Esta diferencia es importante. Liderar en mayo no garantiza gobernar en junio. Esto influye en cómo se percibe el papel de Quilcué. Una fórmula vicepresidencial puede atraer nuevos votantes, pero también fortalecer a los opositores, especialmente en una contienda polarizada donde la identidad se percibe más como un reto que como una realidad.

Las notas presentan a Cepeda como alguien que no se muestra como ajeno a las aspiraciones de la coalición de gobierno, sino como uno de los herederos más claros de su vocabulario moral. Ese tipo de continuidad puede energizar a la base. También puede estrechar el camino hacia el centro. En Colombia, el centro suele ser menos una ideología que un estado de ánimo, y los ánimos cambian rápido cuando hay miedo en el ambiente.

La vida cotidiana no se detiene por la política. La gente sigue tomando buses, lidiando con el tráfico y observando los precios. Pero en lugares como el Cauca, también observan qué caminos son seguros, escuchan rumores y cuentan quién falta. Un mensaje sobre democracia se siente muy distinto cuando la verdadera pregunta es si llegarás a casa sano y salvo.

Indígenas Uitoto en La Chorrera, Colombia. EFE/Juan Diego López

Colombia indígena: electorado y primera línea

Elegir una fórmula vicepresidencial indígena también pone el foco en quiénes son los indígenas colombianos a nivel nacional. El censo de 2018 contabilizó cerca de 1,9 millones de indígenas de 115 pueblos, según datos del DANE, cifra luego confirmada por verificaciones de datos.

Estas cifras son más que demografía: tienen importancia constitucional. La Constitución de 1991 reconoce las lenguas indígenas, la autonomía cultural y los derechos sobre tierras ancestrales. Pero estos derechos se ponen a prueba cada día en los conflictos en curso. El Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas informa que el 64% de los indígenas vive en 846 territorios colectivos legalmente reconocidos. Esto significa que los “derechos” están ligados a tierras reales que pueden ser invadidas, defendidas o abandonadas.

El problema es que esos mismos territorios se ubican donde confluyen el conflicto armado, la minería ilegal, las rutas del narcotráfico y el desplazamiento forzado. Materiales de ACNUR sobre pueblos indígenas en Colombia han documentado patrones de desplazamiento y violencia que afectan a las comunidades indígenas, y la Corte Constitucional ha advertido que varios pueblos indígenas enfrentan riesgos de exterminio cultural o físico vinculados al conflicto.

El historial público de Quilcué incluye la presentación de denuncias ante organismos internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ha ocupado cargos de liderazgo en el CRIC y en el movimiento indígena nacional. EFE la describió como una líder NASA enfocada en la defensa de la tierra, la vida y los derechos colectivos.

Lo que está en juego va más allá de una fórmula vicepresidencial. Cepeda le pide al país que vea el liderazgo indígena como central para el gobierno, no solo como un apunte al margen. La presencia de Quilcué plantea la pregunta de si el Estado tratará la protección indígena como un deber nacional y no solo como un asunto local. Una vez más, se le pide a Colombia decidir si la diversidad es solo un eslogan o un sistema real.

Cuando una campaña recorre los mismos paisajes donde los políticos son atacados, secuestrados y amenazados, la democracia empieza a sonar menos como una promesa y más como una exigencia.

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